Goncálvez: una sombra sobre Carrasco

Entre 1991 y 1993, Goncálvez aterrorizó al barrio más exclusivo de Montevideo; quedará en libertad el próximo jueves

María Victoria Williams recorría todos los días el tramo entre la casa de su tía, en Carrasco, y la parada de Lieja y Arocena. Su trabajo estaba lejos, en Cordón, y el viaje en el 108 o el D1 le demandaba un largo rato de espera. Su Salto y su familia también estaban lejos, pero como pasaba con la mayoría de los jóvenes del interior en 1993 y en la actualidad, su carrera universitaria había determinado que su vida se estableciera fuera del departamento de origen. Según testimonios de la época, su rutina raramente cambiaba, y fue por eso que a su tía le resultó extraño no recibir la llamada diaria de su sobrina antes del almuerzo. La familia, preocupada, se comunicó con la empresa donde María Victoria trabajaba como recepcionista y fue a partir de ese llamado cuando comenzó el calvario de la familia, que posteriormente dejaría su mella en toda la sociedad: desde Cordón explicaron que la joven no había ido ese día a trabajar.

María Victoria Williams
María Victoria Williams.
María Victoria Williams.

La desaparición de Williams conmocionó a un barrio entero y al país. Carrasco, un barrio residencial y tranquilo por antonomasia, se estaba convirtiendo, según testimonios de aquel año, en un "triángulo de las Bermudas". Otras dos jóvenes del barrio, Ana Luisa Miller y Andrea Castro Pena, habían desaparecido y luego halladas sin vida, y pese a que los casos no podían ser conectados, la figura del "psicópata de Carrasco" comenzaba a atemorizar a la población.

Casa Miller
Casa de la familia Miller.
Casa de la familia Miller.

La policía debió, entonces, realizar un trabajo de hormiga. El caso Williams compartía semejanzas con los otros dos, sobre todo en la forma en la que habían sido asesinadas (asfixia), pero de todos modos encontrar a un sospechoso que pudiera ser el culpable resultaba complicado. Sin embargo, la vuelta de tuerca llegó y a partir de ese momento las piezas de la investigación fueron acoplándose.

Pablo Goncálvez tenía 22 años, era hijo de un diplomático y ya había sido investigado en 1991. Una mujer había denunciado que había abusado sexualmente de ella, y que la había inmovilizado con un par de esposas, que en ese momento no se encontraban por ningún lado. Goncálvez aceptó haber mantenido relaciones sexuales con la mujer, pero sin embargo aseguró que éstas habían sido con consentimiento. La falta de pruebas concluyó en la libertad del joven, pese al recelo de las autoridades, que sospechaban de la actitud del muchacho frente a la situación.

Escrache Goncalvez
Antes del pronunciamiento de la Justicia, decenas de personas esperaron a Goncálvez  y lo insultaron.
Antes del pronunciamiento de la Justicia, decenas de personas esperaron a Goncálvez y lo insultaron.

El caso Williams despertó en 1993 la indignación de gran parte de los uruguayos, que veían con estupor como los caminos se cerraban sin arrojar pruebas sobre un culpable. Pero ese tenso estado de situación, con una sociedad atemorizada por un asesino que parecía haber salido de historias ajenas al barrio y el país, llevó a un joven amigo de Goncálvez a declarar ante la policía la posesión de una prueba contundente: las esposas utilizadas en la supuesta violación.

Los relatos, entonces, se iban cruzando. Por un lado, la aparición de las esposas apuntaba a la implicación de Goncálvez en la violación de la muchacha en el barrio de Malvín. Por el otro, la cercanía de su hogar con el de Williams y con el lugar donde se encontró el auto abandonado de Ana Luisa Miller agregaba más condimento a un perfil del que las autoridades se aferraban cada vez con más ahínco, por lo que decidieron actuar.

Goncalvez

El 20 de febrero de 1993, la policía detuvo a Pablo Goncálvez en el Chuy cuando volvía de realizar un viaje a San Pablo. Mientras era indagado, el joven negó haber sido el asesino de Williams y de las otras dos mujeres, pero tras varias horas detenido, Goncálvez se quebró.

El nudo se desata

El joven conocía a Williams. Ambos vivían muy cerca y, según informó el diario El Día el 22 de febrero de 1993, había intentado varias veces acercase a ella sin éxito. Mientras Williams se encontraba esperando el ómnibus, él se acercó a ella pidiéndo ayuda. Según él, su abuela había tenido un accidente y necesitaba que alguien llamara a emergencias mientras cuidaba de ella. Al principio, Williams se resistió, argumentando que llegaría tarde al trabajo. Sin embargo, su predisposición a ayudar terminó primando y acudió a la llamada de auxilio.

Ya dentro de la casa, Goncálvez atacó a Williams y tras forcejear un momento, la asfixió. Presa de la situación, el muchacho escondió el cuerpo detrás del sillón de la sala y lo cubrió con una bolsa de nylon. Luego tomó las pertenencias de la joven y las incendió. El 12 de febrero, las autoridades encontraron el cuerpo de María Victoria en el Parque Roosevelt. Según confesó Pablo Goncálvez, llevó el cuerpo en su auto hasta el parque, donde lo abandonó. Al otro día, se dirigió a un basural cerca del Hipódromo de Maroñas, donde arrojó sus pertenencias quemadas.

La policía recuperó así parte de estas evidencias, aunque la prueba final se originió por un descuido de Goncálvez: en el recipiente donde quemó las cosas de la mujer quedaron los restos de un monedero previamente atribuido a Williams, que fue descubierto por las autoridades en un allanamiento de la casa del sospechoso.

Fue entonces que a partir del esclarecimiento de ese caso la policía fue desanudando otros enigmas que también se le atribuían al "psicópata de Carrasco". Durante el interrogatorio Goncálvez confesó también ser el asesino de Andrea Castro Pena, de 16 años, que había desaparecido el 20 de setiembre de 1992 y cuyo cuerpo se había encontrado el 11 de octubre de ese año en Punta del Este. Sobre este caso, el joven relató que había abordado a la muchacha al salir de un boliche en Carrasco y mientras se encontraban en el auto cerca del Hotel Carrasco, la estranguló. Luego manejó hasta Punta del Este y dejó su cuerpo en la playa Mansa.

Tapa Goncálvez 1

Tras estas confesiones, Goncálvez fue procesado. Sin embargo, la policía todavía tenía que esclarecer el asesinato de Ana Luisa Miller, que había desaparecido el 1º de enero de 1992 en las puertas de su casa y cuyo principal sospechoso era su novio. Durante los primeros días de marzo, la Justicia autorizó interrogar a Goncálvez por el caso. El 5 de marzo, los diarios amanecían con el título de la confesión del muchacho sobre la muerte de Miller. Según este, abordó a la joven en la entrada de su casa, para luego llevarla hasta el balneario Solymar. Allí intentó violarla y al no poder hacerlo, la asfixió con uno de los cinturones de su auto.

Tras la reconstrucción del crimen, sin embargo, se desdijo, alegando que había confesado bajo tortura. Esto consternó a las autoridades, que comenzaron a rastrillar la bahía montevideana en busca de una serie de pruebas que supuestamente Goncálvez había arrojado al agua. Goncálvez, en tanto, permaneció preso por los otros casos de asesinato y violación.

Búsqueda Policial Caso Goncálvez

Siete años despúes de que se lo detuviera, el juez letrado de Pando Julio Olivera Negrín, lo condenó a 30 años por el caso Miller. Según el magistrado, Goncalvéz había brindado detalles en su declaración que solo el asesino podría conocer. Fue así como Goncálvez finalmente quedó condenado por los tres homicidios de Carrasco, sumado a la violación de 1991. Más de 20 años despúes, vuelve a una sociedad que ha vinculado su nombre a la figura del único asesino serial que el país ha conocido.

Libre tras 23 años, cuatro meses y siete días

El jueves 23 la Justicia dará por cumplida la pena del triple homicida Pablo Gonçálvez, que ese día quedará libre luego de haber sido procesado con prisión en febrero de 1993.

Gonçálvez, que actualmente tiene 46 años, si bien fue condenado a cumplir 30 años de reclusión, recuperará la libertad al llegar a 23 años, cuatro meses y tres días. Los restantes seis años, siete meses y 27 días los redimió en base a las leyes de trabajo y estudio que existen para los reclusos. Eso hace que para la Justicia cumplió la totalidad de la pena y por tanto la jueza de Lavalleja Patricia Rodríguez dispuso su liberación desde la cárcel de Campanero, ubicada a tres kilómetros de Minas, donde está preso desde 2013.

"Él cumplió la condena completa", dijo a El Observador el vocero de la Suprema Corte de Justicia, Raúl Oxandabarat. La información sobre la inminente liberación de Gonçálvez fue publicada el fin de semana pasado por El País.

El triple homicida, que estando preso se casó y fue padre de una hija, es de los pocos reclusos que en la historia penitenciaria uruguaya cumplió 20 años efectivos de privación de libertad, ya que las primeras salidas transitorias le fueron concedidas en 2014, ya estando en la cárcel de Campanero.

Una fuente cercana a su entorno aseguró que Gonçálvez no decidió qué hará en el futuro con su vida, pero negó que se vaya a radicar en una zona rural de Salto, información que trascendió en los últimos días. De ese departamento era oriunda Victoria Williams, una de sus víctimas (ver nota arriba).

Sociedad madura

El abogado penalista y criminólogo Germán Aller dijo a El Observador que Gonçálvez cumplió con su condena y "no hay por qué presuponer que va a cometer nuevas conductas delictivas". En ese mismo sentido, el experto sostuvo que "la sociedad tiene que contribuir no generando un estigma y ayudando a que se reforme dándole una oportunidad para reinsertarse".

"La sociedad tiene que tener la madurez para aceptar que (Gonçálvez) cumplió la pena y por tanto puede llevar una vida normal, laboral, social y de esparcimiento", afirmó Aller aunque aclaró que eso no implica desconocer que los hechos que lo llevaron a pasar 23 años de la cárcel fueron "espantosos".

En cambio, el abogado y criminólogo argentino Claudio Stampalija, director del Centro de Estudios para la Prevención del Delito de la Universidad de Belgrano de Buenos Aires, indicó a El Observador que las estadísticas internacionales arrojan que en los casos de asesinos múltiples "la reincidencia es alta". "La evidencia internacional muestra que cuanto más larga sea la condena más reincidencia existe", dijo.

"En general, a este tipo de homicidas una vez que salen en libertad les resulta muy difícil reinsertase. Pero es habitual que encuentren alguna mujer con la cual formar pareja —porque se trata de perfiles que son atractivos para algunas mujeres— y eso les permite un nivel mínimo de reinserción", dijo Stampalija.

El experto argentino también indicó que en países donde las leyes marcan mayores niveles de cumplimiento total de las penas los asesinos múltiples "están casi de por vida en prisión".


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