La historia de las leyendas vivientes

En dos semanas los Rolling Stones se presentarán por primera vez en Montevideo. Este es un buen momento para repasar su obra
Dos décadas atrás los Rolling Stones ya eran una banda de "ancianos" cuya supervivencia causaba a la vez admiración y burla. En un episodio de 1995 de la serie Los Simpson donde se imagina un futuro distante, puede verse en el dormitorio de una Lisa Simpson ya universitaria el afiche de una supuesta gira de los Stones en 2010. El afiche juega con el titulo de su álbum de 1989 Steel Wheels (ruedas de acero) cambiándolo a Steel Wheelchairs Tour (gira silla de ruedas de acero).

En 1995 la banda hacía un año que había editado su veinteavo álbum Voodoo Lounge y estaba –como casi siempre– emprendiendo una gira mundial. Si ver a los Rolling Stones activos en 1995 parecía milagroso, pensarlos en 2010 aun en carrera, era para los guionistas de la serie un chiste absurdo.

Sin embargo, no lo es. Estamos comenzando 2016 y los Rolling Stones van a tocar en el Estadio Centenario en un par de semanas.

Si juzgamos por los videos de la gira que pueden verse en YouTube, Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood están lejos de necesitar sillas de ruedas. Su performance en los escenarios sigue siendo increíblemente poderosa. En 1992 le preguntaron a Keith Richards hasta cuando la banda pensaba seguir activa, él contestó: "Sería un terrible desperdicio para nosotros haber llegado tan lejos y no seguir adelante". Hoy, las edades sumadas de los cuatro integrantes de los Stones, dan 288 años.

Y es un fenómeno difícil de explicar para la ciencia médica –teniendo en cuenta la forma en como vivieron esos años– que estás personas no solo sigan vivas sino que estén recorriendo el mundo y dando conciertos que agotarían a cualquier joven de 20 años. ¿Porqué parar la máquina cuando en todo el mundo –Uruguay incluido– hay gente que llena estadios para ver su espectáculo?

Y mucho más cuando esa máquina, además de envidiable estado fisco, dinero y publicidad se asienta en una obra que marcó a la música popular de la segunda mitad del siglo XX.

De misioneros a chicos peligrosos

Rolling Stones

Mick Jagger, Keith Richards y Brian Jones, acompañados por Dick Taylor y Mick Avory tocaron por primera vez bajo el nombre de The Rollin' Stones en el Marquee Club de Londres el 12 de julio de 1962. Su repertorio estaba integrado en exclusividad por temas de blues y rock and roll norteamericano. No hacía demasiado que habían aprendido a tocar sus instrumentos y los unía su fervor por la música que interpretaban. Se veían a sí mismos como misioneros cuya labor era dar a conocer al resto del mundo el blues negro norteamericano. De hecho habían tomado el nombre del grupo de una de las canciones de su máximo héroe Muddy Waters.

Sus gustos no eran los de la mayoría, pero tampoco eran tan raros. Para los jóvenes blancos ingleses era más fácil escuchar esa música que para sus pares del otro lado del Atlántico. Los bluseros negros norteamericanos eran casi desconocidos por el gran público de Estados Unidos, debido a la segregación racial, pero se escuchaban en Inglaterra por una élite intelectual de clase media, que consumió esa música llegada durante la Segunda Guerra Mundial por los soldados estadounidenses. Había en Londres una movida, pequeña pero accesible, dedicada a ese estilo.

Los Stones –Jagger, Richards, Jones y sus posteriores compañeros Bill Wyman y Charlie Watts– no fueron los primeros ingleses en hacer blues y no eran los mejores cultores locales del género. Pero en 1964 ya eran estrellas pop en Inglaterra.

Muchas veces se ha dicho que en ese ascenso vertiginoso tuvo mucho que ver Andrew Log Oldham, su primer manager e improvisado productor artístico. Oldham fue para los Stones lo que fueron para los Beatles Brian Epstein y George Martin. De la misma manera que Epstein con los Beatles, Oldham sacó a los Stones del circuito subterráneo, modelando imagen y postura de la banda para comercializarla masivamente. Si Epstein convirtió a los rebeldes, roqueros y desprolijos Beatles en un grupo de jóvenes educados y de traje, Oldham hizo exactamente lo contrario. La frase "¿Usted dejaría que su hija se case con un Rolling Stone?", acuñada por el propio Oldham, era el sello del grupo, contracara de los carilindos y elegantes Beatles. Los Stones no usaban "uniforme" para tocar, algo bastante inusual en los grupos pop de la época, no sonreían en las fotos y lucían, pese a ser un grupo de estudiantes de clase media, como chicos peligrosos.

A pesar de su total desconocimiento musical y técnico, Oldham hizo también de productor artístico de sus primeras grabaciones. Alguien dijo que mientras los Beatles tenían a George Martin que les pulía sus obras, los Rolling tenían a Oldham que se las ensuciaba.

Además, el manager supo explotar las innatas cualidades de showman de Jagger. Se ha acusado, con cierta razón, a los Stones, y en especial a Jagger, de machista y misógino en sus canciones y actitudes. Su magnética presencia escénica, sin embargo ayudó a cambiar el concepto de sensualidad masculina, aportando un toque de ambigüedad sexual que marcó la manera en como muchos artistas se mostraron en escena a partir de entonces.

La estrategia de marketing de Oldham pudo ser brillante, pero tenía en que sostenerse. Si uno escucha el primer LP de la banda editado en 1964, puede apreciar que además del excelente repertorio elegido (hay solo tres temas originales), los Stones tenían algo más que no estaba en los otros grupos británicos de blues. Los cinco jóvenes londinenses parecían entender mejor que sus colegas que detrás de esa música no solo había excelentes líneas de guitarra y grandes melodías.

Ya en esas grabaciones hay una energía que traslada toda la carga de oscuridad, sexo y rabia de los temas originales al contexto de la revolución cultural que se estaba comenzando a gestar en la música pop. Las versiones de la banda no son tan buenas como las originales de Chuck Berry, Slim Harpo, Jimmy Reed o Willie Dixon, pero capturan su esencia, y, a la vez, convierten canciones hechas en otro contexto y época en algo contemporáneo. Eso fue algo que el público del momento pareció captar enseguida.

Esa energía primitiva, pero a la vez muy a tono con el aire de los tiempos, está en la primer gran canción de Jagger y Richards, la increíble (I Can't Get No) Satisfaction. La canción ideada musicalmente por Richards tiene el riff guitarrístico más recordado de la historia, tanto por sus tres notas como por su entonces particular distorsión, unida a una letra creada por Jagger que parece ser sexual, pero que está más centrada en la alienación y la falta de motivación en un mundo que parecía no ofrecer nada nuevo a una generación criada después de la guerra.

Satisfaction - The Rolling Stones

La canción editada en el crucial año de 1965, el mismo en que se lanzó la canción My Generation de The Who, ha demostrado tener una enorme vigencia y sigue siendo un himno de hastío juvenil. Así lo entendió, por ejemplo el Peyote Asesino (banda muy alejada de la propuesta stone) que hizo una versión con toques hip hop del tema en su disco debut de 1995.

Si Satisfaction fue la canción que definió a los Rolling Stones, Aftermath (1966), fue el disco que comenzó a mostrar que el grupo era algo más que un muy buen "traductor" de la música negra estadounidense.
El álbum es el primero en estar compuesto en su totalidad por temas originales de Jagger y Richards y el que más se despega del modelo blusero-roquero de los inicios. Allí están canciones como Lady Jane, Under my Thumb, Out of Time y –en la edición estadounidense– la maravillosa y extrañísima Paint it Black.

Muchas veces se ha dicho que Brian Jones fue el primer líder de los Rolling Stones y fue perdiendo terreno cuando Jagger y Richards comenzaron a componer y la banda se alejó de sus comienzos bluseros. Sin embargo en este disco, además de seguir mostrando su gran talento como guitarrista especialmente usando el slide, es él el responsable de añadir nuevos e inesperados instrumentos y sonidos al grupo.

La personalidad inestable de Jones y su uso abusivo de drogas fueron limitando cada vez más sus aportes al grupo, que terminó echándolo en junio de 1969, integrando al guitarrista Mick Taylor. Un mes después de su expulsión apareció muerto en la piscina de su casa en circunstancias nunca aclaradas.

La época dorada

Rolling Stones Sticky Fingers

Los Rolling Stones bajo la influencia de Oldham eran la contracara de los Beatles, siendo la "segunda banda más popular del planeta". Cuando la banda se apartó del manager, la presión de seguir siempre al grupo de Liverpool se disipó y liberó al grupo creativamente. En el periodo que va de 1968 a 1972, los Stones demostraron que no necesitaban ningún némesis en su carrera, y que todo el barullo extramusical generado en torno a ellos, era solamente ruido de fondo.

Si alguien quiere convencerse de la importancia de los Rolling Stones en la historia de la música rock no tiene más que escuchar la seguidilla de álbumes Beggars Banquet (1968), Let It Bleed (1969), Sticky Fingers (1971) y Exile On Main Street (1972), todos producidos por el estadounidense Jimmy Miller. Allí está el pico creativo del grupo, allí se terminó de cerrar el sonido que definimos hoy como "stone" y allí están muchas de las mejores canciones de la banda.

Quizás el legado más perdurable del grupo ha estado en su inconfundible sonido, desarrollado desde sus inicios, pero que terminó de definirse en esos años. La guitarra de Keith Richards como sostén rítmico de la banda y la interacción entre éste y el baterista Charlie Watts es la base de ese sonido.

La participación de dos guitarristas que interactúan entre sí, sin que haya una guitarra líder, es otro sello que terminó de desarrollar Richards en ese tiempo. Ya lo había hecho con Brian Jones, luego lo amplió con Mick Taylor y por último con Ron Wood, tal vez el guitarrista con el que mejor se entendió.

Mick Jagger se convirtió en un vocalista excepcional que fue descubriendo nuevos recursos, como su increíble falsete, en esos años. Un cantante capaz de parodiar clichés de varios géneros, tomar cosas tanto de los maestros de la música negra como de Bob Dylan, ser sensual, dramático, histriónico, minimalista, divertido u oscuro a veces en una misma canción. También se reveló como un soberbio melodista (talento que comparte con Richards) y un letrista capaz de pintar un momento –social, histórico o íntimo­– en pocas palabras. La tensión creativa entre la dupla Jagger-Richards y su lucha de egos, ha contribuido también a que los Stones sean lo que son.

El negocio

Rolling Stones

Los Stones siguieron siendo muy relevantes en los siguientes años de la década del 1970, tanto a nivel popular como musical. Incorporaron nuevos ritmos negros como el funk , el reggae y hasta la música disco a su propuesta de forma muy creativa.

En 1974 Taylor dejó la banda siendo suplantado por Ron Wood. Con él lograron uno de sus mejores discos, Some Girls (1978), desmintiendo un ocaso del que ya se hablaba en esa época. Y se mantuvieron musicalmente frescos hasta 1981 cuando editaron el excelente Tattoo You. En 1991 Bill Wyman dejó el grupo. El puesto de bajista fue cubierto por Darryl Jones que se transformó en un colaborador permanente del grupo.

Pero, hace más de tres décadas que la propuesta de la banda no ha evolucionado y sus discos, aunque siempre tienen alguna canción interesante, parecen repetir la fórmula que ellos mismos crearon.

A la vez, la banda se fue transformando para muchos en un símbolo de lo peor del devenir del rock, una música reaccionaria y auto indulgente, que no acepta los cambios y que se plegó con gusto al capitalismo corporativo. Hace tiempo que los Rolling Stones son una empresa que fue buscando nuevos mercados en giras cada vez más globales y faraónicas, y mucho más relacionadas con el gran espectáculo que con la música, vendiendo una imagen del rock cada vez más caricaturesca.

Pero, a la vez, esa maquinaria mantiene increíblemente viva la oportunidad de ver a un grupo que marcó la historia del rock y que creó alguna de sus obras más memorables. Y contra todo pronóstico ha mantenido a sus integrantes en forma envidiable.

Puede que el recital del 16 de febrero en el Estadio Centenario no sea "el show más importante de la historia de Uruguay", como se lo ha promocionado, pero sin duda será un espectáculo excelente e inolvidable, que mostrará de primera mano parte de la mejor banda de sonido del siglo XX.

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Andrés Torrón