Líderes narcos del barrio Casabó se desligan de las ejecuciones

"El Manolo", "El Tulita" y "El Gárgola" declararon ayer ante la jueza Odriozola
La Justicia interrogó ayer viernes a cuatro líderes de la banda de traficantes del barrio Casabó a la que se le atribuyen los secuestros y posteriores homicidios de dos jóvenes en agosto del año pasado, cuyos restos, se presume, son los encontrados el miércoles enterrados en los fondos de un rancho del barrio El Tobogán, ubicado detrás del estadio Luis Tróccoli, del club Cerro.

"El Manolo", "El Tulita" y "El Gárgola" son tres delincuentes del barrio Casabó. Fueron enviados a prisión en febrero por el homicidio de un hombre de 25 años y su sobrino de solo 15 meses. Ayer, fueron conducidos desde la cárcel a declarar ante la jueza María Noel Odriozola y el fiscal Gilberto Rodríguez para ser indagados por los restos humanos que fueron hallados en el barrio El Tobogán, en los fondos de un rancho y donde antes había un chiquero.

La principal hipótesis, que debe ser confirmada por las pruebas de ADN, es que esos restos pertenecen a Jorge Cotelo y Emiliano González, de 18 y 19 años, que desaparecieron en agosto del año pasado. La madre de Cotelo dijo que la Policía ya les dio un "99%" de certeza de que se trata de los jóvenes.

En sus declaraciones ante la jueza Odriozola y el fiscal Rodríguez, "El Manolo", "El Tulita" "El Gárgola" y otro individuo negaron cualquier vinculación con los restos óseos encontrados y dijeron desconocer esa zona, así como también a varias personas por las cuales les preguntaron durante el interrogatorio. "No largaron prenda; utilizaron sus códigos y dijeron no saber nada", resumió a El Observador una fuente de la investigación.

Venganza


La indagatoria por las desapariciones de Cotelo y González se reactivó hace 10 días cuando el diario El País publicó información sobre la zona donde habrían sido sepultados los restos de los jóvenes, que se presume fueron torturados, asesinados y descuartizados. Hasta ese lugar, en el barrio El Tobogán, llegaron el miércoles investigadores del Departamento de Hechos Complejos del Ministerio del Interior y, en base a información que aportó un testigo protegido, ubicaron partes de una mano y huesos de miembros inferiores debajo de un chiquero ubicado al fondo de un rancho.

El director nacional de Policía, Mario Layera, afirmó ayer que el caso de los homicidios de los dos jóvenes "no es una disputa por territorio", sino una "venganza de un grupo contra otro".

Una de las principales hipótesis es que "El Manolo" quería saber quién había asesinado a su hermano, y presumiendo que Cotelo y González tenían información al respecto, decidió secuestrarlos.

Layera reconoció que es llamativo el nivel de violencia registrado en este caso, pero señaló que la Policía ya manejaba información respecto a que ese tipo de hechos podrían producirse. "Es una tendencia que ya la habíamos definido. La Policía había anunciado que se estaban dando determinadas variables que iban a provocar la ocurrencia de este tipo de hechos violentos, no en la cantidad que se producen en otros lados", dijo.

Fuentes policiales dijeron que al menos otras seis personas podrían haber corrido la
misma suerte que Cotelo y González y sus familiares no denunciaron sus desapariciones por
miedo a represalias.

"Se mandó macanas"

"Ahora cuando salgas, vas a ayudar a papá a lavar autos. Y te quedás tranquilo". Esas fueron las últimas palabras que Evangelina Oviedo le dijo a su hijo, Jorge Cotelo (18), que se encontraba internado en un centro de detención de menores infractores por el hurto de una moto, lugar del que se fugó el 11 de agosto de 2015.

Oviedo recolectó datos, rumores, versiones y pistas sobre el destino de su hijo que desapareció en agosto del año pasado junto a su amigo Emiliano González. Los jóvenes, que eran vecinos en el barrio La Paloma, se fueron una noche en una moto con un conocido de González y desde entonces no se supo más nada de ellos. Dos días después, el cadáver de quien los pasó a buscar apareció sobre la ruta 1, calcinado.

Jorge era uno de los seis hijos de Oviedo que, a diferencia del resto, se le dio por recorrer el camino de la delincuencia. "Mi hijo era un bobo. Estaba en esa etapa y se mandó esas macanas", contó a El Observador la mujer.

"Yo los crié a todos iguales, con los mismos principios. No sé qué le pasó", recalca su madre.
Le quedaba un mes para cumplir la mitad de su pena y por tanto ya podía pensar en la libertad. El plan, según su madre, era que colaborara con el lavadero de autos que tiene la familia o que empezara a trabajar en un camión de reparto de bebidas, como ya lo hacían dos de sus hermanos.

"Quedate tranquila, mamá, que me voy a portar bien", fue la respuesta del joven, recuerda Oviedo. "No nos daba trabajo. No eran delitos graves los que hacía. El problema fueron las malditas bandas", repite una y otra vez la mujer, que asegura que su hijo nunca andaba armado y que mientras estuvo libre no había tenido enfrentamientos con otros grupos.

Oviedo todavía no entiende por qué su hijo decidió fugarse del Ceprili, cuando en realidad estaba a poco tiempo de salir. "Capaz que se escapó por la presión", dice, aunque señala que él nunca tendría que haber estado en ese centro de reclusión. "Un funcionario me dijo que su perfil no era para estar en el Ceprili, porque era un chiquilín que no era un malandro descarriado. Lo dejaron ahí por comodidad", sostuvo la mujer. l


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