La OEA en crisis cuando aborda a Venezuela y sus números rojos

Mientras se pelea con el gobierno de Maduro intenta centrar su gestión en democracia y DDHH
Carol Morello para The Washington Post

Mientras Venezuela se encuentra al borde del colapso económico, sus problemas están enturbiando a la Organización de los Estados Americanos (OEA), una institución que se enfrenta a su propia crisis financiera extrema con un nuevo líder que está empujando a que se centre más en los derechos humanos y la democracia.

Con sede en Washington, la OEA celebró su Asamblea General esta semana en medio de una crisis económica y política en espiral en Venezuela que colocó a la transformación en el tapete.

El secretario general, Luis Almagro, acusó al gobierno del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de violar la Carta Democrática de la organización, que requiere a sus miembros defender la democracia, y los estados miembros de la OEA están profundamente divididos entre los que apoyan a Almagro y los que ven su accionar como una intervención injustificada en los asuntos internos de Venezuela.

Como Almagro, excanciller uruguayo, puso en marcha un procedimiento que podría conducir a la suspensión de Venezuela de la OEA, él y Maduro intercambiarion insultos en Twitter y en una serie de cartas abiertas. En una andanada el miércoles, la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, dijo a la Asamblea General de la OEA que Almagro dirige un "linchamiento" contra su gobierno, por lo que recibió un aplauso cuando pidió a los miembros limitar sus acciones.

Allegados a Almagro dicen que sus esfuerzos para hacer retroceder el creciente autoritarismo en Venezuela reflejan tanto los principios como la realidad financiera de la OEA. Con muchos Estados miembros con atrasos en las contribuciones, el presupuesto de US$ 82 millones de la organización puede tener que soportar recortes de US$ 12 millones o más. Eso obligó a Almagro a comenzar a recortar algunos programas superfluos para destinar dinero a lo que considera las "competencias centrales" de derechos humanos y democracia.

"Él está diciendo: 'Si no vamos a hacer esto, ¿qué vamos a hacer?'", dijo Daniel Restrepo, exasesor del gobierno de Barack Obama para América Latina que ahora asesora a Almagro. "Él no va a alejarse de los problemas. Él no eligió este foro. Las circunstancias lo dictaminaron así. Si la OEA es seria sobre la defensa de la democracia tiene que hacer esto cuando la democracia se va fuera de los carriles".

Pocos gobiernos en la OEA esperan que se pase a una suspensión de Venezuela como miembro. El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, dijo el martes que Estados Unidos prefiere una solución a través de un diálogo con la mediación de tres ex presidentes latinoamericanos, y apoyó el referéndum para revocar a Maduro. Hasta ahora, sin embargo, Maduro señaló que no habrá referéndum antes del próximo año, una fecha crítica, ya que en la legislación venezolana cualquier retiro del poder después de enero daría lugar a que el vicepresidente asuma el puesto.

Si bien la postura de Almagro le generó prestigio en algunos sectores, también socavó su posición entre algunos países miembros que están aliados con el gobierno socialista de Venezuela. La canciller Rodríguez deliberadamente recalcó el sueldo de US$ 8.000 al mes de Almagro, al señalar que ese monto –enorme para los estándares de América Latina– es un pago "para actuar contra Venezuela".

En cierto modo, Venezuela puede no ser su mayor preocupación.

Cuando Almagro se convirtió en secretario general el año pasado, se hizo cargo del timón de una organización que ha estado funcionando en números rojos desde hace décadas. Aunque la democracia era uno de sus principios fundamentales, con el tiempo la OEA había tomado parte en otras misiones populares, como el desarrollo económico y un programa de becas.

Ahora, Almagro quiere dejar atrás algunos de esos programas y poner en marcha nuevas iniciativas, como una escuela de gobierno para enseñar ética y rendición de cuentas a los jóvenes políticos de América Latina.

Para hacer eso, necesita tener el presupuesto en un curso sostenible. Hoy, muchos de los 34 países miembros de la OEA en buen estado no han pagado sus cuotas durante muchos años.

Venezuela es uno de los mayores deudores. También Brasil, a pesar de que recientemente pagó su cuota de US$ 4 millones correspondiente a 2014. Estados Unidos contribuye actualmente con 60% del presupuesto total de la OEA y es por lejos el mayor contribuyente a las organizaciones relacionadas, como por ejemplo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Con 78 empleados encargados de investigar violaciones a los derechos humanos en más de tres docenas de países, es una prioridad para Almagro, dijo un asesor.

Entre los casos de alto perfil, la Comisión investigó en los últimos años el secuestro masivo y la desaparición de 43 estudiantes en México en 2014, las desapariciones de civiles durante la dictadura militar de Argentina en la década de 1970 y las condiciones de los detenidos en la base estadounidense de Guantánamo, Cuba.

Cada año, la Comisión de Derechos Humanos recibe 2.000 nuevas peticiones de ayuda.

James Cavallaro, uno de los siete comisionados, dijo que 40% del personal tendrá que ser despedido a finales de julio si no recibe garantías de las contribuciones para financiar su presupuesto de US$ 9 millones. Dijo que había conseguido algunos compromisos, pero no lo suficiente durante la asamblea general de la OEA.

Almagro cambió el enfoque de la organización para los derechos humanos y la democracia, pero sin embargo corre el riesgo de alienar a algunos estados miembros que encuentran incómodo que ese sea el centro de atención.

Hasta ahora se deshizo de los críticos. "El secretario general está básicamente posicionándose a sí mismo como el abanderado, el perro guardián de la democracia y los derechos humanos", dijo un asesor que habló bajo condición de anonimato debido a la controversia.

"Hay una gran brecha entre los principios y la realidad cotidiana en América Latina. Tal vez otras cosas se tendrán que ir", consideró el asesor.

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