La otra gran crisis migratoria que amenaza con prolongarse

Europa vive actualmente una de las mayores crisis migratorias de su historia debido, entre otras cosas, a la cruenta guerra civil que tiene lugar en Siria y que ha ocasionado el desplazamiento de millones de personas hacia el continente. Los mares Egeo y Mediterráneo se han convertido en el destino final de miles de vidas y los países por lo que pasa la ruta de los Balcanes han cerrado sus fronteras por el flujo masivo refugiados.

Sin embargo, el continente europeo no es el único que tiene problemas con la inmigración masiva, ya que el sureste asiático convive con una situación similar desde hace largo tiempo.

Los rohinyás son considerados por las Naciones Unidas como uno de los pueblos más perseguidos del planeta. Ese pueblo esta presente en varios países asiáticos, pero no están reconocidos como ciudadanos de ninguno de ellos. Según un informe de la BBC, hace un año miles de rohinyás se exiliaron de Birmania, país que consideran su tierra, buscando ingresar a Tailandia o Malasia en busca de un futuro mejor. En Birmania, a los miembros de este pueblo no se les permite casarse o viajar sin permiso y tampoco tienen la posibilidad de poseer propiedades y tierras propias. Para esos viajes utilizaron embarcaciones muy precarias o incluso llegaron a intentar alcanzar las costas tailandesas a nado, por lo que una cifra indeterminada de personas murieron en el intento.

Además, varios países los rechazaron en su momento. Finalmente, Indonesia y Malasia acabaron cediendo a la presión y autorizaron atracar a las embarcaciones de los rohinyás, con la condición de un reasentamiento, en un plazo de un año, de este grupo musulmán minoritario.

Hoy, varios meses después de estos episodios, los refugiados del sudeste asiático siguen a la espera de una resolución para su precaria situación. Cientos de ellos se encuentran confinados en centros de detención y algunos han vuelto a arriesgar sus vidas, poniéndose en manos de traficantes de seres humanos con la esperanza de mejorar su suerte.

"Aprendí a esperar", cuenta Sonamia, uno de estos refugiados, en un albergue temporal en la provincia de Aceh, en el extremo norte de la isla de Sumatra. Este hombre de 42 años todavía vive atormentado por las pesadillas de lo que se ha denominado como un cruel partido de pimpón: los migrantes van pasando de un país a otro en barcos, muy escasos de víveres y agua. "Me conmueve cada vez que me acuerdo; teníamos la impresión de que no éramos seres humanos", afirma.

Alrededor de 1 millón de rohinyás que huyeron de las persecuciones en Birmania fueron acogidos en Aceh, pero solo 300 de ellos se quedaron. Los otros zarparon de nuevo rumbo a Malasia, donde su suerte es igual de incierta, dado que en este país 371 rohinyás están encerrados en un centro de detención, según las autoridades locales. Estados Unidos había aceptado recibir a 52 de ellos, pero sigue sin saberse qué pasará con todos los demás, según explicó la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur).

Indonesia y Malasia no firmaron la convención de la ONU sobre los refugiados, lo que complica el proceso de reasentamiento, sobre todo en plena crisis migratoria en Europa, un continente que solía acoger refugiados. "Viendo el número de sirios que llegan por barco a Europa y la crisis a la que se enfrentan los países, en este contexto ahora es muy, muy difícil", explicó Thomas Vargas, representante de Acnur en Indonesia.

Desde el estallido de la crisis y tras las operaciones policiales, el número de migrantes ha bajado considerablemente, afirma un representante de Acnur en Malasia, que sin embargo aconseja permanecer alerta ante la gran capacidad de adaptación de los traficantes de personas.

Fuente: Agencias

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