Lo bueno y lo malo de tener un compañero de trabajo workaholic

Pueden ser cooperativos y humildes, o individualistas y soberbios. No hay una única forma de entender a los adictos al trabajo

Que alguien sea un profesional de alto rendimiento no implica que sea un workaholic. La adicción al trabajo, la que que se convierte en tóxica y arruina el clima laboral tiene que ver con convertir la necesaria abnegación en una gestión ruinosa del tiempo, que suele llevar a la ineficacia, a la depresión y al estrés.

Sin embargo, a pesar de las muchas desventajas que puede plantear el trabajo junto a un workaholic, también hay aspectos positivos en esta relación profesional.

Juan San Andrés, consultor de factor humano, equipo directivo y organización, cree que los adictos al trabajo no tienen un efecto concreto y predecible. "Cada adicto presenta rasgos de los que dependerá su efecto. Los hay cooperativos y serviciales o individualistas y ambiciosos; agradables y desagradables; humildes y soberbios. El workaholic con perfil negativo será disfuncional en el equipo, que se polarizará contra él, especialmente si consigue con su excesiva dedicación captar el favor del jefe. Además, si su perfil es negativo criticará la falta de dedicación de los demás y mostrará sus defectos. En estos casos el clima laboral se deteriorará. Pero si su personalidad es sociable y positiva, logrará la atención de los demás y tenderá a acentuar su conducta sin causar perjuicios serios", explicó.

El profesor de la escuela de negocios española Deusto Business School, José María Gasalla, plantea ciertos dilemas que han de resolverse ante la presencia de los adictos al trabajo en nuestro equipo: "Hay que preguntarse si el workaholic aporta algo o trabaja sin valor añadido; si tiene una actitud positiva o se trata de simple masoquismo; si lo hace por rutina o costumbre o se trata de algo consciente; si trabaja así para llenar un vacío en otras áreas de su vida que compensa con su actividad profesional, o se trata de una forma específica de equilibrar su vida... Contestar a esto aclara hasta qué punto es positivo o negativo trabajar con ellos".

Para Gasalla, si el workaholic aporta un valor extra, beneficia a todos. Si se trata de un desequilibrio, obviamente, es negativo.

"Ese desequilibrio que busca la autoexigencia desmesurada se proyecta sobre el resto de compañeros. Si intenta compensar un vacío, da un mal ejemplo a los empleados más jóvenes. Además, es posible que infunda miedos a su alrededor. Provoca que aquellos que no están dispuestos a seguir su ritmo corran un riesgo no confesable", reconoció.

Juan San Andrés añade que el adicto puede crear una disfunción en su departamento derivada de la tendencia a acumular trabajos y responsabilidades.

"Se creen imprescindibles y, cuando faltan, provocan el bloqueo de numerosos procesos o tareas", sentenció.

San Andrés recuerda además que hay ciertos entornos laborales que promueven y recompensan la sobrededicación. En ellos el workaholic se considera un héroe y convertirse en un modelo para los demás.

El experto concluye que "a menudo, la adicción al trabajo no es más que el síntoma de un trastorno psicológico (puede ser transitorio o permanente) que genera irritabilidad, falta de sueño, hiperperfeccionismo, ambición exagerada, desconfianza...Todos estos aspectos suelen enturbiar mucho el ambiente de trabajo del departamento, y los jefes deben estar atentos para atajar estos problemas".

Las ventajas de un compañero adicto al trabajo

Jorge Cagigas, socio de la consultora española Epicteles, recuerda que "los workaholic son personas que aman su trabajo y que ponen pasión y entusiasmo en él". Conocer esos mecanismos de motivación puede ser positivo para quienes conviven profesionalmente con los adictos al trabajo: "Tener al lado a una persona que encuentra positiva su actividad aporta claramente una serie de mecanismos de automotivación".

El trabajo es el centro de la vida de los workaholic. Y éstos suelen vender muy bien su actividad. Tienen una buena marca profesional y saben poner en valor sus logros: éste es otro aspecto que conviene aprender.

Cagigas añade a todo esto que se trata de gente que conoce los mecanismos precisos que les permite encontrar más tiempo para trabajar. Un aprendizaje interesante sería aplicar esos comportamientos para resultar más eficiente, pero no para trabajar más, sino para conseguir más tiempo para otras cuestiones que no tengan que ver con nuestra actividad laboral.

Tienen además un sentido de la prioridad especial que les lleva a desprenderse de aquellas actividades que no están relacionadas con el trabajo, y en este sentido tal mecanismo supone otro buen aprendizaje si somos capaces de entender sus fórmulas de discriminar la actividad diaria.

Suele decirse que los workaholic presentan desequilibrios en su vida personal, que podría estar descompensada. Pero Cagigas apunta que son muy buenos gestores de toda la vida social que está conectada con el trabajo, y eso es un gran ejemplo de networking que ofrece buenas posibilidades. Trasladar ese modelo a todas las áreas también puede ser positivo para quien trabaja con un workaholic.


Fuente: Expansión / Ripe

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