La globalización, entre Vladimir Putin y Elon Musk

Cómo han impactado las decisiones estratégicas del presidente ruso
Quienes celebramos la caída del muro de Berlín creyendo que finalmente la democracia se generalizaba y los pueblos se fundían en un abrazo fraterno rompiendo muros, nos equivocamos.

Quienes dedujeron que el autoritarismo ruso había sido derrotado por la democracia estadounidense que se convertía en la potencia hegemónica, erraron en su percepción.

Quienes miramos con esperanza la primavera árabe creyendo que las multitudes de hombres y mujeres entusiastas de la libertad sustituirían a tiranos ridículos por respeto a los derechos humanos y elecciones justas, nos equivocamos.

Quienes hemos creído que internet llevaría a una mejor comunicación entre los pueblos y a la disolución de los conflictos, a la superación del racismo, y que la Guerra Fría estaba definitivamente recluida a los libros de historia, nos hemos -nuevamente- equivocado.

Siempre es arriesgado afirmar qué es un avance y qué es un retroceso. El concepto de progreso ha pisado varias veces en falso. Pero parece claro que el proceso llamado globalización ha retrocedido como pocas veces en este 2016. Y aunque buena parte de ello pueda adjudicarse a causas sociológicas complejas, también debe adjudicarse a las decisiones estratégicas de una sola persona: el presidente ruso Vladimir Putin.
Parece claro que el proceso llamado globalización ha retrocedido como pocas veces en este 2016.
¿Quién podría haber dicho que un agente de la KGB determinaría quién es presidente de Estados Unidos? Ni el guión más osado de James Bond. Y sin embargo, ahora está claro que los rusos manipularon a su gusto la elección hackeando al gobierno de EEUU y al correo electrónico de Hillary Clinton. En esta semana, 35 diplomáticos rusos fueron expulsados de EEUU pero el candidato preferido de Putin es el que se instalará en la Casa Blanca el 20 de enero.

Putin decidió anexar una parte de Ucrania y lo ha logrado, ha elegido debilitar a la Unión Europea y ha logrado la salida de Gran Bretaña, al tiempo que se sabe que financia explícitamente a la ascendente Le Pen y a otros grupos secesionistas.

Dos años atrás parecía que su hombre fuerte en Medio Oriente, el dictador sirio Assad caería, pero el decisivo accionar del poderío bélico ruso ha convertido a la mitad rebelde de Aleppo en escombros y ha logrado en esta semana un alto al fuego con los rebeldes. El gobierno sirio más firme que nunca. Y la rebelión islámica en Chechenia pulverizada.

Quien más lo ha cuestionado entre los rusos reclamando democracia ha sido el gran ajedrecista Gary Kasparov. Pero Putin le ha ganado la partida y el excampeón mundial ha debido refugiarse en Nueva York con su familia.

El capo de la KGB ha ganado en todos los frentes. Y quienes auguraban una grave crisis en la economía de Rusia siguen esperando que eso suceda. Pero es posible que su dependencia del petróleo a la larga lo condene.

Aunque EEUU esté debilitado, sigue siendo el lugar donde las innovaciones suceden de continuo y donde los vanguardistas se radican. Si por un lado fue el año del expansionismo de Putin, también ha sido el año de los logros de Elon Musk, el gran ingeniero y empresario que quiere darnos sustentabilidad en la Tierra y un hogar en Marte por si la sustentabilidad no se logra.
Si 2016 fue el año del expansionismo de Putin, también ha sido el año de los logros de Elon Musk.
Ha logrado que los cohetes con los que envía el abastecimiento a la estación espacial experimental aterricen y sean reutilizables, ha lanzado los techos solares que pueden independizarnos de las tarifas –un sueño bien uruguayo-, y hará que más tarde o más temprano los autos se enchufen y se manejen solos, liberándonos también de los altos precios de la nafta y el gasoil y de la mayoría de los accidentes de tránsito.

Por un lado la globalización parece retroceder con multiplicación de muros y armas a los peores tiempos de la guerra fría. Por otro, la imparable inventiva humana y a aceleración de la tecnología nos permite soñar con un mundo interconectado que haciendo uso de la energía solar da espacios a la esperanza.

Nadie puede predecir hacia dónde irá el péndulo en la era Trump, que tanto ha propuesto muros y elogiado a Putin como ha invitado a Elon Musk a asesorarlo.

Con tantas turbulencias en el mundo y las complicaciones persistentes de Argentina y Brasil, Uruguay -como un pequeño barco en alta mar- deberá transitar cuidadoso surcando grandes olas.

La fragmentación llevará a un mundo más proteccionista y nos afectará posiblemente en el corto plazo. Las transformaciones que está sembrando Elon Musk, Jeff Bezos, inventor de Amazon, y tantos innovadores más que ellos simbolizan, si son exitosas, incidirán en nuestra vida y en las de las generaciones por venir.

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