La papeleta que falta

La votación de presidentes, plenarios y delegados es menos relevante que la definición sobre la orientación económica, que es lo que está en juego en el FA
Seguir tratando de mejorar la distribución del ingreso o caminar hacia una sociedad diferente, en la que no haya patrones ni empleados? ¿Seguir en el capitalismo o caminar hacia el socialismo?
No habrá papeletas con esa pregunta en los cuartos secretos de las elecciones internas de mañana en el Frente Amplio, pero en esa disyuntiva está realmente la definición más importante y más postergada que alguna vez deberá responder la coalición nacida en 1971.

Las tensiones actuales en el oficialismo son producto de la bifurcación ideológica que asoma en el horizonte de la izquierda.

La paciencia de los partidos o sectores convencidos de que lo mejor para el pueblo es la superación del capitalismo tiene un límite. Legítimamente esperan el momento de dar pasos firmes hacia un socialismo.

No es fácil eso. La amplia mayoría de la dirigencia del Frente está por una orientación socialista. Pero la amplia mayoría de los votantes del Frente no lo está.

Las batallas del presente sobre el presupuesto y las postergaciones de algunas partidas, las características del ajuste fiscal, los lineamientos para los convenios salariales y los intentos de acuerdos comerciales no son discusiones aisladas sino que se inscriben en esa disyuntiva ideológica.

No está el tema en forma explícita. Y el debate parece trasladarse a la primavera, cuando se realice el VI Congreso del Frente Amplio en el que se propone votar una "adecuación ideológica".

También ahí podrá eludirse una definición que sea excluyente de algunos sectores que no pueda aceptarla. Pero en algún momento estará planteado el cruce de caminos.

Mientras tanto, ese debate crucial se reaviva en forma permanente sin que se lo reconozca como tal.
Y eso influye en la discusión del gobierno sobre política económica, genera confusión en agentes económicos por dificultad de lectura lineal de los mensajes del oficialismo, y despierta expectativas en sindicatos, lo que se expresa a veces en picos de conflictividad.

En 1971, los esfuerzos para concretar una "unidad" lo más "amplia" posible requerían una definición programática que fuera amigable para todos los coaligados y eludiera las rispideces que durante tantas décadas habían impedido el acercamiento partidario.

Las expresiones de antiimperialismo y antioligarquía eran suficientes para aquella época en la que el interés estaba en asegurar una coalición, debutar electoralmente como tal y dejar cimientos para crecer.

Así llegaban los socialistas que adherían a la corriente de pensamiento desarrollada por el filósofo alemán Carlos Marx (1818-1883), de la mano de aquellos hermanos de los que se habían separado en 1921, los comunistas seguidores del revolucionario ruso Vladímir "Lenin" Ilich Uliánov (1870-1924). Y también de los afiliados al marxismo-leninismo del soviético Joseph Stalin (1878-1953).

Por otras vías llegaban grupos que buceaban en el concepto de hegemonía cultural del filósofo italiano Antonio Gramsci (1891-1937).

Y se sumaban otros que en los años de 1960 se habían inclinado al maoísmo del líder chino y creador de la República Popular China, Mao Zedong (1893-1976).

También en la fundación del Frente estaban los que siguieron la actualización marxista hecha por el ruso León Trotski (1879-1940) y otros seguidores de la adecuación que de ese pensamiento hizo el argentino Homero Cristali (1912-1981), que con el seudónimo de J. Posadas, y la 4ª internacional influyó en el Partido Obrero Revolucionario (POR) local.

A desgano, aunque fuera solo para sumar fuerzas "contra la derecha", había gente que provenía de las corrientes influidas por el anarquista ruso Mijaíl Bakunin (1815-1876) con la tesis colectivista.
Y lo novedoso del frente uruguayo, a diferencia de otros latinoamericanos que se conformban con ser un abanico de corrientes socialistas de distinto signo, era la confluencia con una vertiente socialcristiana, liderada por el arquitecto Juan Pablo Terra, inspirado en las ideas del sacerdote dominico francés Louis-Joseph Lebret (1897-1966), fundador e impulsor del movimiento de Economía y Humanismo).

Y aunque costaba en la izquierda durante aquellos años de 1970 hablar de socialdemocracia, también estaban los de influencia del pensamiento del sueco Olof Palme (1927-1986) y el desarrollo del Estado de bienestar.

Aquella coalición tenía un fuerte componente oriental-uruguayo, con sectores provenientes de los partidos tradicionales. Unos, inspirados en las políticas sociales y de construcción de Estado fuerte con José Batlle Ordóñez (1856- 1929); o los que se sentían herederos del batllista Julio César Grauert (1902- 1933), o también hijos políticos de Luis Batlle Berres (Montevideo 1897-1964) con el proteccionismo llamado "neobatllismo".

¿Cómo hacer una política económica que conformara a dirigentes y votantes de grupos tan distintos? En aquella coalición no estaba la victoria nacional en el corto plazo.

Luego, a lo de "frente" y "amplio", se le incorporó lo de "progresista", cuando se sumaron aliados y se llegó a un "encuentro" más grande, y por lo tanto también dependiente de eludir una definición ideológica contundentemente socialista o de algún tipo de eso.

Al llegar al gobierno, la dirigencia frenteamplista priorizó demostrar que podía gobernar y que podía hacerlo bien. Eso minimizó las tensiones ideológicas, aunque en la interna se acuñó la expresión de "gobierno en disputa".

El segundo gobierno fue presidido por José Mujica, y los sectores afines al camino socialista tenían que demostrar que no solo el astorismo podía gobernar bien.

El tercer período exhibe menos paciencia de los que quieren ir por sus ideas anticapitalistas.
El mundo cambió sustancialmente entre 1989 y 1991, con la caída del muro de Berlín y el descalabro de la URSS y el bloque socialista, y eso achicó el abanico sobre ideas de socialismo que muchos partidos del mundo mantienen como bandera.

El Frente Amplio no es socialista pero la mayoría de sus sectores y dirigentes sí lo son. Habrá que ver si el resultado de este domingo confirma eso, lo que parece muy probable (en cuanto a composición de los 171 miembros del Plenario).

Mientras, la pulseada seguirá.Por un lado, el presidente Tabaré Vázquez, con Danilo Astori en la política económica y Rodolfo Nin Novoa en la política exterior y comercial. Por otra parte, la bancada legislativa con mayoría de la alianza de los sectores con definición de "socialismo" o "liberación nacional", que comprende al MPP, al Partido Comunista, al ala ortodoxa del Partido Socialista, a la esencia de la lista 711, al PVP y otros.

La campaña electoral ha evadido el debate principal. Han hablado de "olla de grillos", sin reconocer que la confrontación no es caprichosa, ni por cuestiones personales, ni por obtención de ventajas o cargos, sino por definición ideológica.

Todos los candidatos han hablado, y abusado, de la necesidad de "síntesis", como si un problema político de tal naturaleza se resolviera por arreglos de "común denominador".

Votan con varias listas, pero, en el fondo y en la esencia, la pugna es por algo más fuerte que unas sillas más o unos asientos menos en el Plenario. l

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