Los primeros pasos de los padres

La especialista en familia Evania Reichter presentará mañana su libro "Infancia, la edad sagrada" y dictará talleres sobre la importancia de las primeras experiencias de los niños

La especialista Evania Reichter sostiene que si los adultos no cambian su forma de recibir a los hijos al mundo los antes posible, las patologías y otras complicaciones de la personalidad y el carácter marcarán a las generaciones venideras.

Conocer los límites del adulto a la hora de educar es una de las batallas conceptuales que la periodista, escritora  y especialista en temas de familia Reichter viene dando desde hace algunos años.

Sus libros están orientados a varias premisas que vinculan a las primeras experiencias de vida del niño con su desarrollo a niveles más avanzados de edad. Su concepto, por simple que parezca, está orientado a cuestiones que tienen que ver mucho más con lo relacional desde lo físico que a complejos análisis de los sistemas de imposición. De hecho, ella sostiene que las variables decisivas son las que se dan en las cuestiones más simples de la vida inicial: los meses de vida en el vientre materno, por ejemplo.

Sin embargo, los preceptos de Reichter van mucho más allá del afecto como concepto con consecuencias en plan de resolución mágica. La profesional brasileña sostiene que en cuestiones como la primera infancia, los desarrollos son a nivel neuronal y hormonal, con producciones de compuestos internos y de desarrollo estructural que llevarán al ser humano a tener una vida más armónica y de mejor relacionamiento con el entorno, más autorregulada y en un marco de contención mucho más que de delimitación.

En diálogo con El Observador, Reichter explicó una de sus frases de cabecera, que sostiene que la paz en el mundo comienza dentro del vientre de la madre: “Cuando la persona ya está en el vientre materno va absorbiendo todo lo que le llega del afuera y no solo lo que la madre le provee. Antes se pensaba que el útero era algo mucho más a resguardo, pero hoy tenemos claro que puede ser una importante fuente de tensiones para el niño. De alguna manera, el vientre también es un tipo de límite natural para ese niño en camino”.

Y agregó: “Más adelante, los abrazos de una madre, por ejemplo, también lo son, y de una manera mucho más sutil y cariñosa que otros más comunes. Y esto es importante porque está probado, por ejemplo, que hasta los tres años de edad, los niños no pueden internalizar todos los ‘no’ que se les señalan. Recién a partir de los tres años y medio logran hacerlo. Es parte de un proceso que los padres deberían tener más en cuenta a la hora de criar hijos”.

Cuidado con los límites

Reichter, que tiene una serie de publicaciones editadas al respecto, señaló además que uno de los principales problemas que tienen los padres de hoy en día es “la ausencia total de regularidad” en el señalamiento de esos límites.

“Pasa muy seguido que los padres varían las intensidades de la forma de dirigirse a los hijos. Por ejemplo, tras un día malo, es muy común que el adulto centre toda esa mala energía en el niño, a la hora de señalarle cosas que uno quiere que haga o deje de hacer”. De esa manera, explicó, los niños terminan volviéndose víctimas de esa falta de regularidad.

Son cuestiones que ya encara desde hace varios años la Organización Mundial de la Salud, que ubica a la prevención de este tipo de accionares en la infancia como una de las mejores oportunidades de paliar el crecimiento de patologías como las depresiones o la bipolaridad e incluso la hiperactividad, cada vez más visibles en la vida actual.

En todo caso, el riesgo mayor es que estas patologías se vuelvan hereditarias en los hijos, que se traspasen del padre a ese niño que está criando. Un fenómeno que, según Reichter, todavía es muy notorio.

El enfoque de las investigaciones de Reichter, esencialmente interdisciplinar, se centra en cómo un buen manejo del afecto entregado al niño desde su gestación tiene consecuencias decisivas en cuanto a la capacidad de sinapsis, la tendencia al estrés y, en definitiva, el desarrollo de la masa cerebral.

“Lo que estamos diciendo es que hay algunas patologías muy de moda hoy cuya raíz puede estar en esos primeros momentos de la infancia”, explica Reichter.

Otros de los temas de vital importancia para la experta brasileña se centra también en el encare profesional de las llegadas al mundo (planteando una mayor humanización de quienes se dedican a esto) y también haciéndole frente a los mitos más comunes en el tema de la crianza de los recién llegados.

“Siempre comento que uno de los ejemplos más comunes es el de aquellos que dicen que se deje llorar al bebé todo lo que haga falta para que aprenda a dormirse solo. Un bebé tiene que ser asistido, tiene necesidades y no tiene la capacidad como para razonar”, explicó. “Si se lo deja llorar y no se hace nada, el bebé interpretará que no tiene ningún sentido pedir porque no será atendido, con sus consecuencias cuando necesite algo”, añadió.

Su encare también señala que se está mucho más pendiente del “que aprenda” por el mero hecho de lo que se definiría como “aprender a aprender”. Sin embargo, son muchas las materias pendientes en cuestiones como el aprender a hacer y, sobre todo, a convivir con el otro: “Estos son cambios que van a ser decisivos para el tipo de mundo que van a generar las generaciones que ahora se están criando”, aseguró.


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