La droga mata, la música no

Continúan los ecos de la tragedia de la fiesta electrónica de Buenos Aires, donde murieron cinco jóvenes

Todavía siguen los ecos de la tragedia de la fiesta electrónica de Costa Salguero (Buenos Aires) el pasado sábado 16, donde murieron 5 jóvenes (uno de ellos uruguayo) y 2 más siguen en terapia intensiva. Los ecos y los análisis de esta fiesta, macabra para muchos, normal para otros, los por qué del consumo masivo de drogas sintéticas, de la búsqueda de algo más que el placer de bailar y divertirse, seguirán y esperemos que no se diluyan con el paso del tiempos. Cinco vidas en flor y nata de la juventud cercenadas de golpe y al mismo tiempo, y muchos más intoxicados o salvados in extremis no es para tomarse el asunto con liviandad.

En Argentina, además, se busca determinar la responsabilidad de los organizadores que dejan entrar menores y más gente de la permitida, de los “dealers” que venden la droga dentro de la fiesta, de quienes esconden el agua hidratante que debe darse gratis y venden agua embotellada a precios exorbitantes, de la Prefectura Naval Argentina y la propia seguridad privada del espectáculo que hicieron la vista gorda para que la droga ingresara sin problemas. También se analizan los temas sicológicos que llevan a los jóvenes a estas fiestas en las que, se sabe casi por definición, la presencia de la droga sintética es parte esencial del show, y el show siempre continúa aunque haya gente que se desvanezca por efectos del calor, la deshidratación o lo que fuera.

En la máquina mediáticaargentina de la pasada semana, surgieron dos voces que causaron  impacto. Por un lado, el actor y empresario de medios Mario Pergolini, quien señaló que el problema no es de la música electrónica sino de cada uno que decide ir a la fiesta y consumir lo que allí se vende sin pensar demasiado qué es lo que está tomando o cuáles pueden ser las sustancias que están dentro de una droga sintética que no tiene garantía de ningún tipo. Una defensa de la música y un fuerte llamado a la responsabilidad personal, sin dejar de señalar, en forma lateral, que el “contexto” también ayuda porque no es lo mismo escuchar música clásica sentado en su casa que estar en una fiesta de música electrónica donde uno realiza intensa actividad física y esta rodeado por más de 15.000 personas.

Por otra  parte, el prestigioso periodista Alfredo Leuco, realizó un encendido editorial en Radio Mitre y en el canal TN contra la droga diciendo que no hay droga buena (puso como ejemplo los daños que sufren Diego Maradona y el músico Charly García), que la droga mata de manera fulminante como pasó en la fiesta o en forma lenta, mediante la esclavitud, la adicción. Leuco fue muy duro al señalar que “Todos los chicos y casi todos los padres saben que en las fiestas electrónicas se consume tanta droga como música. Que las drogas de diseño, la falopa sintética corre como el agua que necesitan para no morirse de hipertermia o de deshidratación”. Y reclama una fuerte campaña de educación y prevención pero también de control y castigo sobre los responsables. Dijo Leuco: “Vamos a decirlo con todas las letras: los que organizan esas fiestas son criminales. Si en un lugar donde hay más de 10 mil personas te ofrecen drogas de todo tipo y color cada tres pasos, eso quiere decir que el que juntó a toda esa gente y la metió en un galpón para exprimirla y sacarle toda la plata posible es un criminal”.

Leuco va más a fondo aún y,  a diferencia de Pergolini, le da duro a las fiestas: “Todo el mundo sabe que en las fiestas electrónicas pasa eso. Hasta la palabra fiesta queda vacía de contenido y se transforma en farsa. Son velorios electrónicos disfrazados con sonrisas y saltitos falsos producidos por un producto químico que se mete en el cuerpo”.

Pergolini tiene su parte de razón: la música no tiene la culpa, la música es buena, eleva el espíritu. Pero el ambiente donde esa música se toca, sí puede ser nocivo y, en el fondo, está hecho para que sin drogas no tenga demasiado atractivo. Pero más allá de la música, que electrónica o no, no tiene la culpa de nada, lo cierto es que la droga mata. Hay drogas más fáciles de adquirir, hay otras de distintos efectos, hay drogas que se sabe lo que tienen y otras que no. Pero, en el fondo, todas hacen un daño muy grande y al final o matan o dejan muy deteriorado. Es muy difícilvolver de la droga o zafar de ella. Más vale no meterse. La droga es mala. Por eso decía Leuco con razón: “que nadie crea que la felicidad está dentro de una pastilla”.


Comentarios

Acerca del autor