La carambola ¿imposible? de Larrañaga

Sin buscarlo, el líder blanco puede verse beneficiado con una atomización de candidaturas

Ya se sabe que el líder blanco Jorge Larrañaga tiene una notable capacidad, que muchos de sus colegas envidiarían, para recuperarse de los golpes que le ha dado la política. Resiliencia que le dicen. Ganó muchas veces –fue dos veces intendente y se quedó en más de una oportunidad con la mayoría blanca- pero también le tocó perder feo como le ocurrió en las últimas dos elecciones con Lacalle padre primero y con Lacalle hijo después.

Como en otras oportunidades, en esta circunstancia del país, no son precisamente mayoría los que consideran que Larrañaga puede ganarle las próximas internas a Lacalle Pou. Dicen, con razón, que nada ha cambiado y que, tanto el líder de Todos como el de Alianza Nacional, siguen siendo los mismos

Entonces, enfrentados más mano a mano, una vez más Larrañaga volverá a perder. Y peor le irá, dicen, si dirigentes como Sergio Botana, Verónica Alonso o Adriana Peña se van de su lado para formar nuevos agrupamientos internos.

Sin embargo, en el plano de las suposiciones, la atomización del Partido Nacional puede convertirse en una oportunidad para Larrañaga. Es cierto que la deserción de esos dirigentes puede restarle votos. Pero también los puede perder Lacalle Pou. Sobre todo si es Verónica Alonso la que decide abrirse un camino propio.

¿Acaso el perfil de votantes de Alonso- urbano, de clase media alta y con una veta herrerista- no es más parecido al de Lacalle Pou que al de Larrañaga?¿Y si en ese juego de tercios Larrañaga termina aprovechando las deserciones para convertirse en el tercio más grande?

No parece ser esa la estrategia de Larrañaga –la de dividir para reinar- pero no es imposible que aquellos dirigentes que hoy dudan de la capacidad de resurrección del sanducero, terminen por llevarlo al triunfo a través de una inesperada carambola a tres bandas.


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