La policía es la única solución

Es indispensable la presencia policial dentro de los estadios, como elemento de disuasión y, cuando sea necesario, de represión

Rescatar al fútbol de su escandalosa agonía corresponde primariamente al Ministerio del Interior, como responsable de la seguridad pública. Se necesita obviamente la cooperación de los clubes y de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Pero está en manos de la Policía sacar de circulación al pequeño número de delincuentes, tal vez unas pocas decenas, culpables de generar los recurrentes disturbios cuya última edición indujo la vergonzosa suspensión del clásico del domingo. Todos los conocen pero sigue en el limbo su erradicación, excepto por un puñado de revoltosos detenidos el domingo antes del partido. Los demás llegaron libremente al Estadio Centenario para desatar la violencia, con desmanes que incluyeron el lanzamiento de cuanto proyectil había a mano, incluyendo hasta una garrafa de gas, contra efectivos policiales. Y si la Policía no tiene identificados a todos, con seguridad los dirigentes de Peñarol, Nacional y otros clubes saben quiénes son.

Si se quiere restablecer el fútbol como pacífico espectáculo preferido por la mayoría de los uruguayos, es imperativo terminar con los fútiles desencuentros entre la cartera de Interior y la estructura dirigente de ese deporte. El ministerio se empeña en que no volverá a poner efectivos dentro de los estadios hasta que la AUF instale las manidas cámaras de identificación facial. Pero estos elementos técnicos solo sirven para individualizar a quienes ingresan, control útil pero que no asegura sacar de escena a los revoltosos potenciales. La única forma absolutamente segura de pacificar los que son hoy campos de batalla es que la Policía actúe en dos áreas. Una es detener por algunas horas, desde antes y hasta después de los partidos, a todos los gestores de los desórdenes y no a solo unos pocos como se hizo el domingo. Y si la Policía no los conoce a todos, los dirigentes de los clubes están obligados a darle sus datos.

Este sistema fue eficazmente utilizado en Gran Bretaña para terminar con los estallidos de violencia y restituirle al fútbol el carácter que alguna vez tuvo pero se perdió en Uruguay. Adicionalmente es indispensable la presencia policial dentro de los estadios, como elemento de disuasión y, cuando sea necesario, de represión. Esto es habitual en casi todos los países pero se ha descartado en nuestro medio por empecinamiento ministerial. Hay que restablecerlo, al menos hasta que los clubes tengan, como en Gran Bretaña, eficientes cuerpos profesionales de seguridad en vez de los inefectivos cuadros que hasta ahora presentan.

No todo el fardo del desastre recae sobre la actitud policial. Las directivas de los clubes arrastran la vieja culpa de haber alentado a sus barrabravas con entradas y hasta dinero, creando una mafia que ya escapa a todo control. Y la AUF ha estado omisa al postergar una y otra vez las cámaras de identificación, aunque se trata de un elemento complementario y no decisivo para evitar disturbios. Es la Policía, con una colaboración de los dirigentes del fútbol que no siempre ha existido, el único elemento capaz de frenar el crítico estado actual, con la detención preventiva de todos los revoltosos conocidos y una fuerte presencia en los campos de juego. No hay otro camino inmediato y habrá que transitarlo por largo tiempo, a la espera del restablecimiento de la cultura de paz que una vez existió en los espectáculos deportivos, si es que alguna vez llega.


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