Inacción regional sobre Maduro

La única salida a la crisis es una férrea presión mundial que haga caer al chavismo a través del aislamiento

La inercia regional le facilita a Nicolás Maduro profundizar su sangrienta dictadura, que oprime a su pueblo con represión armada y miseria. Un grupo de naciones del Caribe, incluyendo minúsculas islas que dependen del petróleo venezolano, hizo fracasar el miércoles, en la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), una dura resolución que exigía el fin de los desmanes chavistas. La propuesta liderada por México, Perú, Estados Unidos, Canadá y Panamá conminaba a Maduro a desistir de la ilegal Asamblea Constituyente con la que busca eternizarse en el poder, a liberar a los presos políticos y a convocar a elecciones supervisadas por observadores internacionales.

La resolución no hubiera bastado para frenar a Maduro, pero al menos intensificaba las presiones externas sobre su régimen. No alcanzó, sin embargo, los requeridos dos tercios de votos de los 34 miembros porque los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) optaron por presentar otra propuesta, condescendiente con la dictadura caraqueña para no perder algunos beneficios que todavía reciben de Venezuela. El único punto de acuerdo entre ambas mociones fue llamar a un diálogo conciliatorio y al cese de la violencia, que ya ha causado más de 70 muertos, cientos de heridos y miles de arrestos por la represión armada del chavismo de las masivas manifestaciones callejeras contra el régimen, que se suceden a diario desde hace dos meses en las principales ciudades del país. Pero reiterados intentos de diálogo han fracasado una y otra vez, al igual que la mediación de personalidades mundiales.

Los cancilleres optaron por programar otro encuentro en busca de consenso, antes de la asamblea general de la OEA en México el 19 de este mes. Pero a menos que algunos países caribeños reconozcan la urgencia de apretarle el torniquete a Maduro y cambien de posición, la necesaria mayoría de 23 votos seguirá esquiva. En esta división en la OEA, Uruguay volvió a desempeñar el triste papel indeciso en que deriva el gobierno sobre la tragedia venezolana. El vicecanciller José Luis Cancela cayó en la doble ilusión de reclamar el improbable consenso para promover el imposible diálogo y especificó que el gobierno no tiene “espíritu sancionatorio” contra un régimen que si algo merece son sanciones.

El fiasco en la OEA se integra a la inacción de la estructura de organismos regionales, especialmente la superflua Unasur, creada a instancias de Hugo Chávez en la década pasada, y el Mercosur, paralizado por los problemas internos de sus dos socios mayores, Brasil y Argentina. Pero aunque arreciaran las presiones regionales, difícilmente basten para terminar con una dictadura que se aferra al poder con uñas y dientes y que no da señal alguna de abandonar sus excesos y estar dispuesta a restablecer la paz y el estado de derecho. Al contrario, la crítica convulsión venezolana tiende a agravarse, en medio de temores de que la creciente rebelión popular y la represión chavista degeneren en una virtual guerra civil. A menos que la estructura militar le retire a Maduro el apoyo que lo mantiene en el poder, la única salida a la crisis es una férrea presión mundial que haga caer al chavismo a través del aislamiento. Pero solo será posible si se conforma un frente sin fisuras como los palos en la rueda que pusieron en la OEA algunos pequeños países caribeños.


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El Observador

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