Macri contraataca para tratar de revertir derrota en el Congreso

La aprobación parcial de una reforma impositiva de la oposición exhibe errores del gobierno
La aprobación en la Cámara de Diputados de un proyecto opositor para reformar el Impuesto a las Ganancias –el más odiado por la clase media argentina– supuso una dura derrota política para el macrismo, pero además dejó varias paradojas.

Primero, la constatación de cómo cambian las percepciones según se ocupe el rol de gobierno u oposición.

El kirchnerismo critica el mismo impuesto al que hasta hace un año consideraba imprescindible para financiar los programas de asistencia social. Mientras que Mauricio Macri acusa de irresponsabilidad fiscal a quienes pretenden reformar un impuesto al cual durante años había prometido derogar.
Pero la mayor paradoja es que, de transformarse en ley, el nuevo régimen de Impuesto a las Ganancias beneficiará sobre todo a la clase media asalariada, que es donde el PRO tiene su gran base electoral. Y que, al mismo tiempo, es un segmento donde el peronismo, sobre todo en su versión kirchnerista, tiene escasa llegada.

De manera que, con vistas a las elecciones legislativas de 2017, podría darse la situación insólita de que Macri se viera beneficiado por una mejora en el humor de los votantes de clase media que reciben un alivio impositivo.

La misma situación paradójica ocurre con las concesiones realizadas por el gobierno hacia los sindicatos y las organizaciones sociales, a un costo fiscal de unos US$ 4.000 millones. La crítica que el macrismo recibió desde sus propias filas fue que el pacto con la central sindical CGT y la aprobación de la ley de Emergencia Social suponen un esfuerzo sin rédito político, porque los beneficiarios de clase media-baja y la economía informal tienden mayoritariamente a votar al peronismo.

En términos políticos, entonces, no está tan claro si esta derrota parlamentaria del macrismo tendrá un correlato directo en las urnas.

Quien, a primera vista, pareciera quedar en mejor situación es el peronista Sergio Massa. Mientras macrismo y kirchnerismo aparecen adoptando el discurso exactamente opuesto al que mantenían hace un año, Massa puede argumentar que él se ha mantenido coherente en su rechazo a Ganancias, un impuesto similar al de la renta de las personas físicas en Uruguay.

Hay, de todas formas, un eventual costo político en su estrategia tras haber pactado con el kirchnerismo, ese mismo sector del cual no solo intentó despegarse sino al que acusó por corrupción.
El propio Massa es consciente de ese riesgo y acaso por eso prefirió no estar en la foto de los diputados peronistas que anunciaron el proyecto de ley.

El desafío de recuperarse

En el futuro inmediato, el desafío de Macri es asimilar el golpe y demostrar capacidad de recuperación ante la derrota. O, como se dice en el ámbito corporativo al que son afines los dirigentes macristas, mostrar "resiliencia".

Es esa habilidad que todo el sistema político le reconoció siempre a Cristina Fernández, que ante cada revés siempre elegía la estrategia de aumentar la apuesta, generar eventos políticos de alto impacto y reforzar su perfil, como en 2012, cuando transformó la crisis energética en la epopeya nacionalista por la reestatización de YPF.

Claro que a Macri no le resultará fácil emular a Fernández. Para empezar porque a diferencia de la exmandataria, no tiene una mayoría parlamentaria propia. Sin embargo, ya ha dado una demostración de que pretende transformar la debilidad en fortaleza política.

Su discurso "del día después" fue duro con la oposición y dejó en claro que, lejos de buscar un consenso, su apuesta es a reforzar más su perfil. No ahorró las críticas con nombre y apellido.
"El jefe de gabinete de Cristina, Sergio Massa, el ministro de Economía de Cristina, Axel Kicillof, el responsable de la Anses, (Diego) Bossio, el exgobernador de Cristina, Felipe Solá, la exministra de Trabajo, Graciela Camaño, todos decidiendo del Impuesto a las Ganancias del que no se ocuparon por más de una década", señaló Macri.

"Como si los argentinos no tuviésemos memoria. Que no recordásemos que hemos batallado durante todo un año porque nos dejaron un país quebrado, con deudas por todos lados", fustigó a los opositores.

Y, si bien no fue explícito al respecto, dio a entender que está dispuesto a vetar la ley si eventualmente el proyecto fuera aprobado en el Senado.

Macri ya tiene un antecedente positivo al respecto. Cuando a comienzos de año se votó la ley "antidespidos" que imponía una doble indemnización por las cesantías laborales, el presidente no sólo vetó la ley sino que transformó ese hecho en un acto de declaración de principios.

Explicó que vetar la ley era una forma de cuidar el empleo, porque el texto votado en el Congreso era un desincentivo para que los empresarios tomaran personal. Y trató de transmitir la imagen de un mandatario que no se dejaría amilanar por estar en minoría parlamentaria.

"El jefe de gabinete de Cristina, Sergio Massa, el ministro de Economía de Cristina, Axel Kicillof, el responsable de la Anses, Diego Bossio, el exgobernador de Cristina, Felipe Solá, la exministra de Trabajo, Graciela Camaño, todos decidiendo del Impuesto a las Ganancias del que no se ocuparon por más de una década" Mauricio Macri

Ahora aparece con la misma tónica. Aunque claro, no es la misma situación. Es menos simpático salir en defensa del equilibrio fiscal que del empleo.

Además, en el clima siempre enrarecido de diciembre y tras un largo año recesivo, la probabilidad de paros y manifestaciones masivas contra el gobierno no puede descartarse si aparece el veto como un elemento irritativo.

Cambio de estrategia

Es por ese motivo que la postura mayoritaria en Cambiemos es procurar un acuerdo en el Senado para que salga un proyecto sin la inconsistencias fiscales que el macrismo denuncia en el texto salido de Diputados.

Pero un acuerdo implica el reconocimiento de errores en la estrategia política del gobierno.
Para comenzar, cometió el error de dilatar la propuesta sobre Ganancias en contra de sus propios socios de coalición que le aconsejaban presentarla junto con el tratamiento del Presupuesto. Eso le dio el espacio a Massa para "colar" su iniciativa y tomar el protagonismo.

Pero, sobre todo, mostró que había perdido aquella habilidad demostrada durante la ley para el acuerdo con los "fondos buitre". En aquel entonces obtuvo su mayor victoria: gracias a un acuerdo con los gobernadores logró una holgada aprobación, incluyendo no sólo los votos de Massa sino también muchos del kirchnerismo.

La consigna, por ese entonces, era usar la "billetera" fiscal como gran argumento. Pero los cálculos salieron mal.

El gobierno se descansó en el hecho de que las provincias reciben el 50% por coparticipación del impuesto y que, por lo tanto, el apoyo de los gobernadores estaría descartado. Dio por descontado, además, que los US$ 6.000 millones de costo fiscal que tuvo el acuerdo por la devolución de fondos impositivos a las provincias implicaría un sentimiento de fidelidad.

Pero subestimó otros problemas no resueltos. Como la demora en la ejecución de la obra pública, que es vital para la suerte electoral de los gobernadores. O el enojo que causó en las provincias petroleras la intención oficial de rebajar el precio del barril para el mercado doméstico.

Es para el macrismo un momento de autocrítica y también de definiciones. En definitiva, la disyuntiva que está por delante es entre negociar con el peronismo o reforzar la apuesta por el estilo propio y confiar en que la opinión pública apoyará un proyecto económico aperturista.

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