La grieta argentina

Lejos de haberse atenuado, la división entre kirchneristas y los anti K es cada vez más fuerte en el ámbito cultural, periodístico y profesional
Hay un punto en el cual todos los argentinos están de acuerdo: el principal legado cultural que el kirchnerismo le dejó al país es la "grieta" que divide profundamente a la sociedad.

Es el tipo de división que rompió amistades y arruinó asados familiares, que además hizo que actores de telenovela discutan sobre política, que llevó a los periodistas a debatir sin parar sobre el antiguo tópico de si existe la objetividad o si se debe ser periodista militante.

La "grieta" ya no se limita solamente a discutir sobre si la década de gobierno kirchnerista implicó un avance en la inclusión social y dignificó al país o si, por el contrario, destruyó las bases de la economía y generalizó la corrupción.

Si fuera así, habría quedado acotada al reducido grupo de personas politizadas que leen los diarios y debaten en los foros de internet.

Y, probablemente, a un año y medio de haber asumido Mauricio Macri la presidencia, sería un tema ya en vías de extinción.

De hecho, la esperanza de muchos argentinos era que con el cambio de gobierno llegara un alivio en la tensión social y un afloje en la crispación del debate en los temas principales que componen la agenda pública.

Esa era, después de todo, la promesa del macrismo: en su primer discurso como presidente, Macri dijo que la prioridad de su gestión sería "unir a los argentinos", además de buscar la "pobreza cero" y derrotar al narcotráfico.

En ese sentido, declaró explícitamente el inicio de una nueva etapa en la cual se superaría "la etapa de la confrontación".

Pero a juzgar por lo que ocurre hoy en el país, esa tal vez sea la promesa en la cual cuente con menos probabilidad de éxito.

La pantalla dividida

Lo cierto es que la grieta goza de buena salud y está en todos lados. Se habla de ella en los programas chimenteros de la tarde, donde se hace confrontar a los actores K con los actores afines al nuevo gobierno.

Ocurrió, por ejemplo, con la acusación de que el actor Pablo Echarri había sido vetado de un programa en el canal Telefe porque su figura "dividía la pantalla".

Antes, durante la emisión de una telenovela protagonizada por Echarri y su pareja, la actriz Nancy Duplaa, se había formado un movimiento en las redes sociales que llamaba a sabotear el programa para dejarlo sin rating.

El admirado cineasta Juan José Campanella, en otros tiempos considerado unánimemente un orgullo nacional por haber ganado un premio Oscar por su película El secreto de sus ojos –protagonizada por Ricardo Darín– es hoy uno de los personajes más polémicos por su furiosa enemistad con el kirchnerismo, al cual acusa de haberlo perseguido.

Al mismo tiempo, hay grupos de música que quedaron etiquetados por su postura política y, por lo tanto, juzgados a partir de consideraciones extramusicales.

Ocurrió con La Mancha de Rolando, cuyos miembros solían invitar a tocar al exvicepresidente Amado Boudou y manchó también a Fito Páez, a quien se le cuestiona los cachets cobrados en las festividades kirchneristas.

Pero hasta salpicó la reciente tragedia del recital del Indio Solari en Olavarría.
El propio artista manifestó en carta a un amigo su indignación por cómo había sido catalogado como "rata kirchnerista".

Y lo cierto es que, tras el recital, que terminó con dos personas muertas y diversos heridos, pareció existir una división bastante coincidente con las afinidades políticas: el artista fue respaldado por agrupaciones afines al kirchnerismo, como fue el caso notorio de las Abuelas de Plaza de Mayo, mientras fue demolido mediáticamente en los espacios de tono anti K.

Entre Mirtha y Porota

El periodismo, por cierto, sigue siendo el ring por excelencia de la "grieta".

Ya no existe en la televisión pública el emblemático programa "6-7-8", en el cual se exhibían temibles "informes" que defenestraban a los comunicadores que no pertenecían al oficialismo.

Y hasta hay cierta intención de dotar de equilibrio a los medios estatales. Pero son intentos menores por cerrar una cicatriz imposible de suturar.

Un zapping al azar en un día cualquiera por los programas periodísticos de televisión abierta o los canales de noticias en el cable supone una alta dosis de confrontación y agravios.

Siguen existiendo, y con alto rating, los programas basados en la discusión entre panelistas, donde todo el mundo grita, se interrumpe y superpone argumentos y chicanas sin que jamás pueda debatirse con seriedad y respeto.

Y es bien notoria la línea en los canales explícitamente alineados. Así, en TN se puede ver un programa donde el periodista Alfredo Leuco se hace eco de las denuncias sobre un plan desestabilizador orquestado por el kirchnerismo para forzar la caída del presidente Macri.

Y, al mismo tiempo, en el canal C5N, se puede ver a periodistas de la talla de Víctor Hugo Morales y a Roberto Navarro acusando de corrupción al macrismo y denunciando que el plan económico implica una "miseria planificada".

El lema del programa de Navarro es "Que no te tomen de boludo". Mientras que un programa radial lleva el eslogan: "Defendiendo la grieta".

Es evidente la intención de medios afines al kirchnerismo por equiparar los casos de corrupción que afectan a la expresidentta Cristina Fernández de Kirchner y sus ex funcionarios con las nuevas denuncias que aparecen contra el macrismo por conflictos de intereses.

Así, Víctor Hugo sacó el cálculo de cuántos "bolsos de López" –en alusión al exsecretario de Obra Pública apresado cuando intentaba esconder US$ 9 millones en un convento en la localidad de General Rodríguez, provincia de Buenos Aires– cabían en la deuda que el gobierno le quería "condonar" al correo del grupo Macri.

Es difícil, a estar altura, ejercer el periodismo sin ser etiquetado como pro K o anti K.

Si alguien quiere ostentar neutralidad u objetividad es criticado por "blando" o por hacerle el juego al adversario.

Resultó bien sintomático el reciente debate generado tras la entrevista de Mirtha Legrand a Macri, en la cual le hizo pasar un momento incómodo cuando el presidente respondió equivocadamente cuánto ganaba un jubilado.

La frase que la diva le espetó al presidente –"Ustedes no ven la realidad"– fue título de todos los diarios y generó un inusitado debate. En una situación que da la pauta de hasta qué nivel se llegó, el diario Clarín le dedicó a la diva –que acaba de cumplir 90 años– un duro editorial, en el cual le recrimina no haber tenido la misma dureza con otros gobiernos.

En el editorial se le recordó a Legrand que hasta hace poco se jactaba de haber hecho ganar a Macri y que ahora se comporta como una votante desilusionada. En realidad, la palabra que trascendió de la nota fue "avinagrada". El tema, como no podía ser de otra forma, dividió de inmediato el ambiente en otra dura batalla. El periodista de espectáculos Jorge Rial editorializó en favor de la diva. Mientras que en un programa opositor, como entrevistado invitado, el comediante Alfredo Casero afirmó que "Mirtha tendría que tenerle un poco más de respeto al presidente".

Además, afirmó que estaba dispuesto a dar su vida en caso de una intentona golpista, y cada vez que se refirió a Cristina K la llamaba "Doña Porota".

En pocas horas, #Porota se había transformado en uno de los hashtags de mayor difusión en Twitter. Al día siguiente, el debate sobre Mirtha continuaba con una nota de Luis Majul en el diario La Nación titulada "Cómo se entrevista a un presidente", que fue objeto de mofas de todo tipo en las redes sociales.

De Bilardo a Laclau

Con semejante clima, resulta casi imposible informar y debatir con seriedad sobre ningún tema. Toda la agenda nacional, desde la caída en el consumo hasta los cortes de los piqueteros, desde la publicidad estatal, los partidos de fútbol hasta el reciente feriado del 24 de marzo en recuerdo del golpe militar, o la citación a juicio oral para la expresidenta hasta el conflicto salarial de los docentes: todo está cruzado por la "grieta".

El conflicto docente, un clásico de todos los comienzos de año, escaló hasta convertirse en una confrontación de visiones de país.

Los maestros alegan defender la escuela pública en contra de la intención privatizadora de Macri. Aprovechando un furcio del presidente en un discurso, se transformó en lema la frase "Yo caí en la escuela pública", que hasta tuvo el condimento de una foto escolar de la expresidenta subida a Twitter.
Del lado de enfrente, surgió la acusación a los docentes por su tendencia al ausentismo y por los pésimos resultados de una prueba evaluatoria entre los alumnos.

La persona más conforme con este nivel de debate, si estuviera vivo, posiblemente hubiese sido el filósofo y ensayista Ernesto Laclau, que murió hace tres años.

Laclau fue, durante el kirchnerismo, el principal teórico sobre la necesidad de que un gobierno populista debía generar un "relato" y establecer, como forma de gobierno, un permanente estado de confrontación.

Según ese planteo, no hubo progreso social en la historia que no haya surgido de los conflictos y sin afectar intereses de los grupos que concentran el poder.

Acaso el kirchnerismo como fuerza política se diluya en el tiempo y sufra un revés en las próximas elecciones legislativas, pero la herencia de esa "grieta" se muestra más vigente que nunca.
Y hace extrañar los tiempos en los que el principal debate entre los argentinos –sobre todo los futboleros– era el que dividía a los menottistas de los bilardistas.


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