La meta del espejo finlandés

Es mucho lo que hay que hacer si Vázquez está ahora decidido a que la enseñanza pública reduzca sus abismales diferencias con la de Finlandia.
Cuando alguien se mira al espejo, se regodea con la propia apostura o se amarga por su mal aspecto. Mirarse en el de Finlandia en materia educativa, como el presidente Tabaré Vázquez anunció en Helsinki que hará, muestra sin levante nuestra pobreza en ese campo y evidencia presuntamente el deseo de cambiar, para que el reflejo se acerque al del ejemplo escandinavo. Las tres administraciones del Frente Amplio lo han prometido una y otra vez pero sin concretarlo, bajo el peso de la mansa tolerancia gubernamental, la incompetencia de las autoridades del área y la oposición de los sindicatos docentes a reformas de fondo. Es mucho lo que hay que hacer si Vázquez está ahora decidido a que la imagen reflectiva de la enseñanza pública reduzca sus abismales diferencias con la de Finlandia.

La deserción estudiantil en ese país es virtualmente nula, de apenas el 0,6%, cifra que algo contrasta con el 40% de los estudiantes uruguayos que no terminan bachillerato. Mientras el 10% de los mejores alumnos finlandeses de secundaria eligen la carrera del magisterio con sólida formación educativa, cerca del 70% de los docentes en nuestro país son estudiantes fracasados que aterrizan en la enseñanza por descarte. Y el avanzado marco curricular común finlandés adopta técnicas avanzadas de conocimiento, adaptadas a las exigencias del mundo actual, proceso que en Uruguay sigue perdido en la noche de los tiempos. El resultado se advierte en que mientras Finlandia está al tope de las pruebas internacionales PISA, Uruguay sigue hundido en el fondo porque el 40% de los estudiantes liceales carecen de las habilidades mínimas en matemática y otras áreas. Si se mitigan estas diferencias, llegará el momento en que pueda hablarse con fundamento de mayores recursos fiscales para una enseñanza pública con mejores resultados y salarios más altos para docentes más competentes.

Impresionado por los avances finlandeses en materia educativa. Vázquez, en conferencia de prensa conjunta con el presidente finlandés Sauli Niinistö, aseguró que buscará "un profundo trabajo de cooperación entre los dos países" para sacar del atraso a la formación docente y el diseño curricular.
Su anfitrión prometió ayudar a Uruguay en este campo, algo que Finlandia ya había ofrecido en 2013 cuando el senador Jorge Larrañaga visitó ese país, pero que quedó archivado en los cajones del oficialismo autóctono. Si nuestro gobierno ahora va en serio, tendrá que empezar por poner al frente del área educativa a personas comprometidas con las reformas que se necesitará implementar. No cumplen estos requisitos ni la ministra de Educación y Cultura, que denigró a las personas designadas en esa cartera para modernizar la enseñanza pública y que se esfumaron de la escena oficial, ni el presidente de ANEP, Wilson Netto, que le puso exitosamente la proa a las reformas aprobadas por Vázquez y luego abandonadas.

Vázquez dijo en Helsinki que "para el gobierno uruguayo (la educación) es el tema más importante a desarrollar". Lo mismo dijo antes en varias oportunidades, como lo hizo también José Mujica en su período presidencial. Para el futuro económico del país y la formación de nuestra descuidada juventud es esencial que ese pronunciamiento no quede otra vez en la lista de declamaciones olvidadas. Es el único camino para que el espejo finlandés nos devuelva una imagen uruguaya, si no igual, al menos parecida.

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El Observador

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