La suma de las partes

Gabriela Pallares habla sobre la dificultad, cada vez mayor, de lograr coordinación y trabajo en equipo

“Ninguno de nosotros es tan bueno como todos nosotros juntos”

Para quienes prestamos servicios esa máxima de Ray Kroc , es una premisa.

Es el concepto subyacente en todo emprendimiento llámese de arquitectura, ingeniería, logística, confecciones, gastronomía, aduanas, etc y que refleja que las cosas son posibles si cada uno se pone la camiseta y hace su tarea con compromiso y calidad.

Fácil decirlo, pero no tanto lograrlo en la práctica.

En otras palabras, que deben saber cumplir cabalmente su rol desde el cliente final y el coordinador, hasta el último de la pirámide de ejecución de las tareas para lograr la meta.

El trabajo en equipo es la capacidad de trabajar juntos hacia un objetivo común, el combustible que permite que la gente normal logre resultados extraordinarios, pero que, sin embargo, es cada vez más difícil de lograr sin que se convierta en un loop infinito de idas, vueltas, correcciones, montañas de llamados, reuniones, observaciones, persecuciones. Eso afecta no sólo el resultado y ni que hablar de los tiempos, ( o sea, por consecuencia, los números y márgenes que hacen que algo sea viable financieramente o no) sino el proceso. Y en el camino, minan reputaciones profesionales, relaciones con el cliente final, y destruyen la imagen de colectivos enteros de rubros o disciplinas.

A nivel de esferas de coordinación y gerenciamiento, ello obliga a reformular y corregir permanentemente (por aquello de Einstein de “no se consiguen resultados distintos haciendo siempre lo mismo”) desde protocolos de contrataciones y documentación, (máxime cuando se varía de equipos de trabajo permanentemente)  al relacionamiento con el cliente y el dibujo de la cancha donde se va a jugar el partido, el ajuste de cláusulas de contratos de acuerdo a lo que se va generando como experiencia, la definición y redacción al milímetro de lo que se va a contratar, la selección del personal o empresas a quienes se les adjudica la tarea, hasta los sistemas de inspección y auditoría de lo que se obtiene de los proveedores.

A lo anterior debe agregarse durante el proceso, el manejo de la diferenciación de imprevistos vs omisiones, de los habituales autóctonos como ausentismo, paros sindicales, o falta real de capacitación y oficio en algunas tareas, limitaciones varias de mercado y productos disponibles, agregados de tareas solicitadas en el “ya que estamos” o cambios de criterios durante el proceso por parte del consumidor final.

Lo que en el mejor de los casos puede irse aceptando y maniobrando como parte de una intención de mejora o ampliación de servicio, y dándole la flexibilidad infinita y necesaria para poder satisfacer la escalada de variaciones o ajustes (post firma de contratos) termina generando una gran bola de nieve que se vuelve en contra, cargada de selectividad de memoria y falta de tolerancia que sí se tuvo del otro lado para ampliar el trabajo no siempre con igualdad de carga honoraria para satisfacer demandas que cuando se acerca el final de los trabajos se prueba nunca son satisfechas. Cuando del otro lado el interlocutor representa a varios más, el tema se expande y tiende al infinito. Y también los problemas.

El inaceptable “consuelo” es que mirando hacia el costado lo sufren todos ineludiblemente (si no lo hacen es porque están atrás de un escritorio en relación de dependencia) , a toda escala, desde acá a Japón y desde el recién recibido a Calatrava o Foster.

El tener 130  mails, 40  llamadas, 15 mensajes de texto, seis reuniones en el lugar más cuatro en la empresa , varias sesiones con el cliente con observaciones desde macro a milimétricas, un celular con número desconocido no agendado extra para persecuciones dignas de 007, solamente para UNO de los subcontratos, multiplíquelo por 40 en obras medianas, eso para proveedores de primera línea a los de menor escala, puede dar la idea de lo que se requiere para concretar algo.

A la inversa de los faraones que tomaban una decisión y tenían la disponibilidad de un ejército de gente, ahora hay que disponer de un ejército de gente y recursos para controlar a UN proveedor. Para cada solución hay 20 problemas y es parte del desafío de cada día y obra que se hace.

Hay esperanza al final del túnel? Quiero creer que si.

Desde ya no todas son así, otras fluyen maravillosamente, de hecho a veces da más trabajo un trabajo chiquito que uno de mucha más envergadura.

Vamos por la vida pasando de ser la reencarnación del demonio encadenado en unas a los dioses que todo lo resuelven y ejecutan eficientemente en otras …y es parte de elegir un camino fuera de zonas de confort y lleno de desafíos, las dos caras de una misma profesión y realidad en la que se inserta.

Lo que vamos corrigiendo usualmente?

_ Ajuste y definición de cláusulas de contratos

_ Saber decir NO: a los proveedores y a los clientes en el momento justo ( y saber comunicarlo)

_ Acompañarse de otra mirada paralela objetiva y profesional en el proceso y/o compartir roles frente al cliente.

_ Perfeccionamiento de disciplinas que no tienen que ver necesariamente con la carrera pero si con el manejo de los proyectos: coordinación, negociación, administración, psicología, etc)

_...y lograr el justo equilibrio entre maestro zen que modera intereses, y endurecer la coraza para que no te entren las balas que no conducen a nada, sin perder el foco del compromiso asumido.


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