Llegada de Bocca al Sodre: El artífice del cambio

La llegada de un nuevo director del ballet nacional sacudió el andamiaje de un cuerpo de baile que también estrenaba escenario: el auditorio Adela Reta

Entre los objetivos de la democracia reinstaurada, reconstruir uno de los grandes auditorios de la cultura uruguaya era ya una tarea impostergable. Sin embargo, pese a la existencia de una comisión especialmente definida para revitalizar el edificio, incendiado en 1971, pasaron más de dos décadas para que la intención se volviera hecho.

Con el nuevo auditorio del Sodre ya erguido e inaugurado en 2009, el desgaste de sus cuerpos artísticos estables era otra grieta a remendar. La emigración de bailarines y la falta de recursos entorpecían los pasos del Ballet Nacional del Sodre (BNS) y creaban desafíos estructurales que no podían solucionarse solo con el flamante escenario.

Por eso, en marzo de 2010, la apuesta del gobierno se redobló: tras una reunión con el entonces presidente, José Mujica, el exbailarín argentino Julio Bocca emergió como parte de la solución.

Aunque su mero nombre como director del cuerpo de baile haya sido aliciente para el público, los comienzos de su gestión no estuvieron exentos de dificultades. Con 10 funciones de Giselle en el auditorio Adela Reta, un paro de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) obligó a la compañía a suspender una fecha de la obra. Para Bocca, esa sería "la primera y la última vez". Un segundo paro, pocos meses después, no tuvo el mismo efecto sobre la agenda de la compañía, con una postura de determinación respaldada por Mujica y sus ministros.

Sorteados los obstáculos iniciales, una gira por 15 ciudades del interior colaboró con la democratización soñada, y luego, en 2011, el primer tour europeo del BNS fue el inicio de una proyección internacional que hoy mantiene a la compañía como una de las más destacadas de América Latina.

Fuera de los muros del auditorio, la compañía incluso comenzaba a dialogar con un público más amplio, a reclamar su lugar en la cultura nacional, logrando participar en los festejos del Bicentenario. A solo dos años de gestión de Bocca, los cambios no solo rezumaban notoriedad local e internacional, sino que también planteaban esquemas de trabajo reinados por la disciplina, con ensayos y clases que agregaban horas e incluso días, si eran necesarios para alcanzar la perfección del movimiento.

Lejos de experimentar la fuga de puntas de antaño, la compañía comenzaba a recibir bailarines extranjeros en sus audiciones e incluso llevó adelante su repatriación más importante en 2012. Gracias al impulso de Bocca, la bailarina uruguaya María Noel Riccetto, hasta entonces parte del American Ballet Theatre, de Estados Unidos, pasó a integrar el elenco del BNS como "primera bailarina invitada residente": "Él no tuvo que convencerme. Siempre me tentó la idea de trabajar con él y que me dirigiera", dijo entonces Riccetto.

Con Bocca, las coreografías también adoptaron nuevos rostros al incorporar algunos de los ballets modernos más importantes, como obras de William Forsythe y Ji?í Kylián. La creación propia en pies y manos del BNS también fue incentivada con Tres hologramas (2012), de Martín Inthamoussú, en colaboración con Jorge Drexler, y con Episodios nocturnos coreográficos (2015), también con coreografía de Martín Inthamoussú, Andrea Salazar y Demis Volpi.

No obstante, entre la disciplinada prosperidad, los problemas sindicales volvieron a amenazar la gestión de Bocca en 2013 y 2014. En este caso no fue COFE, sino la Orquesta Sinfónica del Sodre, la que se manifestó en conflicto con las autoridades del instituto, con su primer violín, Daniel Lasca, denunciando un "régimen dictatorial" dentro del BNS.

Con los conflictos mitigados, la temporada de este año volvió a suponer un traspié en la historia reciente de la compañía. Por motivos que nunca se esclarecieron del todo, Bocca solicitó en abril una licencia por tiempo indeterminado, tildada de "hasta luego", y no "adiós".

El panorama, para muchos, ya delataba lo peor, pero Bocca volvió a su lugar tras solo un mes de ausencia. "Me tomé unos días de vacaciones. Se armó un escándalo", afirmó a su retorno, minimizando el episodio y estableciendo un nuevo marco de responsabilidades compartidas. Sin embargo, ese mes de incertidumbre significó más de lo que él quiso, al sembrar el temor de público y autoridades que confirmaron el peso del exbailarín argentino en la cultura local y la importancia de su obrar en la estabilidad del cuerpo de baile.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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