La moneda es libertad acuñada

Esta célebre frase del gran escritor ruso Fedor Dostoievski, es muy pertinente en estas épocas

Esta célebre frase del gran escritor ruso Fedor Dostoievski, es muy pertinente en estas épocas en que los gobiernos ( y no solo el nuestro sino también otros de países desarrollados) tienden a desalentar o lisa y llanamente a prohibir el uso de dinero en efectivo para el pago de bienes y servicios que compra. Lo más notable fue la decisión de nuestro gobierno de establecer la prohibición de pagar en efectivo en los taxis y en las estaciones expendedoras de gasolina, aunque también comienzan a entrar en acción varios artículos de la llamada Ley de Inclusión Financiera para pago de arrendamientos, impuestos, salarios, etc.

Pero la medida respecto de taxis y estaciones de servicio es la que ha generado más polémica. Algunos la ven como el único remedio para evitar los asaltos a los taxis, que muchas veces conllevan el ataque al conductor y terminan con su muerte o graves heridas. Quitando el efectivo de los taxis y de las estaciones de nafta, argumentan, el incentivo al robo desaparece ya que no hay “nada” para llevarse. Y apoyan la idea de aceptar solo el pago por medios electrónicos. Otros, que conocen más a fondo la interna en la industria del taxi ven la desaparición del efectivo como algo negativo, incluso algo que puede desalentar la contratación de viajes y complicar las relaciones laborales entre dueños y empleados. Y señalan, no sin razón, que además no se ataca el problema de fondo –la delincuencia y su creciente auge- sino que se la corre de lugar. Y es lógico suponer que quienes hoy roban en taxis y estaciones de servicio, al no poder hacerlo por falta de efectivo, se desplazaran hacia otros objetivos (gente caminando en la calle, almacenes o tiendas de barrio, etc.). El delito no se detiene con esta medida y el delincuente no se va a quedar en su casa. Lo único que se evita es la protesta del sindicato del transporte, que tiene mucho poder y lo hace sentir para molestia de las autoridades y del público en general cada vez que hay un robo con heridos o muertos.

Pero sobre el fondo de la cuestión, es poco y nada lo que se avanza y más bien se retrocede en cuanto que la delincuencia va ganando espacios, a los que solo se escapa con la prohibición draconiana de pagar en efectivo. Todo ello limita el ámbito de libertad de la persona. En efecto, el dinero, que sirve para comprar todo, va quedando limitado y se excluye de su uso algo tan cotidiano como elegir el medio de transporte. Quien tiene efectivo y puede pagar con el a su arbitrio, se puede tomar un taxi, subirse a un ómnibus o tomarse un café en la esquina. Si el efectivo no sirve como medio de pago, de poco sirve más que para ver cómo pierde su valor por efecto de la inflación. En cambio, el efectivo funcionando a pleno, abre las posibilidades de que la gente lo cambia por bienes y servicios que compra o lo recibe por bienes o servicios que vende. Cuando apareció la moneda y el hombre dejó atrás el trueque, su ámbito de libertad se expandió notablemente: ya no estaba obligado a vender a quien le pagara con algo que le fuera útil, y lo mismo ocurrió con las compras.

La reducción forzosa del uso del efectivo limita en cambio esas posibilidades. Por ello, hay una gran verdad en la frase de Dostoievski: en la moneda hay libertad, libertad de decidir y de optar, de comprar una cosa o la otra, o de ahorrar. Y esa libertad está acuñada y por tanto no se puede conculcar fácilmente y no es bueno reducir ese ámbito de libertad.

Lo que sí se podría hacer es, respetando la libertad, poner incentivos al uso de medios de pago electrónicos. Y que sea cada individuo el que elija y que sea cada taxista el que decida si desea aceptar efectivo o no. Y lo mismo respecto al uso del medios de pago electrónicos para el resto de las transacciones. La gente se bancarizará si ve beneficios en ello y no simplemente por orden del superior gobierno. Preservemos todo lo posible la libertad para elegir y si el gobierno no ve conveniente determinada elección, que trate de poner incentivos que sea más favorable tomar el otro camino. Pero hoy por hoy, la moneda es libertad acuñada. No dejemos que nos la restrinjan para solucionar problemas que deben solucionarse de otra manera. Si no, un día nos van a prohibir circular con reloj y celular que son elementos fáciles de robar.


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