La balada triste del músico acorralado por la moda

José Luis Perales cantó en el auditorio del Sodre para un público en retirada

Como salidas del parlante de una vieja rocola, las canciones de José Luis Perales empezaron a sonar una noche del enero recién pasado en el auditorio del Sodre. Los aplausos le llenaban los oídos al compositor nacido en cuenca hace 70 años hasta que una viejita de la platea –después de escuchar “Por qué te vas”, esa que sirvió de banda de sonido de la película Cría Cuervos de Saura- pegó un grito que rompió el sortilegio.

“Esa canción no la pasan más en la radio”, dijo revelando que la sala se había convertido en un túnel del tiempo que transportaba al público hasta unos años ya idos hace mucho y en los que no existía el milagro de Youtube.

Lo que dijo la señora, acaso no queriendo decirlo, es que las canciones de Perales, como las de otros tantos músicos a los que se los va tragando el olvido, pasaron de moda. Yo fui al concierto dispuesto a reconocer que aquellas canciones, que conocí cuando era chico, no soportaban el paso de los años. Pero me las reencontré redonditas e intactas. Con unos arreglos delicados y oportunos, y con una banda fresca y animosa.

Perales llenó dos veces el Sodre con un público que promediaba los 60 años. Es decir, Perales se está yendo de a poco y sus oyentes también. Y cada cual hace su parte para que el juego continúe un poco más. Perales acepta ese osito de peluche que le tiró la anciana con bastón mientras admite que serán pocos los muchachos recién llegados a la música que le prestarán sus oídos.

La cada vez más escasa platea veterana suspiraba por Perales y él se dejaba suspirar. Porque, entre otras cosas, no tiene más remedio. Porque es lo que le va quedando. Y esto es una injusticia. Este tipo de artistas suelen quedar acorralados por un mercado compuesto por personas de dudoso gusto y de otras que, pudiendo apreciar el valor de las composiciones, se hacen los raros que es la mejor forma de ocultar la impericia para disfrutar de las cosas más sencillas.

Muchas de las canciones de Perales son nada más que lindas y simples (a veces caigo en la superstición de creer que todas las personas que escuchan a Perales tienen esas cualidades). Lindas y simples, nada más y nada menos ¿Qué más se le puede pedir a una canción? Mucho más. Pero las canciones extraordinarias ya fueron hechas por un puñado de músicos a los que la radio hace tiempo desconoce.

Posdata: Una pregunta para los expertos musicólogos locales. Técnicamente ¿cuál es la diferencia entre esta preciosa canción del admirado Eduardo Darnauchans –que bien podría haber sido compuesta por Perales- y esta lindísima canción  del defenestrado Perales que le hubiera calzado casi perfecta a Darnauchans?


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