Los 85 minutos que cambiaron al mundo el 11 de setiembre

A 15 años del ataque terrorista que derrumbó las torres gemelas en Nueva York
El ataque del 11 de setiembre de 2001 (11S) marcó el inicio de un siglo XXI dominado por una inédita guerra entre Estados Unidos y los países más poderosos de la OTAN contra un terrorismo fundamentalista que, según expertos y analistas, pervivirá por un buen tiempo, camuflado en nuevas estrategias y tácticas de sabotaje y muerte.

A 15 años del fatídico hecho –en el que murieron 2.973 personas–, El Observador consultó a especialistas en terrorismo de Estados Unidos, España y Colombia al respecto, quienes creen muy difícil que pueda volver a ocurrir una agresión de tal envergadura y sofisticación, pero sí es factible que continúe habiendo ataques mortíferos de parte de "lobos solitarios", acciones conjuntas de grupos fundamentalistas con bandas criminales transnacionales, y operaciones de ciberterrorismo con todo el potencial de dañar el funcionamiento de los Estados.

La imagen de cuando dos aviones comerciales piloteados por terroristas se convirtieron en potentes misiles y tumbaron en 85 minutos las dos torres del World Trade Center de Nueva York quedó en la retina de la sociedad.
Estas acciones terroristas del grupo Al Qaeda, liderado por el multimillonario saudí Osama Bin Laden, un exaliado de la CIA durante la guerra de Afganistán contra la ex Unión Soviética (1978-1992), "cambiaron el mundo entero, pero en particular a EEUU para siempre", dijo por correo electrónico Vanessa Neumann, doctora en filosofía política y CEO de Asymmetrica, una firma de consultoría en seguridad con sede en Nueva York afiliada al Programa de Justicia Global de Yale University.
"Surgió un patriotismo sin igual en EEUU y se unieron los estadounidenses para defenderse de amenazas extranjeras en su tierra –explicó–, la defensa de la patria se volvió la prioridad número uno".
Estados Unidos conocía de sobra las bajas militares por guerras fuera de su territorio, pero no había sufrido un ataque en su territorio continental desde el 24 de agosto de 1814 cuando una fuerza británica prendió fuego edificios públicos, incluyendo la Casa Blanca y el Capitolio.

Luego del 11S, "la cacería de los culpables se volvió prioridad nacional y desató no solo invasiones militares sino también un gran desarrollo de tecnología militar tal vez más rápido y tenaz que durante la segunda guerra mundial", afirmó Neumann. Según su visión, esto tuvo un "fuerte" impacto en la gestión política de la principal potencia del mundo: invadieron Afganistán e Irak; crearon una diplomacia que divide al mundo en dos bandos, los que colaboran con EEUU y los que no; instalaron el departamento de Seguridad de la Patria (para unificar las operaciones contra ataques terroristas y tratar de evitar las fallas del 11S), y las acciones al respecto tienen gran peso en la agenda electoral.
"Para ganar la Presidencia, el candidato o candidata tiene que ser visto como fuerte en combatir el terrorismo", dijo.
Alberto Bueno, secretario académico del máster universitario en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada (España) y miembro del directorio académico del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, coincidió con la visión de Neumann y comentó que el atentado del 11S "rompió definitivamente con la visión idílica tras el fin de la guerra fría, donde el 'el fin de la historia' y el modelo estadounidense (de democracia liberal) serían los triunfadores", una controvertida tesis del politólogo Francis Fukuyama, conocida en 1992.

Santiago Castro, vicedecano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda (Colombia), agregó que EEUU terminó "declarando una guerra en el siglo XXI completamente diferente a cualquiera que se hubiera declarado antes".

Resultado malogrado

Quizá porque se trató de "un episodio único en la historia del terrorismo" es que se puede explicar el "impacto profundo" del 11S sobre "la política nacional e internacional de seguridad de los Estados Unidos, cuyos efectos perduran en la actualidad", señaló Arlene Tickner, doctora en Relaciones Internacionales y profesora de la Universidad del Rosario (Colombia).

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Por la Ley Patriota, explicó, hubo una "restricción del derecho a la privacidad y de los derechos civiles" que derivó en el "escándalo de vigilancia y espionaje del NSA" (Agencia de Seguridad Nacional), la "justificación de la tortura y la guerra preventiva" durante el gobierno de George W. Bush, "el asesinato de sospechosos de actividades terroristas y el uso creciente de drones (en la Administración de Barack Obama) para combatir este fenómeno en países como Afganistán, Pakistán y Yemen".

Esas estrategias, continuó, "en su mayoría fracasaron a la hora contrarrestar el terrorismo y tuvieron el efecto de marginar a muchos sectores de poblaciones afectadas en distintos países de Medio Oriente y el norte de África, con la consecuente agudización del antiamericanismo".

Por fracasos de políticas terroristas o por diferencias ideológicas, Obama no continuó con la estrategia de su antecesor.
"Obama ha tenido una estrategia muy dura en contra del terrorismo, pero más enfocada: más ataques pequeños con fuerzas especiales y drones para limitar el número de damnificados de ambos lados, y con soluciones bancarias para limitar el financiamiento de grupos armados al margen de la ley", analizó Neumann.
Para Bueno, se puede hablar de cambios en la política antiterrorista, pero no de una ruptura. "Obama, precisamente por las lecciones y experiencias traumáticas de Irak y Afganistán, ha renunciado a esa cosmovisión neoconservadora del mundo, a la creencia de que es posible cambiar un régimen dictatorial por una democracia liberal manu militari (con mano militar); y con ello a ese tipo de guerras a gran escala".

En la guerra contra el terror, añadió el experto español, "parece haber optado por el apoyo desde atrás y a tropas locales" como ocurre en Libia, Siria o Irak. "La lucha contra el grupo Estado Islámico en todos esos países es un buen ejemplo", dijo.

Castro, por su parte, reconoció una diferencia en la lucha contra el terrorismo entre Bush y Obama, aunque cree que tienen un punto en común: "A ninguno de los dos les ha funcionado su estrategia en materia de política exterior".

¿Puede haber otro 11S?

EEUU está hoy mucho mejor pertrechado para enfrentar un ataque terrorista que antes de 2001. "La defensa antiterrorista estadounidense es la más eficaz del mundo", dijo Neumann, lo que explica en parte que estos ataques no se hayan repetido.

"Los terroristas siguen buscando un ataque mayor contra EEUU, ya que por ser la potencia geopolítica mundial mayor, atacarla es importante para el mercadeo de violencia de los grupos terroristas", añadió.

Gracias a un "buen sistema de seguridad", apuntó Bueno, "es difícil esperar otro 11S, por sofisticación y envergadura".

Aunque sean improbables ataques a edificios en EEUU –como ocurrió hace 15 años–, ese país no está libre de sufrir atentados. Pruebas de ello, señaló Neumann, han sido "los ataques de lobos solitarios" como el de San Bernardino en diciembre o el de Orlando el pasado junio.

"El terrorismo es acción y esa acción es flexible", aseguró Castro. El académico colombiano cree que "pronto (los terroristas) se tomarán la web", lo que supondrá "serios problemas" para Occidente.
"Si los Estados no logran controlar el asunto se verán a gatas para no perder el control de todo", advirtió.
"Pensemos en algo tan sencillo como asumir lo que hizo Julian Assange, pero con objetivos de desestabilización mucho más claro", afirmó.

Neumann proyecta más fracturas de los grupos terroristas, "ataques más aleatorios, y, para recaudar más fondos y mover personal con mejor vigilancia, más y más cooperación con grupos criminales transnacionales".

El 11S marcó el inicio de una época de ataques terroristas a escala global, y de lo único que están seguros los expertos es de que todavía "quedan muchos años de lucha".

Los mayores atentados en Occidente desde el 11S

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