La metástasis del mal

Hoy se estrena en EEUU la última temporada de Breaking Bad, en la que el profesor de química devenido en “cocinero” de metanfetaminas culminará su transformación y mostrará su lado más malvado

El lado oscuro es en los mundos de ficción un lugar de redención y toma de poder para muchos personajes débiles. Cuántas películas han contado cómo el flojo del grupo, aquel del que todos se ríen, la persona dolorosamente incomprendida o fracasada, encuentra en el mal una fuerza regeneradora que le insufla un vigor que, tarde o temprano, se termina volviendo en su contra.

Por suerte, la vida real no es tan maniquea. Cuenta de ello da la serie Breaking Bad, que este domingo estrena en Estados Unidos el primer capítulo de su quinta y última temporada. Walter White, quien supo ser en el pasado lejano un brillante y exitoso científico, termina repartiendo su vida entre dar clases de química en un liceo, lavando coches sumisamente para un jefe abusivo y siendo padre de una familia en la que el hijo mayor sufre distintas minusvalías.

La mariposa sale de su crisálida

Habiendo terminado la cuarta temporada, cuesta asociar al implacable, impasible y desafiante Walter actual con aquel señor vencido por la vida al que le fue diagnosticado un cáncer para cuyo tratamiento no tenía dinero.

Fue ese hecho el que empedró un camino sin retorno, que lo llevó a aliarse con Jesse Pinkman, un exalumno y dealer de poca monta, para iniciar un pequeño laboratorio de metanfetamina. En las manos del químico, la sustancia se terminaría convirtiendo en la mejor que jamás conoció la frontera entre Estados Unidos y México.

En este descenso a los infiernos, la metástasis del cáncer fue liberando a Walter, o mejor dicho, fue siendo desplazada por otra. Primero para pagar las cuentas y luego para asegurar un bienestar económico a su familia ante su eventual muerte, Walt empieza a coquetear con una maldad que con el tiempo se va convirtiendo más en un satisfactorio fin en sí mismo, que en el medio que supo ser.

En el rol que debe tomar en el mundo del narcotráfico, el “señor White” encuentra un amor a sí mismo que se había negado en el pasado.En la lucha por tomar las riendas de una actividad delictiva en creciente descontrol, Walt se yergue como indiscutible motor narrativo de la serie y termina involucrando de un modo u otro a todo aquel con quien se relaciona.

Desde su esposa a su ya de por sí corrupto abogado, pasando por Hank, su cuñado de la agencia antidrogas DEA – que sin saberlo, lo persigue–, su propio hijo o incluso todos aquellos muertos que salpican su pueblo tras estrellarse en un avión, están afectados por las acciones de Walt.

Se acerca el agua

Tras una ristra de capítulos de infarto, la cuarta temporada bordó su final y regaló sosiego con una última palabra pronunciada por Walt: “Gané”. La promoción de la nueva temporada despeja las dudas sobre si, después de haber eliminado a los grandes capos de la droga en la frontera y haber alcanzado un cierto bienestar económico, Walter abandonará el negocio y volverá a su insatisfactorio remanso de paz. 

La respuesta está en cuatro palabras: Hail to the king (“Saluden al rey”). Aunque ya se sospechaba, esto lo confirma: ahora que lo tiene, Walter no piensa bajarse del trono de la metanfetamina y, para ello, ya no necesitará más excusas. Finalmente elige un camino que reafirma su individualidad.

Como él mismo dice en uno de los cinco trailers lanzados antes del estreno: “He dejado de justificarme”. La necesidad de objetivos nobles para explicar sus acciones desaparece cuando dice que “hay oro en las calles esperando a que alguien lo saque”.

Por lo que sugieren los avances y por lo menos al principio de la temporada, los enemigos ya no vendrán de afuera, sino que estarán dentro de su propia casa. Walt es consciente de que ya no está en peligro, sino que es él mismo el peligro y a Skyler, su mujer, no le queda duda: “Alguien tiene que proteger a esta familia del hombre que protege a esta familia”.

Sin embargo, su impunidad no será tan segura. El último plano de la cuarta temporada muestra, en la terraza de la casa de Walt, una maceta con un lirio del valle. Minutos antes, Jess, su (a pesar de todo) fiel socio, le contaba cómo el hijo de su pareja había sido envenenado con un fruto de esa planta. El hecho no debe sorprender: Walt dejó morir, un par de temporadas atrás, a la que fue su novia.

Además, Hank, en su incansable búsqueda de la fuente de metanfetamina, seguirá pisándole los talones, a lo que, se puede suponer, Walt no reaccionará bien. Como dice Vince Gillian, creador de este orfebre, en esta última etapa Walter logrará mudar finalmente su piel, mostrando las escamas de su perversidad.

El protagonista de Breaking Bad tiene a sus enemigos bien cerca, solo que ellos aún no lo saben. Igual que consta en los barriles de los químicos que utiliza para crear su “meta”, la situación de Walt se volverá en estos últimos capítulos “extremadamente volátil”. 

Un final agónico

Todas las pistas apuntan a que Breaking Bad tendrá un final de lo más doloroso y no solo en lo que refiere a la historia. La última temporada será ligeramente más larga que las dos anteriores. Tendrá 16 capítulos, solo que repartidos en dos tandas de emisiones. La primera empieza este domingo en Estados Unidos. La segunda, dentro de un año.
El desenlace de Walter White será largo y agónico. Tanto para él como para sus fans.


Fuente: Andreu Belsunces Gonçalvez  

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