"La gente quería tener cerca a Darnauchans”

Su primer libro fue una complicada aventura de reconstruir, a partir de casi todas las voces implicadas, la vida del esencial compositor uruguayo. Entre el Cuervo y el Ángel fue editado en diciembre por Perro Andaluz

No es el primer libro que se ha editado sobre Eduardo Darnauchans, pero sí se diferencia en el encare, con mucho detalle y a partir de muchísimas voces, elegido por el escritor para narrar la historia. Entre el Cuervo y el Ángel es el primer libro de Mauricio Rodríguez, quien conoció al popular “Darno” durante una serie de charlas vecinales y con quien se terminó relacionando fuertemente. Suspendió el proyecto tras la muerte del compositor en 2007 y recién el año pasado, de la mano del sello editorial Perro Andaluz, logró editar un libro esencial para quienes quieran bucear en los encantos musicales y personales de una presencia esencial en la gestación de una sensibilidad en la música uruguaya tan particular como necesaria.

¿Cuánto tiempo tomó la generación de este libro?

Arranqué en 2003. Cuando murió Eduardo, todo venía bastante terminado pero decidí poner el proyecto en el freezer. No me parecía leal para con la gente, tomar eso como oportunidad. Por suerte, tras un contacto con una multinacional no salió la chance de editar el libro y es ahí cuando surge la chance de hacerlo con Perro Andaluz. Fue mucho mejor porque es lo que permite que este libro haya quedado como yo quería en presentación, cantidad, tipo de páginas, etcétera. También en cuanto a plazos y cosas. Luego, en un año y pico, lo transformamos en este libro objeto.

¿Por qué fue mejor editarlo con Perro Andaluz, de forma más artesanal?

Sin desmerecer a nadie, creo que hay una diferencia abismal. Aquí, más que criterios comerciales fueron criterios artísticos los que se usaron para editar este libro. Yo creo que no es lo mismo que trabajemos un libro objeto a que trabajemos en un formato más de bolsillo. Hubo un trabajo de sistematización de toda la información y que resulta más integral. Yo quería que la lectura te permitiera ir del libro al disco, y de ahí al libro de nuevo. Y esto salió tal cual gracias a que Ángel Atienza me permitió hacerlo como quería.

¿Cómo comenzó?

Antes, en el marco de mi trabajo en el centro comunal 13, hicimos un ciclo llamado Dialogando, en el que llevábamos a un artista a charlar con la gente. En el marco de ese ciclo, uno de los que pasó fue el Darno. Mi primer contacto con él va por ahí. Conocí a muchos músicos importantes a los que luego consulté para este ciclo. Ahí es cuando sentí que iba generando espalda para un proyecto así.

¿La idea de que fuera a muchas voces se fue dando sola, entonces?

Claro, él es la columna vertebral del proyecto pero se sacan tangentes a los músicos, más que nada aquellos vinculados a su carrera artística. Por eso digo que es una biografía del Darno más que de Eduardo Darnauchans.

¿Qué es lo mejor de la personalidad de Darnauchans?

La capacidad de generar afecto. Algo que se va repitiendo en las generaciones que lo sucedieron. La gente quería tener cerca a Darnauchans. Tenía una capacidad encantatoria increíble.

¿Fue fácil reconstruir toda la historia?

Supongo que nace de mi pasión como lector. La pregunta fue ¿cómo es el libro del Darno que quiero leer? Entonces, desde el primer momento el encare fue ese, el de las muchas voces. No lo sentí como un proceso largo, pese a que está bravo andar por la vida siendo el tipo que va a hacer el libro de Eduardo Darnauchans. Pero no hubo problemas para acceder a la información.

¿Quedó algo trunco en la vida del Darno?

Y, si me lo preguntás a mí, se murió con 53 años. Evidentemente está en una edad en la que a alguien se lo considera joven. Mirá los últimos discos de Bob Dylan. ¿Cuántos discos nos perdimos del Darno? Creo que tiene una calidad artística que podría haber trascendido fronteras. El camino que hizo (Jorge) Drexler en España, fue ofrecido por Sabina al Darno antes. Y el Darno no quiso. Eso te da una idea de su estatura artística. Sabina vino al teatro de Verano y quería hacer un show con el Darno, y el Darno lo boicoteó, se sintió liberado cuando se resolvió que no se hacía. A mí me recuerda a esos jugadores como Recoba, que podían ser los mejores del mundo. Nadie le preguntó a Recoba si quería ser el mejor del mundo. Lo mismo con el Darno. A lo mejor él quería tocar en Amarcord y quedarse después con su gente y nada más. Creo que el Darno no se fue con ninguna asignatura pendiente.

¿Por qué, de todos estos artistas que conoció, eligió al Darno?

Porque además de un artista increíble, es un personaje increíble. La paleta de preguntas es mucho más amplia para trabajar con el Darno que con otros artistas, quizá más profesionales en su rubro pero tipos en los que la conversación gira en torno a lo artístico. El Darno es más como Mateo, o el Príncipe. Dicho esto, no deberíamos olvidar que es un artista de primer nivel. Él no se parece a nada, y no quedó nadie que se parezca a él.

¿En qué es inimitable?

En que lo suyo es una receta muy complicada de imitar. Tiene ingredientes muy variados, muy heterogéneos, de procedencias muy distintas y colocados en unos niveles muy increíbles. Ha tenido una capacidad casi científica de trabajar la palabra, las influencias de Bob Dylan, los madrigales ingleses, etcétera. Nunca vas a escuchar tanto un disco de Francesco Gregori como lo escuchaba el Darno, que le sacaba hasta lo mínimo y lo más sutil de su influencia. Sólo tipos así pueden sacar la filigrana de las influencias y recursos que quería utilizar.


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