Humor político: las reglas del juego

Los comediantes uruguayos son seguidos por miles en Twitter y congregan audiencias que alcanzan los picos de rating más altos;¿Cómo hacen para trabajar la política desde esta perspectiva? ¿Cuál es el papel de las redes sociales? ¿Cómo manejan las críticas?
Si hay algo que identifica a la idiosincrasia del uruguayo típico es el fuerte vínculo que mantiene con la política y el fútbol, ya se trate de incondicionales amantes o eternos detractores. Cualquier persona que se jacte de ser de esta zona del mundo en algún momento de su vida ha tenido que opinar, con gusto o por no poder escapar de una conversación, sobre estos dos temas. Y la política –por su condición inherentemente vinculada a toda la actividad humana– genera una conversación paralela dentro de las casas, los bares y los medios de comunicación locales que está vinculada a una disciplina unida a ella desde sus orígenes: el humor.

Históricamente –y no solo en Uruguay– los humoristas han tomado como materia prima los hechos concretos de la actualidad, desde John Oliver en Estados Unidos hasta Enrique Pinti en Argentina. Satirizar los gobiernos, las ideologías, a las figuras políticas y a toda la agenda setting, criticando, provocando, reflexionando o simplemente buscando entretener.

Gonzalo Cammarota en Justicia infinita, Carlos Tanco en No toquen nada, Marcel Keoroglian en el programa Las cosas en su sitio de radio Sarandí, Desayunos informales de canal 12 y carnaval, Laura Falero en teatro y su segmento Laura-Up en Rompkbzas, y Orlando Petinatti en Malos pensamientos son algunas de las figuras que pueden ser consideradas como referentes de este rubro en Uruguay. Ya sea dándoles vida a ciertos personajes, o hablando con voz propia en la radio, la televisión, el teatro y hasta en las redes sociales, estos humoristas le dan una merecida cuota de acidez al día a día de la política. Pero en tiempos de mayor escrutinio público debido a las redes sociales y reacciones inmediatas a lo que ellos dicen: ¿cuáles son las reglas y formas de hacer para encontrar esas grietas en la actualidad de la sociedad uruguaya y adosarle un humor que es tan criticado como aplaudido? ¿Es lo mismo hacerlo ahora que antes? ¿Cuáles son las motivaciones para llevarlo a la práctica hoy?

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Entre ficción y realidad

Según la Real Academia Española, el 'humorismo' se define como un "modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas". El humor político, por tanto, podría definirse como un modo cómico de presentar, enjuiciar o comentar la realidad política dentro de una coyuntura.

"El humor siempre es político. Es un discurso político porque el comediante muestra su punto de vista del mundo", dijo Laura Falero a El Observador. Falero es comediante y licenciada en comunicación y los mediodías de cada viernes conduce un segmento de humor dentro del programa Rompkbzas en radio El Espectador, además de tener agendadas para este mes varias fechas de su unipersonal Graciosa en la Vieja Farmacia Solís. Falero diferencia entre dos tipos de humor: por un lado aquel que es "banal" y por otro el que "está comprometido con una idea".

"Creo que siempre es bueno que la gente se pueda expresar y que las cosas se sepan y se difundan. El humor es saludable y tiene ciertos elementos catárticos y de alivio", explicó a El Observador Gonzalo Cammarota, escritor y conductor de Justicia infinita en radio Océano.

Para Carlos Tanco, quien da vida a Darwin Desbocatti –el humorista político más escuchado de la radio local– también en Océano, el humor político es "una narración lateral de los acontecimientos públicos". Y agregó: "En mi cabeza esa narración funciona como una ficción verosímil y entretenida para que la gente se divierta; está levemente basada en hechos reales". Tanco concibe la política como "un juego de personajes, igual que en la serie House of Cards o Veep". A su vez, el comediante cree que el humor siempre se mantiene sobre la superficie porque "profundizar requiere otros tiempos distintos a los que exige el humor con lo noticioso".

Freddy Nieuchowicz, mejor conocido como Licenciado Orlando Petinatti, está al aire desde hace 25 años con el programa de radio Malos pensamientos. El conductor trabaja con "un humor que va al hueso", dijo a El Observador, desde el origen de su carrera. El comunicador explicó que no se puede hacer humor político y "ser condescendiente con el gobierno de turno", y que el verdadero objetivo de su trabajo no es meramente entretener sino "despertar a la gente".

Lo que cualquiera de estas acepciones de humor comparten es que son excepciones en los medios de comunicación: "hay muy poco humor uruguayo; casi que no hay voces", reflexionó Falero. Cammarota tampoco cree que haya "demasiado" humor político en los medios tradicionales. "Me parece que en radio hay algunos espacios y en la televisión y cuestiones gráficas creo que no hay nada", dijo.

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El motivos de esta ausencia, según Cammarota, es que esta categoría de humor "pertenece a un género que exige un conocimiento muy profundo del día a día y de lo que pasa con la política". Este público, según el comunicador, no es el mismo que mira televisión abierta. Para él es "mucho más probable" que en los medios más masivos "rindan chistes sobre Tinelli porque un alto porcentaje del público sabe quién está bailando o sé peleó con quién". Y agregó: "Si tenés que andar explicando mucho antes del chiste no tiene gracia".

Pero no todos los humoristas se adhieren a la posición de Falero y Cammarota. Para Tanco, el espacio para el humor político en los medios "es concreto y abundante".

Primero tuiteo, luego existo

Como en todos los ámbitos de la cultura, las redes sociales han abierto la cancha de la exposición en varios niveles. Uno de ellos es que permite que los personajes o comunicadores puedan seguir tratando ciertos temas –con ciertos lenguajes– más allá del tiempo que duran los programas de radio y puedan hacer humor sobre la actualidad más inmediata, casi al mismo ritmo con el que trabajan la agenda noticiosa los propios periodistas. Sin embargo esto presenta una dificultad: la saturación.
"En redes sociales los temas envejecen rápido", dijo Cammarota. Para el comunicador, esto tiene como consecuencia la "esclavización" y obliga a los que se dedican al rubro a "estar haciendo el trabajo 24 horas al día".

Twitter es la herramienta más común entre los humoristas uruguayos. "Uso Twitter porque me gusta el desafío de hacer pensar en 140 caracteres", expresó Petinatti.

Pero más allá de dar libertad y ser un nuevo canal para que nuevos y viejos comediantes puedan expresarse, en las redes sociales se corre el riesgo inminente de que todo lo que se escriba o publique sea malinterpretado. Esto ha dado lugar al destape de un odio irracional y críticas constantes en contra de muchos de los comediantes que se dedican a hacer humor con la política. Basta con abrir las respuestas del público a cualquier tuit de alguno de los comunicadores ya mencionados para poder reconocer el nivel de agresividad con el que se lidia.

"La gente te dice lo que quiere; es muy fácil tirar un garrotazo a alguien desde el anonimato. No me molesta que me digan nada", expresó Cammarota, quien actualmente tiene 136 mil seguidores en Twitter.

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"Hay mucha agresividad en las redes sociales pero, para mí, pasar desapercibido sería peor", dijo Petinatti, cuyo número de seguidores alcanza los 271 mil, y es el uruguayo que más los tiene dentro de la categoría Conductor según la plataforma AdSocia. "Estoy acostumbrado: me divierte buscar a ver cuál es el tipo que realmente necesita poner 'Petinatti' en su Twitter para obtener retuits. A mí los comentarios jodidos no me generan algo negativo, aportan a lo que es mi nombre y mi personaje", agregó el conductor de Malos pensamientos. En su opinión, la raíz del problema se encuentra en la gratuidad de internet: "¿por qué escriben las cosas que escriben las personas que son agresivas? Porque es gratis. Si les cobraran US$ 1 por cada tuit, todos serían señoritos en las redes".

Cuando lo acusan de promover la violencia en su cuenta personal, Petinatti asegura que no presta mucha atención: "Si la gente cree que un tuit mío es violento, yo puedo suponer que es violento el que lo lee. Si hago humor político y a alguien le jode, capaz que el problema es del otro y no mío. Porque yo hago humor". Sin embargo, reconoció que sus amigos y familiares le han pedido que cierre su cuenta de Twitter. "No por los detractores sino porque es una adicción", aclaró.

Por su lado, Falero –con 2.470 seguidores– cree que las críticas constantes ocurren porque "la gente está desesperada por ser protagonista y porque alguien les dé bola" y Twitter es una herramienta "democrática" que ofrece a esa masa anónima la posibilidad de mostrarse y donde "todas las ideas son válidas".

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La voz del personaje

Tanto en shows de stand-up como en la radio, los personajes inventados son un recurso común para que los comediantes aborden y trabajen temas desde dicha perspectiva.

Al ser figuras de la ficción, crean una mística en torno a sí mismos y –cuando están lo suficientemente bien construidos como para resultar creíbles– cautivan al público como ningún otro influenciador dentro de los medios. Darwin Desbocatti, traído a la vida por Tanco, es el ejemplo paradigmático.

"Lo que le da el personaje a este tipo de humor, que no puede dar Carlos por sí mismo, es un énfasis en cuáles son las reglas del juego, que son puramente humorísticas y no tienen ningún indicio de importancia ni se adjudican nada más que la intención de armar un mundo con sus propias reglas y sus propios códigos lingüísticos", explicó Tanco.

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Estos códigos, según el humorista, están definidos por él mismo pero siempre parten del postulado inicial de no tomarse en serio a su propia persona –y a las cosas que dice– para después continuar sin tomarse en serio al resto de los personajes en su universo de sátira y ficción.

Para Tanco, "el personaje permite hacer más grotesco y caricaturizable todo": el objetivo es "entretener y tratar de ser gracioso". Pero en este afán de ser dos 'personas' distintas e independientes, Tanco cree que lo más importante es conocer lo suficiente a ese personaje como para evitar "traficar" lecciones de moral o de vida mediante sus palabras.

De saña y otros males

Sea a través de un personaje o no, los humoristas han sido acusados de ensañarse con algunas figuras políticas y de ser reiterativos sobre algunos temas dejando a un lado la imparcialidad y la objetividad, cualidades que no necesariamente identifican a su quehacer profesional pero que afectan la credibilidad y fidelidad del público.

"No se puede ir a una jugada con mala intención, pero hay que ir a trancar; tampoco se puede salir con elegancia de todos lados", dijo a El Observador Marcel Keoroglian, quien actualmente tiene un espacio humorístico en las mañanas de La Tele en el programa Desayunos informales. Y agregó: "A veces uno puede sentir que está tirando leña al fuego, pero es que esto también es parte de la función del humorista".

"Me interné día y noche a estudiar a Lanata"
Entrevista al humorista Marcel Keoroglian.

Petinatti explicó que no se ensaña "con nadie ni con nada", ya que "no es serio ni profesional". Y especificó: "¿cómo tratar (objetivamente) temas que indignan como la inseguridad o el antisemitismo que existe, y mucho, en nuestro país? Con la mayor objetividad desde el punto de vista humano".
Petinatti explicó que se sintió "igual de indignado" cuando en un domingo de agosto de 2015, un hombre dispuesto a robar asesinó a una joven en una fábrica de pastas en Parque Rodó, que cuando acuchillaron al comerciante judío David Fremd en Paysandú. Es que cuando el conductor se pronuncia sobre un tema "el que habla no es el judío, es el ser humano" y siente que al estar frente a un micrófono no puede callarse porque si lo hace se transforma en un "cómplice".

Por su parte, Laura Falero reconoció que, en su caso, la "saña" eventual del humorista político es en realidad una respuesta a lo que genera el proceder de algunas personas y de la sociedad en general. La comunicadora confesó que hace algunos años se ensañó contra la conductora de televisión Victoria Rodríguez, ya que le "entristeció" el tratamiento público que hizo sobre la información acerca de un barrio de contexto crítico. "Se puede hacer humor de todo, siempre y cuando elijas correctamente el lugar en el cual pararte", dijo.

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