Jardín by Sarava

De Mallorca a José Ignacio: una aventura desde la llegada hasta la comida

Llegar a José Ignacio y descubrir dónde queda el restaurante al que vas, tiene su cuota de intriga.

Los carteles por lo general no tienen ni una pqueña luz. por lo tanto hay que estar a cuatro ojos adivinando donde está el famoso cartel indicador, que hasta a veces ni siquiera tiene nombre y es una suerte de escultura.

También las calles y rutas son oscuras, a pesar -o tal vez justamente- del gran crecimiento que ha tenido este pueblito; quiero pensar que alguien con mucha cabeza se dio cuenta de que si bien, el crecimiento no se puede frenar, hay ciertas cosas que se deben preservar y esta oscuridad es parte de lo que lo hace aun más encantador.

Te podés dar cuenta que estás llegando a Jardín cuando ves que allá adelante empiezan a aparecer autos estacionados. Igual no te vayas al amague porque la primera tanda de autos es de los que eligieron comer en Marismo. Jardín queda unos metros más adelante.

 Allí, en lo que para uno parece ser el medio de la nada con toda esa oscuridad, llegás al restaurant y explota de gente.

Nos aventuramos sin reserva, ya que estoy probando la teoría de que si llamas y te dicen que de ninguna manera hay mesa, cuando te apersonás finalmente como por arte de magia termina habiendo una mesa y probablemente, también otra vacía al lado de la que finalmente conseguiste. (no es chiste!).

Me sorprendió que todas las personas del staff que nos atendieron eran españoles. Fue, para hacer un paralelismo, la misma sensación que te produce cuando cruzas a Gibraltar. Con dar dos pasos te sentís en otro país. Es que éste lugar es operado por el original que queda en Mallorca, según me comentaron.

El lugar es súper agradable y tiene en el centro del salón un área de livings que es ideal para esperar…. Y estuvo bueno, desde ahí, poder observar todo lo que pasaba en el restaurant, que estaba súper alborotado….

Al pasar a la mesa me pedí un Bloody Mary, que estaba deli, pero lamento no haberme acordado  del tinto de verano que tanto me habían recomendado. Seguramente hubiera hecho la experiencia de sentirme de viaje por España, aún más real. Será para la próxima.

Probamos huevos de la abuela, que debo decir estaban realmente muy ricos. Una suerte de papas fritas gruesas, agrupadas como moldeadas y arriba un huevo, como frito pero roto y que no llega a ser revuelto, y medio liquidón, que estaba para pasar el pancito por el plato, cosa que por supuesto hice. Que simple y qué rico!

También probamos las croquetitas de jamón crudo. Las clásicas con bechamel adentro, muy buenas también

Como tercera opción un tartare de lomo, que si bien estaba rico, no era ni ahí lo que me había imaginado y terminé cediendo mi parte.

Al postre no llegué, la verdad soy poca dulcera. Pero tenían buena pinta por lo que pude ver de reojo en la mesa de al lado. Necesito salir con esos  amigos, que leen la carta de atrás para adelante, porque así puedo robar un par de cucharadas cuando piden.

Cuando salimos, en la puerta estaba estacionado un auto supersónico que llamaba la atención, con patente de Montana, USA. Insólito! ¿Qué hace un auto con esa patente acá? ¿Y como llegó? Sin duda éste debe haber sido punto de partida para varias conversaciones esa noche, para quienes lo vieron al llegar o salir del restaurante. Es que esto es parte del tipo de cosas que suceden en la República de Punta del este.

Aprovechemos que nos queda mucho más cerca que Mallorca y la temporada dura poco!

 

 

 

Arenas de José Ignacio

Ruta 10 km 185

4486-2826

Abierto hasta el 15/2 /15

Dos tragos, tres entradas, un agua $


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