Impacto de un TLC con China

El TLC que Tabaré Vázquez procura poner en marcha en el viaje a China conlleva un sólido impacto favorable a Uruguay

El Tratado de Libre Comercio (TLC) que el presidente Tabaré Vázquez procura poner en marcha en el viaje que inicia hoy a China conlleva un sólido impacto favorable a Uruguay. Si se concreta, se ganará comercio en vez de arriesgarnos a perder algo del que ya tenemos, además de librarnos de una pesada tranca del Mercosur, todo lo cual concurre a vitalizar una economía alicaída. Un tema básico son los aranceles. China desbancó a Brasil hace dos años como nuestro principal mercado de exportación. Absorbe el 75% de las ventas de soja, así como carnes y otros productos del agro. Pero mientras todo paga aranceles de importación, los mismos productos ingresan libremente desde Nueva Zelanda y otros países que ya tienen TLC con China, lo que nos pone en desventaja competitiva en materia de precios.

La dificultad desaparecerá si las gestiones de Vázquez y sus ministros llegan a buen término, abriéndose en ese caso perspectivas de aumentar las exportaciones, de las que China absorbe actualmente el 23% del total. Uruguay está lejos de completar sus posibilidades de producir alimentos para 30 millones de personas. Pero podemos acercarnos a esa capacidad si logramos abaratar la producción al no tener que pagar aranceles de importación. La otra cara de la moneda son los perjuicios que pueden sufrir industrias locales con problemas para competir con la más barata producción china que llegaría al país, especialmente en los rubros de vestimenta, plásticos y químicos. La consecuente posible caída de puestos de trabajo sustenta la preocupación del PIT-CNT ante los TLC. Pero lo que se pierda en algunas áreas de actividad se ganará con creces en la expansión productiva en otras.

Además de ampliar el comercio, Vázquez y su comitiva buscarán asegurar inversiones en Uruguay, especialmente en el área de infraestructura. El gobierno está comprometido a mejorar sustancialmente la red vial, la operativa portuaria y el precario sistema ferroviario, como condición para que UPM construya la tercera planta de celulosa del país, con una inversión privada sin precedentes de US$ 4.000 millones. Las obras de infraestructura tienen un costo estimado de US$ 1.000 millones, que necesariamente debe provenir en gran parte de fuentes externas. Durante la administración Mujica, China había ofrecido recuperar el ferrocarril, pero, como tantos otros proyectos del segundo gobierno del Frente Amplio, lo anunciado como firme al final quedó en la nada.

Pero el horizonte ha cambiado. China aumenta desde hace años su presencia económica por todo el mundo, desde Estados Unidos y Europa hasta América Latina, donde ya tiene TLC con Chile, Perú y Colombia e invierte en otros países. Uruguay le interesa pese a la pequeñez del mercado, como plataforma para expansión comercial en la región, lo que tiende a facilitar las complejas negociaciones que el gobierno uruguayo inicia esta semana en Pekín. Y un punto no menor de un TLC con China es que rompería la prohibición a los países del Mercosur de cerrar individualmente acuerdos de ese tipo con terceras naciones. Brasil y Argentina, los mandamases del bloque regional, ya han anunciado flexibilización de ese impedimento. Si se materializa al no obstaculizar un eventual TLC con China, se abrirá el camino para hacerlo con otros países.


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