La lechería busca recuperarse

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
El paso de un año a otro siempre da la posibilidad de analizar los temas con renovadas expectativas. En especial si de la actividad productiva se trata, ya que nos enfrentamos a un nuevo ciclo. Al culminar 2016 escribimos un artículo de balance en el que señalamos luces y sombras de los principales rubros de agro uruguayo. Y hoy retomamos los comentarios sobre la lechería, quizá el primer rubro al que hay que recuperar.

Si nos atenemos a las cifras divulgadas en diciembre pasado por el Instituto Nacional de la Leche (Inale), 2016 fue un año de números adversos. Para empezar, la producción en los tambos, principio acaso de la cadena láctea, mermó 10%, al sumar un total de 1.791 millones de litros remitidos a las industrias.

No le fue en zaga el precio de la leche al productor, que cayó 2% medido en pesos, con un promedio de $ 8,20 el litro, en tanto que considerado en dólares la baja fue de 15%, situándose el promedio de US$ 0,27 el litro. Según los datos divulgados por Inale, el precio recibido por la industria se ubicó en US$ 0,36, lo que significó 22% menos que el año anterior.

Como lógico corolario provocado por la caída de precios internacionales de los productos lácteos, que recién comenzaron a repuntar en el último cuatrimestre del año, Uruguay cerrará 2016 con US$ 570 millones por concepto de exportaciones, cuando en realidad supimos superar los US$ 800 millones.

No toda la culpa la tiene la producción, sino que un factor clave para los lácteos, al igual que ocurrió con otros alimentos como la carne, fue la desaceleración de la economía mundial. Pongamos como ejemplo la leche en polvo entera, que es el principal producto lácteo uruguayo de exportación.

Durante 2016 se colocaron 128 mil toneladas de leche en polvo entera en los mercados, lo que representó un volumen 40% superior al de un año antes, pero el ingreso de divisas, que alcanzó a US$ 318 millones, significó 15% menos que en 2015. Y no se puede decir que Uruguay se movió mal en los mercados, puesto que tuvo que apelar a un gran esfuerzo para sustituir el derrumbe de Venezuela, que desapareció como comprador, amén de las dificultades que hubo para cobrarle lo adquirido.

Apareció por suerte en el horizonte Brasil, que siempre estuvo pues es el segundo socio comercial de Uruguay, detrás de China, y sorprendieron también las compras de Argelia. Luego Cuba, China y Rusia, en ese orden, completaron los cinco países compradores de la leche en polvo entera uruguaya.

La seguidilla de dificultades que vivieron los productores lecheros durante 2016 incluyó la adversidad climática, con un verano seco y un otoño con exceso de lluvias, cuyo punto culminante fueron las precipitaciones de abril pasado, un momento clave para los verdeos y otros forrajes. Si bien muchos rebajaron la calidad de la dieta, en su mayoría los tamberos debieron gastar extra para alimentar sus vacas, base esencial de la producción lechera.

Ello derivó en un endeudamiento creciente, que ya se venía arrastrando. Hubo momentos de iliquidez que se reflejaron en la venta de vacas, la máquina de producción. Según datos de Inale, durante 2016 se enviaron a faena 112 mil vacas lecheras, 1% más que durante 2015.

Apareció un nuevo fondo lechero como forma de auxilio financiero, que ofició en parte como una herramienta para refinanciar las deudas y poder seguir adelante. El año 2017 asoma con mayor optimismo por la paulatina suba de precios de los lácteos, pero la recuperación no será fácil ni inmediata. Esperamos que se concrete.


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