La tormenta inesperada que convirtió a la capital en una extraña selva

Montevideo quedó cubierta de árboles caídos, cables de luz colgantes, autos rotos y calles convertidas en lagos

En la tarde del martes, después de la inesperada y brutal tormenta -también llamada corrientes descendente-, Montevideo parecía una selva muy particular. Zonas en las que los árboles y las ramas cubrían la superficie casi por completo y donde los troncos, quebrados o arrancados de raíz, cortaban las calles de una vereda a la otra, impidiendo el paso. Calles inundadas por la intensa lluvia como si fueran lagos entre los edificios, y cables de luz que simulaban lianas colgando de un lado al otro, tocando incluso el piso mojado por la lluvia que no paraba. Multitudes circulando con rapidez intentando escapar de la lluvia, personas usando bolsas de nylon en la cabeza como si fueran un pilot. Largas filas de autos, moviéndose a paso lento, tratando de encontrar un camino alternativo a los muchos que estaban cortados.

El temporal, que en un principio el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) consideró que merecía una advertencia amarilla, sorprendió a la capital con vientos más fuertes de lo pronosticado y lluvias muy intensas que ocasionaron decenas de destrozos.

En la Plaza Independencia, por ejemplo, la tormenta arrastró algunos de los bancos públicos y rompió casi por completo las vidrieras de al menos tres locales ubicados frente a la puerta de la Ciudadela.

Sobre Bulevar Artigas, a la altura de la Plaza Varela, un ómnibus de Cutcsa terminó encajonado entre troncos y ramas de un árbol que le cayeron encima cuando pasaba por el lugar.

Según contó a El Observador el guarda del ómnibus, Héctor Rodríguez, fue un momento "horrible" que no dejó heridos. Los pasajeros tuvieron que permanecer dentro del vehículo durante varios minutos, por miedo a que otra rama volviera a caer encima.

La escena de árboles y hojas desparramas se repetía, cuadra a cuadra. Mariana Sosa estaba sentada enfrente a la Torre de los Caudillos, fumando un cigarro y mirando en silencio su auto, completamente tapado por las ramas de un árbol.

"Lo peor es que traté de estacionar donde no hubiera muchos árboles", contó con desgano a El Observador.

En Parque Batlle, los árboles sufrieron un destino similar. Lo peor es que no solo afectaron vehículos, sino también algunas casas ubicadas sobre la calle Ricaldoni, donde inmensos troncos cayeron encima de las fachadas y del techo. Boquiabiertos y debajo de sus paraguas, los vecinos se paraban en la vereda a mirar aquel espectáculo. Otros de los perjudicados que el temporal dejó en esta zona fueron los trabajadores de la feria nocturna ubicada sobre avenida Italia.

Allí, el viento derribó al menos treinta locales lo que, en víspera de Reyes, representa una pérdida aún más significativa.


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