Industria láctea enfrenta el nuevo desafío de la negociación salarial

El primer documento presentado por el sindicato plantea incremento real de 5% en tres años
La industria láctea ya comenzó a enfrentar un nuevo desafío que estará presente al menos en los próximos tres meses. En un contexto marcado por bajos precios internacionales, dificultades para colocar la producción y problemas para cobrar las ventas a Venezuela, se iniciaron las negociaciones entre empresarios y trabajadores para la renovación del convenio colectivo, que venció en diciembre pasado.

El primer encuentro que tuvo lugar la semana pasada sirvió para que la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea (FTIL) presentara al gobierno y a la Cámara de la Industria Láctea (CILU) su plataforma de reivindicaciones. La propuesta a la que tuvo acceso El Observador propone la firma de un convenio a tres años con ajustes semestrales o anuales por inflación más un 5% de crecimiento real. Además, se incluye el pago de una partida anual de $ 24 mil este año y que al término de cada año se incorpore a la base salarial el equivalente mensual de la referida partida.

Para el próximo 24 de febrero está prevista una nueva reunión en el Ministerio de Trabajo (MTSS), donde los empleadores darán una primera devolución. De todas formas la semana anterior ya quedó claro que la negociación no será nada fácil. El dirigente de FTIL, Jorge Beschizza dijo a El Observador que la representación empresarial ya advirtió que "será difícil discutir el tema salarial" debido a los problemas que hoy afectan a la industria.

Para el sindicato el sector no está en crisis, sino que se entiende que atraviesa por "un receso momentáneo" que puede superarse dentro de los próximos tres años. Una posición distinta tiene la CILU que ya adelantó la imposibilidad de negociar, incluso en el escalón más bajo que plantean las pautas del Poder Ejecutivo y que contempla a los "sectores en problemas".

En ese escalón la propuesta oficial establece ajustes nominales de 8%, 6,5% y 6%, más correctivos por inflación observada al final del segundo y tercer año.

Como primer paso, las partes deberán ponerse de acuerdo para establecer bajo qué parámetros empiezan a discutir los aspectos salariales. En el sindicato se reconoce que la propuesta está incluso por encima de la recomendada por el gobierno para los sectores "dinámicos", pero como en toda negociación se entiende que el punto de partida debe ser "ambicioso".

"Estamos dispuestos a negociar punto por punto y a ser solidarios, pero también la industria tiene que colaborar", dijo Beschizza. Aunque no se hizo un planteo concreto, en la primera reunión la FTIL deslizó la idea de que la situación del sector también debería reflejarse en los salarios de los puestos gerenciales de las empresas. La mala situación del sector ya quedó reflejada el año pasado cuando en junio la CILU solicitó al Poder Ejecutivo que se activara la cláusula de salvaguarda que hubiera permitido evitar un ajuste de 4,23% por el correctivo entre la inflación esperada y real del año 2015 para su plantilla de trabajadores. Ese pedido se realizó bajo el argumento de que las condiciones del sector habían variado sustancialmente.

El Poder Ejecutivo solicitó que el informe de la situación del sector lo realizara el Instituto Nacional de la Leche (Inale), quien presentó un análisis a mediados de octubre. Durante el primer semestre del año pasado, las plantas Ecolat y Schreiber Foods cerraron sus puertas y dejaron a unos 600 trabajadores sin su fuente de ingreso como consecuencia del desplome de los lácteos en los mercados internacionales. Al convocarse al Consejo de Salarios para tratar el tema en diciembre, el sindicato de los trabajadores de la industria láctea sostuvo que "no se produjeron cambios sustanciales en el sector". Finalmente se firmó el acta del correctivo por parte del gremio y del MTSS, pero sin la rúbrica del a CILU.

Para la nueva ronda de negociación la plataforma de FTIL plantea más reivindicaciones como la implementación de una bolsa de trabajo.

Un conflicto sin paros en 2013

En 2013 la firma del convenio estuvo precedida de una fuerte movilización de la FTIL que implicó perjuicios para las plantas industriales y rezagos en la distribución de productos en el mercado interno. Pero, a diferencia de otros conflictos, tuvo la particularidad que no hubo paro de actividades.

Después de tres meses de negociaciones para la renovación del convenio colectivo y al no haber acuerdo la única medida aplicada por el sindicato fue el trabajo a reglamento. Eso implicó que los funcionarios de todas las plantas cumplieran con ocho horas de trabajo y no realizaron horas extras. La decisión también abrió un debate sobre la falta de personal en el sector.

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