"Mandrake" Wolf, un tipo del candombe

Alberto Wolf se define como "un músico de rock que también puede hacer un disco dedicado al ritmo"; en entrevista con El Observador, el compositor analiza el trabajo que presentará hoy en La Trastienda
La relación de Alberto Wolf con el candombe data de su adolescencia y está unida al tejido de sus composiciones a lo largo de sus 30 años de carrera. Sin embargo, fue el año pasado que el músico decidió por primera vez hacer un show dedicado exclusivamente al género. Ese espectáculo se transformó en el CD y DVD titulado de igual manera: Los Candombes. Y para presentarlo volverá al escenario hoy, esta vez en La Trastienda, a las 21 horas.

"Yo ya escuchaba a los Beatles, Deep Purple, Jimmy Hendrix. Y el candombe vino así: me prestaron Musicasión 4 ½ de El Kinto, y ahí flasheé", cuenta Wolf a El Observador. "Era algo que me sonaba conocido, pero no lo conocía. Y empecé a consumir eso. Me interesé en saber quién era Eduardo Mateo, escuché Mateo solo bien se lame. Y ahí empezó la cosa. Ahí empezó mi fascinación".

Así que primero te conquistó el formato canción.

Ahí va. Primero fue el formato canción y después me fui metiendo en la calle y en el candombe en todos sus temas: entender cómo se toca el chico, que es una cosa marciana. Es el que lleva la base pero va en el aire. Esas cosas a nivel rítmico no salen de muchos lugares, solo en África capaz. Pero no en Occidente.

¿Sabés tocarlo?

Digamos que sé llevarlo. Pero tengo una vergüenza bárbara para tocar. En un asado capaz que sí me pongo. Sí intenté sacar el ritmo del chico o del piano y después eso pasarlo a guitarra. Vos escuchás un candombe por Los Olimareños y no respetan el chico, tocan una cosa rarísima que no sé qué es.
Creo que mucha gente metió al candombe dentro del canto popular y no tiene nada que ver. Mucha gente en la época de la dictadura usaba el candombe como una manera de afianzar las raíces, porque esto es autóctono.

¿Por qué decidiste ahora hacer un show específicamente de candombe? ¿Era un debe?

En realidad eran unas ganas enormes que tenía. Era una necesidad estética y espiritual. Quería darme el gusto de hacer un show. Cuando empiezo a juntar todos los candombes que tenía escritos eran como 30, un disparate. Yo no me había dado cuenta de que tenía tantos. Algunos nuevos, otros que no había editado, otros que sí. Y entonces hablo con (Daniel, el bajista) Jacques y dejamos 20 canciones. La idea nuestra era mostrar cómo nos pega el candombe a nosotros, cómo lo podés interpretar. Hay canciones que son solo a guitarra y voces, otros que son con toda la banda y chico, repique y piano a full. Hay canciones con tumbadoras, todo el espectro.

Pero la idea inicial nunca fue hacer un disco.

Me parecía evidente que la canción candombe no vende mucho, es mas para músicos, pero a Bizarro le interesó. De 20 canciones quedaron 11, que yo quería fue fuesen nuevas. Y me siento muy orgulloso de haber hecho un disco de género. Es una cosa muy de compositor. Escribir sobre un género es importante.

¿Con el rock tenés un sentimiento similar?

Sí, yo creo que soy un tipo del rock pero que puede hacer un disco de candombe, y no muchos pueden hacerlo. Yo puedo hacer 80 mil discos de rock, puedo hacer un disco de punk, un disco de rock sinfónico, lo que quieras. Pero de candombe es más difícil.

Cuando yo era guacho y empecé a andar atrás de los tambores era raro. Y ahora ves comparsas por todos los barrios, y por todo el Uruguay. Pero la canción candombe no, parece que hay cierta reticencia a hacerla. Y está lleno de artistas que hacen candombe. Jaime (Roos) trascendió por la murga, y la última canción candombe que debe haber vendido muchos discos fue Las manzanas. Y Jorginho, que era un compositor increíble, no se cuanto vendió de La tambora. Un grupito de rock capaz que vende más que esos temas que son increíbles, ni que hablar de la música tropical, o el folclore mismo.

¿Hay alguna nueva generación que siga esa tradición del candombe canción?

Sí, por ejemplo los hijos del Lobo Núñez tienen La Calenda Beat, que es una de esas cosas que están en esa jugada. Después están los veteranos: Eduardo Daluz, Chabela Ramírez, y después está Jaime, Rada, Roberto Darvin. También me interesó mucho sacar este disco porque estamos llegando a un público más joven, para que vean cómo se mete el candombe con el rock. No para venir de hacer de Maestro Ciruela, ni nada por el estilo, sino para mostrar, que esto esta bueno.

El músico Pau O'Bianchi en algunos proyectos también está haciendo una suerte de candombe canción.

Me imagino. Lo que pasa es que esta gente saca discos todos los días. Y yo no puedo asimilar eso, soy un viejo de 53 años. Yo voy muy lento. Me imagino que ellos se cuelgan con esas cosas porque son tipos inteligentes, y creo que también están buscando una forma de identidad. Porque nosotros el candombe no lo tocamos siempre igual, hay algunos temas más tradicionales, pero otros que van por otro lado. Y eso es lo que me refiero: que haya gente que lo agarre y lo hagan como ellos quieran. Hablan Por La Espalda están haciendo eso mismo también, le están buscando una vuelta por el lado de ellos. Y a eso es lo que yo apunto, me encanta que se esté dando. Y que en lugar de que hayan 80 mil bandas de reggae hayan más de candombe. ¿Cuántas bandas de reggae hay? Y son todas iguales. El candombe da para hablar de muchas cosas y de muchos temas. Yo demuestro que hay canciones que hablan del género y otras del amor, de un viaje. Podés hacer cualquier cosa. Además es muy lindo para componer. En el rock tenés que ser más directo, más certero, acá podes divagar. Es como el blues. Y cantarlo es otra cosa, es un swing. Vas en coche. Vas viajando.

¿Sentís que ahora, a través de la reivindicación de Mateo, se revalorizó esta canción candombe?

Ahora se lo mira. Pero es increíble. Hace poco participé del homenaje a Mateo y se llenó la Adela Reta con dos meses de anticipación. Cuando tocaba con Los Terapeutas y Mateo, para llenar La Tramoya, que era un boliche como el Solitario Juan, todo era una complicación. Yo entiendo que es una música difícil, que es sofisticada, pero que no es pretenciosa. Es una música linda, que tiene melodía y swing. No se pone de pesada, fluye.

También en ese homenaje había muchísima gente joven.

Y sí, por suerte. Yo creo que nosotros empezamos a funcionar bien cuando nació la generación que estaba para escucharnos a nosotros. Los de nuestra generación eran unos imbéciles, estaban con el canto popular, eran muy cerrados. Era gente musicalmente primitiva, no tenían cultura musical. Y ahora los guachos sí. Y eso tiene que ver con las nuevas generaciones, como las de La Vela y No Te Va Gustar, los Buenos Muchachos, Bufón, que fueron músicos con cabeza más abierta.

¿Te parece que fue alrededor del De que se fue reorientando el público o fue antes?

Yo creo que fue antes. Con Amor en lo alto fue la primera vez que al presentar el disco en la Zitarrosa se llenó de bote a bote. A partir de ahí ya empezamos a tener gente que nos sigue. También nos tiramos más para el lado eléctrico, y justo se dio la bomba del rock.

¿En qué etapa estás en la realización del próximo disco?

Termino este show y ya empiezo. Tengo unas 20 canciones nuevas, y no sé qué sonido vamos a hacer. Ese es el problema. Porque a las canciones las podés vestir como querés, son como un muñeco. Por ahora me saqué las ganas de tocar candombe. Y vamos a ver qué viene.

El año pasado celebraste los 30 años de carrera. ¿cómo te cayó la fecha?

Y yo que sé, me duele cada vez más la espalda. Es horrible (risas). Pero sigo intacto a nivel de gustos musicales y de fuerza. Y con las mismas ensoñaciones y la misma ingenuidad cuando agarro el instrumento. La música para mí es intocable. Sigue siendo una chiquilina de 15 años.

Precios

Las entradas están a la venta en Red UTS con precios entre $350 y $700.

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