La nueva tendencia de los libros que quieren ser destrozados

El mercado editorial explota –y explora– una nueva tendencia que busca capturar a los lectores más jóvenes con ejemplares cuyo principal objetivo es ser intervenidos de manera creativa y artística
Parece contradictorio comprar un libro no para leerlo sino para intervenirlo, destrozarlo y romper con esa concepción de que los ejemplares son piezas intocables que infunden y merecen el respeto de los lectores. Sin embargo, se trata de una realidad que se está dando a nivel mundial. Una nueva tendencia que ha llegado a las librerías y que desde el año pasado ya tiene sus propios ejemplares a la venta en las tiendas uruguayas. Los libros interactivos o de intervención (no poseen un género literario específico aún) escalan en las listas de los libros más vendidos para jóvenes y adolescentes –ya que su abanico de público se extiende de los 10 hasta los 30 años– y comienzan a llamar la atención de las editoriales que cada vez más buscan financiar y sacar a la venta este tipo de libros.
La premisa es bastante concreta y plantea en cada página una propuesta sencilla que busca provocar al lector e invitarlo a intervenir el libro. Dibujar, pintar, rayar, quemar y mojar con café las páginas son algunas de las cosas que los libros de intervención le sugieren hacer a sus lectores.

Destroza este diario, por Keri Smith, es uno de los ejemplos que más éxito ha cosechado en todo el mundo. El libro se posicionó como el más vendido en el verano español (superó las 200 mil ventas), México, Colombia y Argentina, país en donde llegó a vender más de 50 mil ejemplares según datos de Editorial Planeta. Smith es considerada una "artista de la guerrilla", un tipo de arte que tiene sus raíces en la intervención creativa de objetos cotidianos y otras obras de arte. Se define a sí misma como una "artista conceptual" y la intención principal de su trabajo con Destroza este diario es generar una obra abierta que el lector deba completar con sus propias piezas. Su libro busca ser un despertador de sensibilidad que motive a los lectores a observar el mundo que los rodea desde una perspectiva original.

Claudia Garín, editora de Editorial Planeta en Uruguay, explicó a El Observador que los libros de intervención son exitosos precisamente porque establecen un vínculo con el lector. "Son objetos en los que las personas plasman sus experiencias y van superando desafíos", dijo. Y agregó que los libros de intervención son "compañeros" y hasta un poco contraculturales.

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De todas formas, su aparición no es una tendencia aislada. Hace tiempo ya que los lectores vienen buscando este tipo de propuestas editoriales alternativas y con las cuales involucrarse más allá del texto.

Los libros para pintar mandalas o aquellos para niños que vienen sin dibujos pero con páginas libres para que ellos mismos los creen –como El libro sin dibujos, de B.J. Novak, que llegó hace tan solo unas semanas a Uruguay– están también pisando fuerte en el mercado editorial y ganando adeptos muy rápidamente. Para Garín, la expansión de las redes sociales tiene mucho que ver con esta búsqueda de las personas por separarse un poco de la tecnología y experimentar distintas modalidades de expresión. Destroza este diario tiene cuatro ediciones distintas, que buscan identificar al lector dependiendo del estilo de su tapa y sus diferentes instrucciones. De Keri Smith también puede adquirirse Acaba este libro y Esto no es un libro.

Otro de los libros interactivos más exitosos es El libro troll, del youtuber El Rubius. Si bien su premisa es menos artística que la obra de Smith y apela más al sentido del humor, Rubius plantea página a página un juego distinto y diversas pruebas que los lectores deben ir superando. Aún así su objetivo es que los lectores lo destruyan durante el proceso. "Si has llegado hasta aquí y tu libro troll aún se mantiene en pie, es que no te has esforzado mucho", dice El Rubius en la última página.

Youtuber El rubius

Los libros de intervención ya tienen un lugar cómodo en las estanterías y son preferencia de cierto grupo de lectores. Al contrario de cómo piensan algunas escuelas editoriales, no necesitan de aplicaciones o correlatos en internet para alcanzar buenas ventas. Es cierto que de lectura tienen poco, pero son un recurso válido para por lo menos acercar a un lector inexperto a una librería.

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