Impacto del nuevo data center

El Data Center que acaba de inaugurarse en Pando es un sólido avance en el ámbito mundial de las telecomunicaciones

El Data Center que acaba de inaugurarse en Pando es un sólido avance en el ámbito mundial de las telecomunicaciones, campo, junto con el marco energético, en que empresas públicas justifican su existencia. El nuevo centro de ANTEL no solo tiene siete veces más capacidad que el actual centro de datos de la empresa en Pocitos. Su edificio de 12.500 metros cuadrados incluye las instalaciones más modernas existentes para el almacenamiento, provisión y protección segura de los muchos millones de datos informáticos en que todas las instituciones del mundo, desde todo tipo de empresas y organismos hasta gobiernos, basan actualmente su funcionamiento. Su capacidad de unos 40 mil servidores, en una infraestructura que pone al país en un primer plano en tecnología de la información, permitirá venderlos en cualquier parte del mundo.

El funcionamiento del nuevo Data Center es, por otra parte, una contribución a la necesidad del país de inducir inversión externa para ayudar a salir del actual estancamiento de la economía. La capacidad y la seguridad que ofrece serán un aliciente adicional para atraer operadores financieros a nuestro mercado siempre, obviamente, que el gobierno no lo entorpezca si fracasa en mantener el grado inversor mediante la reducción del déficit fiscal. El desarrollo de ANTEL, así como el mejoramiento del suministro de energía por UTE, es consecuencia directa de dos factores. Uno es la eficiencia de gestión. El otro es la apertura parcial de sus viejos monopolios, incorporando al sector privado a través de áreas de competencia o de asociación con los entes. Algo similar se ha logrado con la apertura de otros servicios estatales a la competencia con operadores privados, como los mercados de seguros y de correos.

Estos avances, sin embargo, contrastan con el panorama de ineficacia que campea en otras áreas empresariales del sector público, aferradas a monopolios que resultan en pobreza de servicios y carestía de tarifas. El caso más notorio y gravoso es el de ANCAP, la mayor empresa pública del país. Gestión deficiente a lo largo de una década ha resultado en malos negocios que han causado y siguen causando enormes pérdidas, como la producción de cemento y el funcionamiento de la subsidiaria ALUR. El reciente cambio de autoridades, que priorizó profesionalismo técnico al amiguismo partidario, presumiblemente buscará corregir fallas pero los resultados aún no se advierten. Y persistirán escollos difíciles de sortear, como la baja productividad del monopolio de refinación de petróleo por exceso de personal.

El ente petrolero no es el único caso del fracaso estatal con empresas monopólicas. OSE no logra asegurar la calidad del agua potable pese a la abundancia de fuentes de agua dulce en el país y pierde la mitad de su producción por averías del sistema y otros factores. El servicio ferroviario se sigue derrumbando día a día en el volumen de cargas que transporta, debido a la incapacidad de sucesivos gobiernos para superar la oposición de un minúsculo sindicato que se opone a la presencia privada para que existan trenes de carga y pasajeros que más o menos funcionen. ANTEL, como UTE, ha demostrado como se pueden mejorar servicios públicos. Es responsabilidad del gobierno extender esos ejemplos a las empresas estatales que mantienen al país anclado en el atraso y a la población bajo castigo.


Populares de la sección

Acerca del autor

El Observador

El Observador

Comentarios