La progresiva normalización de la economía mundial

La economía mundial parece iniciar un progresivo proceso de recuperación

Por Alberto Bensión

Diez años después de la crisis del 2008, la economía mundial parece iniciar un progresivo proceso de recuperación. Aunque con diferencias, Estados Unidos, Europa, Asia y los países emergentes están comenzando a crecer en forma sostenida por primera vez desde entonces.

La proyección del FMI para la economía mundial en el año en curso es de un crecimiento del 3,4%, en alza con respecto al registro del año anterior del 3,1%. El mayor impulso habrá de registrarse en la economía de Estados Unidos, que pasará de un crecimiento del 1,6% al 2,3%, mientras que la Unión Europea (UE) y Japón habrán de estabilizar sus respectivos ritmos de crecimiento en torno al 1,6% y 0,8% respectivamente. Estados Unidos tiene una tasa de desempleo del 4,7%, cerca del pleno empleo, y la tasa de desocupación de la UE es de 9,6%, la menor desde el 2009.

China parece continuar en la senda de un crecimiento en torno al 6,5% anual. Otros países, entre los que se destacan Rusia y Corea del Sur, también tienen mejores perspectivas.

Tal como ha ocurrido en el pasado con otras experiencias posteriores a una crisis bancaria de proporciones, varios años debieron pasar para el inicio de esta recuperación. Los desarreglos financieros del 2008 fueron muy importantes y no pudieron solucionarse de un día para otro.

Pero lo más importante, por lejos, fue que la política económica hizo lo suyo. Los bancos centrales instrumentaron una política monetaria expansiva a través de un aumento de la cantidad de dinero y una baja agresiva de la tasa de interés, algunos gobiernos, como los de Estados Unidos y Japón, recurrieron a los estímulos fiscales y en la generalidad de los casos, los sistemas bancarios procedieron a una normalización progresiva de sus carteras morosas.

El problema es que estos indicios de recuperación se manifiestan en un marco político adverso. Varias recientes manifestaciones de importancia, como el brexit o el triunfo electoral de Donald Trump, expresan diversas formas de insatisfacción colectiva que podrían derivar en una revisión radical de las políticas que hasta ahora permitieron superar los peores tiempos de la recesión.

Una profundización de los desequilibrios globales, junto con movimientos muy marcados de los tipos de cambio, podrían intensificar las presiones a favor de las políticas proteccionistas, en particular en Estados Unidos, con riesgos de una guerra comercial y la consecuente afectación del dinamismo de futuro de la economía mundial.

Dejando de lado estos temores, en estos meses, ante los primeros indicios de esta recuperación, algunas de las políticas aplicadas en la última década comienzan a ser revisadas.

Así, en octubre del 2014 la Reserva Federal la Fed anunció el fin progresivo de su política de expansión monetaria y dos años después, en diciembre del año pasado, decidió una suba de la tasa de interés en un cuarto de punto por primera vez después de la crisis.

Ahora, a principios del pasado mes de marzo, ante la evolución favorable de la economía y la aproximación de la inflación a la meta oficial del 2% anual, la Fed ha vuelto a subir la tasa de interés en un cuarto de punto, para ubicarla entre 0,75% y 1% anual. Además, sus autoridades han anunciado que en el año en curso habrá dos nuevas subas, aplicadas en forma gradual.

Al otro lado del Atlántico, dos años después del inicio del programa de expansión monetaria del Banco Central Europeo, no solo la recuperación de la actividad económica de la euro zona está en marcha, sino que también la inflación está en alza, con una proyección para este año de 1,7%, impulsada por el reciente aumento de los precios de la energía. A la espera de estos indicios, en el pasado mes de diciembre el BCE anunció que el programa de expansión monetaria continuará al menos hasta fin del año en curso.

Pero a principios del pasado mes de marzo, con datos más firmes, el BCE confirmó el inicio de una reducción de su compra mensual de activos financieros desde los actuales € 80.000 millones a € 60.000 millones a partir del corriente mes de abril. En la misma línea, también anunció que no será renovada la línea de créditos de largo plazo que en los meses pasados puso a disposición de los bancos para estimular el crédito al sector privado. En cambio, fueron mantenidas sin cambios la principal tasa de interés de préstamos en cero y la de depósitos en -0,4% anual.

En el marco de esta nueva realidad de la economía mundial, hay un cierto margen de duda sobre los tiempos en los que habrán de ser aplicadas las decisiones que la Fed tiene por delante. El vicepresidente Stanley Fisher acaba de admitir que los riesgos de que el gradualismo previsto para la suba de la tasa de interés pueda acelerarse con relación al anuncio del mes pasado están “más o menos equilibrados”. Al menos dos acontecimientos habrán de precisar la decisión correspondiente.

En los próximos meses habrá un aumento importante de la cantidad de dinero como consecuencia del vencimiento de una parte de los activos financieros que la Fed compró en años anteriores para instrumentar su programa de expansión monetaria. Además, hay que tener en cuenta las presiones que podrán derivar de la promesa electoral del ahora presidente de Estados Unidos de impulsar una política fiscal expansiva, a través de un aumento del gasto y una baja de los impuestos.