Los Malditos, una denuncia en clave de thriller

La obra, que se presenta en Sala Verdi hasta el domingo, refleja la dura historia de los desplazados a través de una investigación policial
Es difícil admitirlo, pero a medida que se suceden las noticias sobre la tragedia que viven a diario millones de inmigrantes, uno se va volviendo de a poco más insensible. Lamentablemente ya no sorprende escuchar que 300 personas murieron ahogadas tratando de cruzar el Mediterráneo, o que miles de sirios vagan sin consuelo por el mapa europeo, mendigando refugio, comida y atención. Sin embargo, a pesar de que esos números entran pero no se retienen en la mente, si lo hacen las historias singulares, aquellos desplazados con nombre propio que lograron impactar con su periplo y generar, aunque sea, un sentimiento de que el mundo va mal, de que de alguna forma las cosas tienen que cambiar. Un ejemplo fue la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció ahogado en una playa turca. Y otro ejemplo, ficticio pero casi tan movilizador, es la obra Los Malditos.

El espectáculo, coproducción internacional que estará en cartelera de la Sala Verdi hasta el domingo inclusive, propone eso: un acercamiento al drama de los refugiados y los problemas que encuentran en sus países de destino a través de la historia de Aida, una prostituta africana víctima de la trata de blancas que es asesinada en un país indefinido, pocos días antes de escaparse de la complicada situación en la que vive.

El crimen, que no es atendido por las autoridades con la competencia y atención que le depararían al homicidio de una persona autóctona del lugar, deja destrozada a su amiga (la actriz española Soraya G. del Rosario), que buscará -junto a su novio Dieudonné y el periodista y documentalista Armando- llevar ante la justicia a los verdaderos responsables del crimen.

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Gran apartado técnico

Con un formato de thriller en clave de noir, Los Malditos es una obra que apela de gran forma a los misterios de su trama para tener enganchado al espectador, por más de que muchos de los recursos sean los habituales en el género. La dramaturgia, escrita por Antonio Lozano, logra que cada uno de los personajes tenga sus momentos destacados y que su aparición aporte de manera significativa al espectáculo, incluso aquellos que participan menos tiempo.

En ese sentido, el elenco realiza un buen trabajo, sobre todo del Castillo y el uruguayo Gustavo Saffores, que caracteriza al periodista Armando. El argentino Quique Fernández complementa bien con los dos personajes que le toca interpretar.

Además, la puesta en escena tiene aspectos técnicos que terminan siendo realmente interesantes y claves para que la obra logre el efectismo y la trascendencia que requiere el tema. En particular, una enorme estructura giratoria ubicada en el centro del escenario es un elemento a destacar por la multiplicidad de espacios que logra definir. Es así que mientras a nivel de piso se ve a Dieudonné y su novia discutiendo sobre el crimen de Aida, sobre la estructura posicionada horizontalmente y a varios metros sobre el suelo, Armando y su editor mantienen acaloradas discusiones.

Además, en esa estructura es donde se proyecta el documental sobre los inmigrantes y los esclavos modernos en el que Armando se encuentra trabajando, y que funciona como apertura a cada uno de los actos de la obra.

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Las aristas de la tragedia

La obra dirigida por el español Mario Vega expone directamente la tragedia de los desplazados en el mundo. Su historia puede pasar en cualquier país y refleja varios fenómenos: los desplazados por la guerra de siria, los refugiados de Eritrea, los emigrantes colombianos o los trabajadores esclavizados en las minas de Coltán en África.

El audiovisual de Armando, el nexo entre todas estas desgracias, por un momento puede llegar a abrumar al espectador, pero este es lo que quiere comunicar la obra. Como explica Dieudonné a su amigo, los números gritados a los cuatro vientos no son los que movilizan a la gente, sino las historias particulares.

"Estás recitando la lista de las desgracias del mundo como quien recita la lista de la compra. Esos números que das nada tienen que ver con la realidad de los malditos de la Tierra, como los llamas. Ellos son ajenos a eso, la vida no es para ellos aritmética, sino desgarro. Un desgarro profundo, de dolor inconmensurable. Ese dolor es el que debes contar, en vez de sepultarlo bajo toneladas de cifras", dice uno de los pasajes del personaje, interpretado por Emilio Buale, actor oriundo de Guinea Ecuatorial.

Además, la obra expone como los medios de comunicación aceptan y desechan estos temas según la conveniencia de sus inversores. Varias veces Armando se retira furioso de las reuniones con su editor, luego de ver que sus reportajes no serán emitidos por chocar con los intereses de los patrocinadores de su señal de televisión.

En definitiva, Los Malditos es un espectáculo para no dejar pasar, y a pesar de que los temas que trata son duros, lo hace prolijamente y sin caer en el amarillismo y la denuncia vacía.

Atención a:

El apartado técnico. La estructura, las proyecciones y el juego de luces son claves en la trama de Los Malditos.

La historia. Con toques de thriller, la obra presenta una denuncia importante de manera efectiva.

Funciones. Los Malditos se presentará sábado y domingo a las 21.30 horas en Sala Verdi. Entradas en boletería a $300.

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