Marc Anthony en Uruguay: valió la pena

En su quinto show en Uruguay, el cantante conquistó al público uruguayo con una presentación que, si bien no innovó en repertorio, desbordó de carisma y técnica

Esta era ya su quinta visita. Su repertorio propio no había variado desde 2013 y sus interpretaciones histriónicas no le eran ajenas al público uruguayo, que lo recibió en su primer concierto fuera de Estados Unidos y Puerto Rico, en 1994. Sin embargo, el mero nombre de Marc Anthony volvió a invocar el pasado jueves a una Tribuna Olímpica casi repleta, lista para acompañar cada letra y cada movimiento del salsero con el fervor de la primera vez.

Con un primer calentamiento a cargo del grupo Ellas, que presentó su fusión de plena y ritmos brasileños, y el dúo Umami, más inclinado a la cumbia pop, la murga Patos Cabreros fue la elegida para telonear al cantante estadounidense. Aunque las tres agrupaciones lograron el cometido de desplegar una amplia gama de estilos, Patos Cabreros resaltó por una propuesta que, pese a ser icónica para los uruguayos, se desacopló del clima de fiesta latina que buscaba transmitir el resto del concierto.

Tras un breve interludio en el que amenazó una fina llovizna, el público ingente comenzó a reclamar la presencia de Anthony, aplaudiendo y gritando cada vez que las canciones previas eran interrumpidas y con cada persona que se asomaba al costado del escenario.

Ahora quién

Con la introducción de una multitudinaria banda y visuales de otras giras, Anthony finalmente emergió de la mano de Valió la pena, uno de los singles más recordados de su quinto álbum de estudio, con el que también inauguró su presentación sobre el mismo escenario en 2013.

Ataviado con una camiseta blanca, una chaqueta negra, un jean y sus característicos lentes de sol negros, Anthony dejó claro desde el principio que su forma de interpretar es la de un tipo específico de showman latino, uno que privilegia cierta austeridad, alejándose de las escenografías deslumbrantes y los cambios de atuendo. Uno que prefiere que el espectáculo recaiga en la connivencia con el público, y en la potencia de su música y su voz.

En ese estilo, su carisma brilló como el criterio comandante, llevándolo a desfilar constantemente de una punta a otra del escenario para no descuidar a ningún sector de fanáticos, al tiempo que hacía al público reír solo a fuerza de jocosas gesticulaciones y pantomimas.

Al retirarse los lentes de sol con el arranque del segundo tema, Y hubo alguien, ese diálogo con la audiencia se tornó aún más reiterado, e hizo ostensible el costado actoral de Anthony, que ha participado en casi una decena de filmes desde principios de la década de 1990.

La tercera canción, Hasta ayer, marcó otro de los hilos conductores del concierto, al dar lugar a un solo de guitarra prolongado que se repetiría más adelante con otra canción. En diálogo constante con su banda y su coro de gran nivel, Anthony permitió que las melodías de sus canciones sobresalieran casi tanto como su potente voz, que en varias oportunidades demostró su pericia con notas sostenidas.

Con Flor pálida, una de las pocas canciones que interpretó de su último disco, 3.0 (2013), Anthony finalmente reveló al público qué podía esperar del espectáculo: "un poquito de todo. De lo viejo, de lo nuevo, y un invento".

La canción, además, contuvo una nueva hazaña rítmica, esta vez de parte del baterista, que asombró con varios minutos de percusión en los que Anthony incluso participó acompañando con algunos golpes desde un instrumento secundario.

El solo, por sí mismo deslumbrante, también avaló uno de los momentos más efectistas del concierto: luego de que el músico, Jessie Caraballo, vertiera agua sobre su batería y la hiciera salpicar con fuertes percusiones, Anthony hizo lo propio, quizá burlándose de la llovizna que, pocos minutos antes, había inquietado al público.

Tras Contra la corriente, llegó el "invento": un medley de baladas que conjugó Abrázame muy fuerte, de Juan Gabriel, su propia Ahora quién, e ¿Y cómo es él?, de José Luis Perales, que acapararon los gritos y la emoción del público, ante un Anthony que alternaba la seriedad, frunciendo el ceño y agitando sus puños, con el humor.

La gozadera

El clima se mantuvo con una de las favoritas declaradas del artista, Vivir lo nuestro, la primera colaboración de su carrera, lanzada en 1994 junto a la cantante puertorriqueña La India. Apelando a la participación de las mujeres, vasta mayoría de su público, Anthony dejó a sus seguidoras cantar varios versos de la canción mientras asentía, aprobando.

Volando entre tus brazos, Qué precio tiene el cielo y Te conozco bien antecedieron a Mi gente, himno latino durante el cual las visuales recorrieron todas las banderas del sur del continente. Con la banda aún tocando la canción, Anthony paró el canto para propiciar uno de los momentos más simbólicos de la noche, en el que invitó al escenario a una fanática con un tatuaje de su rostro en el brazo (ver recuadro), firmó su piel y la abrazó.

El fervoroso fanatismo del público llegó a su punto álgido en los bises, con Tu amor me hace bien y uno de sus últimos hits propios, Vivir mi vida, que también le dio cierre al concierto de 2013. Aunque faltaron algunos clásicos de su primera época, así como las colaboraciones con agrupaciones como Gente de Zona, que lo han mantenido en el panorama musical en los últimos años, el público disfrutó sin reprocharle nada al artista.

"Qué increíble", dijo Anthony, mirando pasmado a la platea en movimiento y efusión mientras la banda continuaba. "Wow... inolvidable", y se agarró la cabeza, esta vez, menos histrión, sorprendido por un público que continúa renovando los votos de su primer amor.

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