José González: "El consuelo puede encontrarse en el arte y en la estética"

El compositor sueco presenta Vestiges and claws en su segunda visita a Montevideo
Hace ya nueve años que José González visitó Montevideo para tocar sus canciones por primera y única vez. Lo hizo de la mano de Juana Molina y en la Sala Zitarrosa. Por ese entonces ya era contratado por los festivales de música pop más convocantes de ese momento, tanto en Estados Unidos como en Europa. Estaba terminando de forjar un estilo propio, cercano y contemporáneo en el que se cruza lo mejor de la canción de autor alternativa (Nick Drake puede ser una primera referencia) con una marcada herencia criolla (González es sueco y vive en Gotemburgo pero sus padres son argentinos). A eso añade un particular registro de voz que va al filo del susurro pero que también puede adaptarse sin problemas a entornos de banda, como sucede con Junip, su otro proyecto.

Pasaron también ocho años entre In our nature, su segundo disco, y Vestiges and claws, editado el año pasado. A pesar de todos los proyectos de los que ha sido parte en medio de eso, González retoma su estilo de esa época (y del fundamental Veneer, su primer trabajo) como si fuera una paleta de colores con distintos y removedores tonos por descubrir.

Sobre qué se verá esta noche en la que llega con banda de cinco músicos y que tendrá a la compositora local Florencia Núñez como invitada, González habló con El Observador con español de extranjero pero inconfundible acento argentino.

¿Por qué pasó tanto tiempo para volver a editar un disco bajo el nombre de su proyecto solista?
Creo que me cuesta bastante resolver discos, aunque en realidad pasé intervalos de tres años. En todo este tiempo también saqué dos discos con (su banda) Junip y eso quedó un poco en medio. Pero sí, me cuesta pensar los discos, a este último lo tuve en la cabeza mucho tiempo porque quería volver al estilo de mis dos primeros trabajos.

Entre este último disco y aquellos dos no hay casi variantes.
Sí, porque estéticamente me gusta mucho este estilo y me defiendo bien con la guitarra española, tocándola. Pero creo que este es un poco mi nicho, y creo que desde aquí hago cosas que no siento que se estén haciendo demasiado hoy en día, por lo menos de la forma en la que yo las hago. No siento la presión de tener que probar cosas nuevas o expandirme, como lo hago con Junip.

¿Qué es, entonces, lo que da singularidad a su estilo?
Pensando en el oyente, creo que es la voz lo primero, lo fundamental. Y creo que tengo un modo de grabar que usa algunas distorsiones, unos ocho o diez recursos que hacen que suene como yo quiero sonar. Es como es, y ciertamente es parecido a la voz de mi papá, aunque Chet Baker o Nick Drake, gente que cantaba con voz tranquila y de forma en que sonaba bien en un estudio, también siguen siendo influencias para mí hoy. También hay un estilo de toque de batería, un trabajo de órgano, todas cosas que en vivo también se ven.

¿La influencia paterna en su música se manifiesta solo en la voz?
En la voz y en el tipo de música que escuchamos en casa, música muy latinoamericana. Tendría que nombrar también textos, cosas que me dio a leer no tanto de política sino de humanismo. No las suelo señalar como influencias, pero lo podría ser ahora porque son cosas que están ahí, en mis nuevas canciones como Every age o What will. Creo que uno de mis motores desde lo que yo hago es intentar empujar a las ideas hacia un modo más solidario más solidario, más global y humanista.

Se crió en Suecia, pero hay una parte –al menos de su persona artística– que es muy de este lado del mundo y en determinado momento era el único referente de sonidos que venían de aquí en el mundo anglosajón, quizá con Juana Molina y pocos más.
Sí. Cuando yo era adolescente andaba en skate y escuchaba punk, pero de a poco me fui dando cuenta de que podía encontrar un lugar más mío y exclusivo, un nicho, cantando de esta manera y con estas influencias. Sigo siendo el sueco que se llama José González y hace este tipo de música en parte porque primero funcionó en Suecia y luego sobre todo en Inglaterra. Creo que es interesante para la gente y para mí también, sigue siendo medio rara toda esta mezcla. La música cambió bastante entre cuando empecé y este momento, pero yo ya tengo 38 años y por suerte tengo este estilo, puedo dedicarme a él a través de mis discos.

Se suele señalar mucho el tema de la redención en sus canciones. ¿Es algo que comparte?
Nunca entendí mucho lo de la redención; creo que algunas de mis canciones más conocidas, como Crosses o Heartbeats, sí tienen muy presente el tema del consuelo, que es para mí un tema. La necesidad de la sociedad de encontrar espacios de consuelo. Me consta que mucha gente escucha esas canciones para relajarse y encontrar eso, y creo que está bien. El consuelo puede encontrarse en el arte y la estética. Yo también lo busco.

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