Lo importante de dar todo

Por Luis Ara

En los negocios, como en la vida, a veces las cosas no salen como estaban previstas. Uno piensa, crea, ejecuta, apuesta y el resultado puede ser el esperado o no. En ese proceso por crear, desde un negocio hasta relaciones personales, las personas depositan expectativas, sueños y muchas veces ilusiones. Es probable que en ese proceso cada uno dé todo de sí, intente entregar todo lo que esté a su alcance y puede que, incluso en ese escenario, no sea suficiente.

Cuando nuestras acciones no dependen únicamente de nosotros, sino también de otros, estos procesos tienden a ser tan complejos que a veces solo la perspectiva y el tiempo permiten comprenderlos. Cuando uno quería realmente algo es importante saber que se jugó todo por conseguirlo, tal vez es la única manera de apoyar la cabeza en la almohada con la tranquilidad suficiente de saber que hizo el intento.

Tanto en la vida como en los negocios hay un sinfín de variables que son imposibles de controlar y de manejar. Hay escenarios, sentimientos y expectativas que no necesariamente se corresponden con los nuestros. Si se da esa coincidencia muchas veces se consigue el éxito, pero muchas otras no, a pesar de que pensemos que todo estaba dado para que fuera de una manera, y nos frustramos o desilusionamos. En ese proceso negamos y buscamos torcer la historia, nos aferramos a nuestros principios, pero, sobre todo, a nuestra ilusión. El tiempo permite ver que a veces la ilusión era producto de nuestro sentir, de nuestro percibir y en esos matices tal vez habíamos obviado detalles que tiempo atrás podrían haber aclarado todo, Cuando es, es, pero cuando no es, no es. Luego del intento, a veces es difícil soltar, dar vuelta la página, seguir adelante, pero una vez más el tiempo enseña que todo pasa por algo y que si uno tiene la capacidad de aprender de cada hecho, tal vez nada fue en vano.

Saber aceptar que no todo es como esperábamos nos permite superar los malos momentos, pero, sobre todo, nos permite aprender de lo vivido. Soltar nos permite continuar, valorar lo que hicimos y si no se dio, al menos lo intentamos. Aprender de lo vivido, no arrepentirse de haberlo intentado y siempre ver lo bueno sobre lo malo permite mirar hacia adelante con otro aliento. Porque nada asegura que en el futuro todo vaya a salir bien, pero sí que uno va a tener la tranquilidad de que el miedo a que algo salga mal jamás lo va a paralizar. Todo pasa por algo, es cuestión de entender por qué pasó y aprender para el futuro. De ese modo no existe el fracaso, todo es aprendizaje.