Las turbulencias en Venezuela sacuden la agenda del Mercosur

En 2017 el gobierno chavista seguirá golpeando la puerta del bloque
La pausa del verano austral llega a su fin y la situación de Venezuela volverá a apoderarse de la agenda regional en marzo cuando la presidencia pro témpore argentina ponga en funcionamiento al Mercosur de nuevo con un conjunto de reuniones a las que el gobierno de Nicolás Maduro no estará invitado.

El mecanismo de solución de controversias al que acudió Caracas a fines de 2016 no generó respuestas satisfactorias para el diferendo que distancia al gobierno de Maduro con el resto de los socios mercosurianos en cuanto a la incorporación de la normativa del bloque al ordenamiento interno.

La pregunta que ahora está en el aire es si Venezuela habrá de acudir con su queja a un tribunal arbitral.

Por lo pronto, el país caribeño anunció en febrero que no reconocerá ninguna acción que el bloque haya adoptado o vaya a tomar posterior a su suspensión.

La adopción de una conducta desafiante por parte de la diplomacia venezolana quedó de manifiesto el 14 de diciembre cuando la canciller, Delcy Rodríguez, hizo lo posible por meterse en una reunión del bloque regional en Buenos Aires a la que no había sido invitada.

La situación de Venezuela mantuvo petrificado al Mercosur durante todo el segundo semestre del año pasado –el Consejo del Mercado Común aprobó solo diez decisiones durante 2016, lo cual constituye la menor cantidad de decisiones adoptadas en un año desde que la organización regional comenzó a funcionar– y dividió las aguas entre los socios fundadores.

Brasil y Paraguay presionaron para que Venezuela fuera relegada meses antes del momento en que se hizo efectiva la suspensión y, junto a Argentina, los tres países se opusieron a que Caracas asumiera la presidencia pro témpore del bloque.

Del otro lado del río quedó el gobierno uruguayo, que en primera instancia defendió el derecho de Venezuela de asumir el liderazgo del bloque y compró tiempo para que el gobierno de Maduro incorporara la normativa mercosuriana a su ordenamiento interno.

Pero a fin de cuentas y en los hechos, Uruguay quedó alineado con el resto de los socios a no ser por un detalle para nada menor.
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Para el gobierno de Tabaré Vázquez, Venezuela es una democracia mientras que el resto de los socios no hacen la misma valoración.

Sin embargo, cualquier discusión que incluya la aplicación de una cláusula democrática para Venezuela seguirá estando por fuera de los límites del Mercosur. Eso es así no porque no esté previsto en la normativa del bloque, sino porque hasta ahora los socios han procurado evitar esa posibilidad deliberadamente.

En la OEA

En cambio, el debate volverá al ámbito de la Organización de Estados Americanos (OEA) donde países como Argentina acompañan la posición del secretario general, Luis Almagro, quien invocó la Carta Democrática ante su estimación de que en Venezuela hubo un quiebre del orden constitucional.

En una entrevista con El Observador publicada el 26 de enero, Almagro dijo que la situación en Venezuela está "en una trayectoria cada vez más autoritaria" y "con una crisis humanitaria insostenible".

El excanciller uruguayo llamó a la región a "actuar ya" en este tema.

En los últimos días, el presidente argentino Mauricio Macri repitió su posición favorable para activar la Carta Democrática.

"Lo que hay que lograr es un proceso democrático urgente, supervisado a nivel internacional, porque la situación es dramática. La OEA tiene nuestro apoyo; estamos alineados para mandar todos los mensajes que se puedan, incluida la Carta Democrática", dijo el mandatario durante su visita a España.

A mediados de febrero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le manifestó a su par colombiano, Juan Manuel Santos, su "preocupación" por la situación del país caribeño durante una conversación telefónica, informó la Casa Blanca.

El tema está en la agenda de la OEA desde el año pasado. Sin embargo, hasta ahora no se ha considerado sacar a Venezuela de la organización regional y se anhela que el gobierno de Maduro acepte pasos intermedios, aunque no se tiene mucha esperanza de que den frutos.

En un momento en el que los intercambios diplomáticos vuelven a tomar vida en el continente de manera informal, el gobierno uruguayo tendrá que decidir si sigue considerando a Venezuela como una democracia.

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