Los mosqueteros del rey y la corona para 2019

Astorismo puede impulsar un candidato, pero sin política y estrategia se hace difícil

Probablemente no haya otro año como 2009 para que un ministro de Economía se postule a la Presidencia, en pleno auge de la vida económica, con un crecimiento inédito y generalizado. Y aun así, sumado al apoyo del entonces presidente de la República y con un currículum partidario ejemplar, Danilo Astori vio frustrado su intento por competir por la Presidencia.

Otra vez las miradas se dirigen a los que manejan la política económica en sentido amplio.
Astori es el fiel reflejo de un frenteamplista, militante de la primera hora, referente histórico en cuestiones de la economía, elegido como sucesor de liderazgo por Líber Seregni, y como candidato presidencial por Tabaré Vázquez, con base en la academia y la vida universitaria, pero también con baño de pueblo en los tablados carnavalescos y en las canchas de fútbol. Y, sobre todo, hombre de partido, de los que ponen la lealtad por encima de los costos políticos personales.

Pero una parte de la izquierda tanto lo respeta, como no lo quiere. Lo sienten más cómodo en una silla de platea del Solís, disfrutando ópera o Les Luthiers, que en una silla de plástico de la platea del tablado de Malvín. Y eso les rechina. Había hecho la reforma tributaria anhelada por la izquierda, y conducido la economía con crecimiento, suba del poder adquisitivo, baja de la pobreza, y aumento del presupuesto educativo.

Pero perdió con Pepe Mujica. El veterano exguerrillero se había convertido en el segundo político con más popularidad del país, detrás de Vázquez, pero además con el aroma del mosquetero de los pobres.
Igual que había perdido con Vázquez en 1999, veía evaporarse su chance presidencial ante Mujica.
Ahora, otra vez el Frente Amplio mira a su economista de cabecera para ver qué movida hace. El entorno político de Pepe lo quiere apurar, para que diga que sí va o que no insistirá por la corona.
Astori maneja sus tiempos.

El Frente Amplio comenzó este período con tres líderes políticos y dos potenciales candidatos. De los tres líderes, uno está en la Presidencia y no hay reelección; otro ya fue presidente y es octogenario; el tercero es el que ha tenido paciencia para esperar su momento, aunque llegará con 79 años a la próxima elección.

De los potenciales candidatos, uno se cayó (Raúl Sendic) y otro se afirmó (Daniel Martínez).
Es curioso para un gobierno de izquierda que en los gabinetes ministeriales no hay aspirantes con chance a "mosquetero" en otras áreas, uno que haya lucido en Educación, en Salud, o en el manejo de políticas sociales.

El presidente del Banco Central, Mario Bergara, salió a la cancha electoral y le marcaron "posición adelantada". Si estaba dispuesto a desafiar al que fue su líder, precisaba apostar más fuerte, pero puso pocas fichas en el paño, y hasta él, que lo alentaba, le dio la espalda. Muchos del astorismo disfrutaron con la patinada.

El director de OPP, Álvaro García, había aparecido tiempo atrás con proyección política, lo que alimentaba su mirada de futuro, "Uruguay 2050", y quizá por eso, y por la movida de Bergara, la prensa le preguntó si quería ser candidato.

El subsecretario del MEF, Pablo Ferreri, ha tenido una trascendencia política como ningún otro viceministro, y eso lo ha expuesto a las preguntas sobre qué quiere para su futuro partidario, en un proceso de renovación generacional en el Frente Amplio.

Fernando Lorenzo era el otro al que veían en esa proyección, pero el caso Pluna lo dejó fuera de la política. Astori, Lorenzo, Bergara, García y Ferreri: todos de Economía.

Aunque en el MPP y el Partido Comunista especulan con que otros ministros puedan tener chance por apoyo de Mujica, ni Carolina Cosse (MIEM) ni Ernesto Murro (MTSS) asoman en la consideración popular.

Martínez tiene un puesto para la recta final, Astori no se resigna pero ni habla del tema, y Mujica, que sí habla, asegura que no está para esa carrera. Pero en reuniones de la chacra dice que encabezará la lista al Senado y, como máximo, iría "como vice".

¿Paga la economía, políticamente, como para generar un candidato? Si 2009 era el año ideal para postular a un ministro de Economía, ¿cómo será 2019? La proyección de tendencias augura 17 años consecutivos de aumento del producto, los dos últimos años de Batlle (por repunte en segunda mitad de 2003 y afirmación en 2004) y los 15 años de la izquierda. En esa década y media, el responsable político habrá sido Astori, ya sea como ministro, vicepresidente, ministro de nuevo, y senador en un futuro.

Sin Lorenzo en carrera, con Astori llegando a octogenario, Bergara movió sus piezas, porque es el otro economista y político que estuvo este tiempo en esa gestión. Pero para ser candidato se precisa aparato partidario, lo que requiere un esfuerzo adicional al de la gestión de gobierno.

La novela de Alejandro Dumas gira sobre la vida de D'Artagnan y los mosqueteros Athos, Porthos y Aramis, que sirven al rey Luis XIII con la consigna de "todos para uno y uno para todos". Si hubiera unidad en la corriente política de los que gestionan la economía, y acuerdo sobre el que está en mejor condición para representarles, de ahí podría salir otro aspirante claro para "la final de 100 metros llanos".

Sin acuerdo en el astorismo en sentido amplio, con un precandidato como Martínez, que de alguna manera cubre el discurso no mujiquista-comunista, el desafío para los de Economía, pese al crecimiento inédito, es demasiado grande.

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