La xenofobia argentina en pleno auge

Antes acallados por la corrección política, ahora argentinos de todo el espectro político alzan su voz contra los inmigrantes y el supuesto costo que generan
El debate sobre la inmigración –incluyendo declaraciones de corte xenófobo– se instaló de lleno en Argentina en las últimas semanas. En parte, por un contagio de la ola mundial surgida con los conflictos europeos y el "efecto Trump", pero sobre todo por la exacerbación de los problemas económicos locales.

Lo nuevo no es que haya expresiones de xenofobia sino que pasaran a ocupar un espacio importante en la agenda pública y los medios. Aunque soterrado bajo el mandato de la corrección política, el sentimiento antiinmigrante está bien arraigado en algunos sectores desde hace años y se expresa en varias formas de discriminación.

Sin llegar a los extremos violentos de otros países, las expresiones de rechazo que antes estaban confinadas a lugares marginales, como los comentarios de lectores de los diarios, ahora pasan a formar parte del centro del debate político.

En momentos de relativa estabilidad económica y social, el sentimiento antiinmigrante se limita a ciertas expresiones "folclóricas" de dudoso sentido del humor.

El fútbol es un gran caldo de cultivo: son legendarias las dedicatorias que le hace la hinchada de Independiente a la de Boca Juniors, tales como abrir simultáneamente miles de paraguas, como forma de caracterizar a los boquenses como un equipo de hinchas paraguayos. O arrojar "bolitas de fraile" a la cancha para dar a entender que hay mayoría de bolivianos en la hinchada del equipo rival.

Las quejas de las respectivas embajadas, así como las medidas del Instituto Nacional contra la Discriminación son, también, un clásico en estos casos.

En los medios de comunicación suele prevalecer la corrección política, aunque algunas veces la xenofobia pasa el filtro, como en la histórica placa de Crónica TV que afirmaba: "Accidente fatal en Flores: mueren dos personas y un boliviano".

El lugar de la discriminación por excelencia es, naturalmente, internet. En las redes sociales y en los comentarios de lectores de los diarios, desde el anonimato y sin el mandato de corrección política ni temor a una represalia legal, puede palparse el resentimiento. Allí son comunes los pedidos de que se expulse a los inmigrantes de países limítrofes, los insultos y bromas denigrantes, las acusaciones de que generan crisis de desempleo o aumentos de delincuencia.

Las villas miseria en el foco

En el campo político, el tema migratorio vuelve al tapete cada vez que hay una crisis profunda. Ya en la campaña electoral de 1999, el entonces candidato peronista Eduardo Duhalde se quejaba de que los inmigrantes se quedaban con "el trabajo de los argentinos" y que había que endurecer las normas de entrada al país.

Pero cuando el tema se pone al rojo es cuando se habla de las villas miseria y asentamientos irregulares, donde según los censos un alto porcentaje de los habitantes son inmigrantes.

En la Villa 31, una de las más grandes del país, más de la mitad de sus 40 mil habitantes son extranjeros. La comunidad paraguaya es la más grande allí.

En la villa 1-11-14, ubicada frente al estadio del club San Lorenzo, también el porcentaje de extranjeros está en esos niveles, con mayoría de peruanos. Se ha vuelto frecuente asociar a esa comunidad con el narcotráfico, dado que es allí donde se realizan los principales operativos policiales.

¿Culpables de la crisis?

Hoy, el disparador para la nueva controversia sobre la migración es la situación de emergencia fiscal y la tensión social. Hubo quienes apuntaron a justificar la alta presión impositiva por los costos que generan los inmigrantes.

Pero esta vez las expresiones xenófobas cruzaron horizontalmente el arco político. El puntapié inicial fue del senador kirchnerista Miguel Pichetto. En declaraciones que alcanzaron alta repercusión, se preguntó: "¿Cuánta miseria puede aguantar Argentina recibiendo inmigrantes pobres?".

Y reclamó control migratorio para que Argentina deje de ser "el ajuste social de Bolivia y el ajuste delictivo de Perú". "Perú resolvió su problema de seguridad y transfirió a todo el esquema narcotraficante: las principales villas de la Argentina están tomadas por peruanos. La Argentina incorpora toda esta resaca", agregó.

El escándalo generado fue tan fuerte que desde el mismo kirchnerismo le contestaron.

Rápido de reflejos, el presidente Mauricio Macri contestó indirectamente con elogios a la cultura emprendedora de los migrantes.

"Córdoba fue regada por esta inmigración piamontesa, que generó esta locura por el hacer en cada rincón, pero esto mismo pasa en todo el país, con distintas corrientes inmigratorias que tuvimos después de la segunda guerra", dijo durante una visita a la provincia mediterránea.

Pero Macri está encontrando malestar contra los inmigrantes en su propia base de apoyo político, formada sobre todo por gente de clase media que ha visto reducido su poder adquisitivo.

El primer motivo de descontento fue el proyecto de urbanización de la Villa 31, que entre otras cosas incluye la entrega de títulos de propiedad a los habitantes del barrio.

La prueba de cómo la xenofobia llegó a la clase media políticamente correcta fue un informe en el programa televisivo de Jorge Lanata, muy seguido por los votantes del gobernante PRO, que encuentran allí argumentos para acusar al kirchnerismo por corrupción.

En el informe, titulado "Argentina, país generoso", el foco fue puesto sobre los extranjeros que estudian gratis en la Universidad de Buenos Aires –unos 13 mil, equivalentes al 4,4% del total, con un costo para las arcas públicas que alcanzaría unos US$ 24 millones anuales–, así como en los 340 mil pacientes que llegan desde países limítrofes para atenderse gratis en los hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires.

"En Paraguay, por ejemplo, falta un medicamento contra el VIH. Entonces vienen directamente para que se lo den acá y se lo terminan dando en los hospitales bonaerenses", se dijo en el programa.

Y en su editorial, Lanata planteó que Argentina debería reclamar "una compensación de Estado a Estado", porque "es injusto para todos que pagamos impuestos que un pibe de clase de media de Colombia venga a estudiar a la universidad cuando podría pagarla en Bogotá".

Como consecuencia hubo insultos y acusaciones cruzados en todos los foros de internet, denuncias ante el Instituto contra la Discriminación, y el tema del costo que los inmigrantes generan al país se planteó en la mesa de debate de los programas políticos.

Hubo propuestas para que los colombianos que estudian en la UBA paguen un arancel y para que los paraguayos que se atienden en los hospitales tengan prohibida la internación.

También surgieron las voces que recordaron los aspectos positivos de la inmigración, como el hecho de que estos extranjeros consumen y pagan impuestos en el país –incluyendo aportes a la seguridad social por jubilaciones que nunca cobrarán–.

Muchos señalaron que la recepción de inmigrantes es lo que diferencia a las naciones desarrolladas, que se benefician por el aporte intelectual y emprendedor. Y muchos recordaron que hace apenas un siglo la mayoría de la población argentina era extranjera.

Pero, claro, se trata de argumentos demasiado sutiles para plantear en un momento de emergencia económica y social. Hoy, las condiciones parecen mejor planteadas para que aquellos con sentimiento antiinmigratorio vivan su apogeo.

Una percepción que no se condice con la realidad

Es un fenómeno que la Organización de las Naciones Unidas ha comprobado en todo el mundo: la presencia de extranjeros siempre tiende a ser magnificada, pero los verdaderos porcentajes de migrantes son pequeños en comparación con lo que percibe la población local.

En Argentina, los extranjeros son el 4,6% de la población total, lo cual lo sitúa como el país latinoamericano con mayor recepción de inmigrantes, pero lejos de guarismos como el 14% que se verifica en Estados Unidos o el 9% de algunos países europeos.

El último censo, de 2010, arrojó el dato de 1,8 millones de inmigrantes. Las comunidades más grandes son la paraguaya, con medio millón, y la boliviana, con 350 mil.

Estos números fueron cuestionados, con el argumento de que los censos suelen subestimar el número de inmigrantes porque a nadie se le solicita documento para ser censado, de manera que muchos inmigrantes, temerosos de poder quedar en un registro y sufrir represalias, podrían mentir ante la pregunta de su país de nacimiento.

En todo caso, la percepción de una alta cantidad de migrantes ocurre porque la mayoría se concentra en Buenos Aires y su conurbano, y en especial en zonas de explosiva situación social, como las villas miseria.

Uruguayos, casi argentos

Uruguay, con más de 115.000 inmigrantes, es el sexto lugar de origen en el ranking de los extranjeros que habitan Argentina.

En comparación con migrantes de otras nacionalidades, los uruguayos no suelen sufrir discriminación de importancia, y por sus casi nulas diferencias culturales respecto de los argentinos suelen asimilarse sin problemas a la vida laboral y social.

En general, se emplean en oficios y profesiones independientes y pertenecen a la clase media porteña. No se han reportado en una cantidad significativa en las "villas miseria".

La existencia de tratados binacionales en temas como la seguridad social hace que resulte relativamente sencillo el trámite jubilatorio. El reconocimiento de títulos universitarios para los uruguayos es también más rápido que para otros extranjeros.

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