Historias que suceden los días libres

La miniserie local Feriados, creada en 2012 por dos actores y un fotógrafo, terminó de filmarse y prepara su estreno en TNU entre abril y mayo de este año
Luego de numerosos intentos y mismos resultados, las series uruguayas de ficción podrían entrar en una nueva etapa gracias a recientes experiencias producidas fuera del ámbito comercial. La más reciente es Feriados, cuyo rodaje acaba de terminar. Se trata de una serie de nueve capítulos unitarios e interconectados, que se estrenará entre abril y mayo en TNU.

Nueve protagonistas, nueve historias, nueve feriados (en realidad, entre ellos hay dos días festivos) de un mismo año, podría ser la síntesis de esta serie, cuyas tramas que se apoyan en momentos pequeños que disparan cambios en sus personajes.

Contada así, la idea parece corresponder a lo que se llama "high concept", que son las producciones de cine o televisión cuyas tramas se sintetizan de forma contundente y ganchera (por ejemplo, un profesor de química enfermo de cáncer fabrica droga para dejarle dinero a su familia). Hay quienes dicen que la ficción televisiva "high concept" suele arrancar con una buena premisa que corre el riesgo de no cumplir con las expectativas en su desarrollo.

Feriados, sin embargo, tiene sus peculiaridades y no necesariamente iría por ese camino.
Todo empezó en 2012, cuando los actores Leonardo Pintos y Claudio Quijano terminaron una gira de la obra Las Julietas, en la que participaban. Les había prendido la idea de hacer una serie pensada por y para actores, aunque no tenían gran experiencia en la producción de audiovisuales. Pintos había actuado en la película La Demora, de Rodrigo Plá, donde conoció a Lucas Cilintano, un fotógrafo y artista visual que tenía inquietud por explorar una forma distinta de trabajo.

De la reunión entre los tres nació la idea de reunir un gran grupo de actores, permitirles improvisar y agregarle a eso los rigores de las técnicas que manejaba Cilintano.
"Nunca pensamos que íbamos a terminar dirigiendo ni produciendo" explica Quijano. "Lo primero que hicimos como equipo creativo fue un juego: elegimos actores pero no les dijimos quiénes eran los protagonistas de los otros capítulos. Ahí sabíamos que iba a ser una serie de ficción en unitarios y la historia total es la vida de estos nueve protagonistas a lo largo de un año, a través de los feriados. Los personajes se van cruzando como secundarios en las otras historias y se van enganchando". Entre esos nueve protagonistas están Pintos y Quijano.

"Más allá de la experiencia que tenía cada uno, lo mejor fue la conjunción de ambos mundos, el teatro y el audiovisual, y aprender de la dinámica de los otros" dice Pintos. "Armamos primero lo escénico y ahí venía la cámara. Era nuevo para nosotros, creamos durante el rodaje aunque llegábamos con el guión escrito y eso fue fruto de un gran trabajo colectivo que nos permitió experimentar una metodología de creación".

Toda la primera etapa de preparación de las historias se hizo sobre las ideas que tenían, las improvisaciones de los actores y la intervención del guionista Mateo Chiarino, quien fue una pieza importante del proceso y finalmente protagonizó uno de los episodios.

"Queríamos que en el fondo estuvieran presentes los cambios que Uruguay atravesó en estos últimos años, porque cuando empezamos habían pasado diez años desde la crisis", cuenta Pintos. "Creo que los de la generación de entre 25 y 45 años hemos vivido un gran cambio en el Uruguay, no solo en lo político y social, sino también en el mundo. Queríamos hablar a nivel generacional de qué cosas nos unen y qué cosas no".

Ese proceso de trabajo y creación durante el que los actores preponderaban a través de sus aportes, es lo que terminó alejando el proyecto del riesgo de quedarse solamente en el concepto.

"Me gusta experimentar y no hacer siempre lo mismo" explica Cilintano. "Me interesaba que ellos no tenían idea de lo que es filmar, y acá podíamos mezclar la formalidad del cine con algo escénico. Pensé en cómo darle forma a la imagen sobre un proceso de improvisación, que la cámara también improvisara. Me gustó sacarle esa cosa rígida del cine, de producción y armado, para tratar de pensar en lo escénico, para que la cámara se mueva y busque como si fuera un actor más".

Aunque querían hacer una producción discreta, el gran problema era cómo financiar todo esto y dónde exhibirlo. Una posibilidad era publicar los capítulos en un canal de YouTube u otro portal. Pero luego aparecieron los premios y el proyecto cobró otras dimensiones. En una primera etapa obtuvieron recursos del Instituto del Cine y Audiovisual, con lo que filmaron los primeros tres episodios. Luego se sumaron premios de la Intendencia y una contribución del Ministerio de Turismo, con lo que en el segundo semestre de este año filmaron los seis capítulos restantes.

En total, su presupuesto fue de algo más de $4 millones y si se tiene en cuenta que ha movido a unos 45 actores y 18 técnicos a lo largo de tres años (o más, si se considera el período de posproducción que todavía resta), lograron su objetivo de hacer una producción contenida y autosuficiente.

Esto los coloca en un sitio parecido al de la serie uruguaya REC, que para ellos fue una inspiración, y también distinto al de producciones emitidas en los canales privados, que dependieron de la publicidad y las ventas al exterior. Del mismo modo que las de los canales privados, su continuidad en una eventual segunda temporada es un tema aparte y totalmente azaroso. Es el mismo azar que los llevó a cruzar esos dos mundos entre lo actoral y lo técnico.

Fuente: Matías Castro - especial para El Observador

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