María Eugenia, principal activo de Macri

Vidal no va a estar en las listas de candidatos de Cambiemos y no es fácil lograr la transferencia del voto

Por Alberto Valdez especial para El Observador

No es ninguna novedad señalar que la provincia de Buenos Aires ha sido hostil a las propuestas electorales no peronistas desde el regreso a la democracia. Salvo el triunfo de Alejandro Armendáriz impulsado por el formidable arrastre de Raúl Alfonsín como candidato presidencial el peronismo se impuso en forma consecutiva en las siete elecciones a gobernador bonaerense que se realizaron desde ese entonces (1987,1991, 1995, 1999, 2003, 2007 y 2011).

Incluso el pícaro Carlos Ruckauf puedo vencer a Graciela Fernández Meijide, una figura respetada, en 1999 a pesar del triunfo la Alianza de Fernando De la Rúa y Carlos Chacho Álvarez a nivel nacional. Luego de 28 años ininterrumpidos de administraciones peronistas en el principal distrito del país apareció María Eugenia Vidal en el lugar adecuado y en el momento ideal. Supo transformarse en el instrumento electoral de un sector importante de la sociedad fatigada de las malas gestiones del PJ y la sospecha permanente de la connivencia entre el peronismo bonaerense, sectores policiales y el delito, con el narcotráfico como emergente principal de las mafias.

Ese fantasma se apropio de la figura emblemática de Aníbal Fernández y millones de habitantes de la provincia de Buenos Aires se volcaron masivamente a favor de Vidal, obteniendo así más votos que el propio Mauricio Macri. Sin embargo esa aureola que la lleva a la Gobernación del distrito hegemonizado por el PJ no se esfumó, como suele suceder, una vez terminada la elección. Ella supo consolidar su popularidad demostrando una asombrosa empatía con la sociedad, incluso con quienes no la habían votado.

Y eso que el arranque fue complicado con la sangrienta triple fuga de los condenados por el triple crimen de General Rodríguez. Pero a medida que fue avanzando en la gestión diaria no titubeó a la hora de poner en el centro de la agenda la herencia recibida: dijo con todas las letras que recibió de Daniel Scioli una provincia quebrada y se empecinó en una lucha sin cuartel contra los sectores mafiosos que venían ejerciendo poder y termo desde la estructura de la policía bonaerense.

Muchos dirán que todavía no pudo realizar ninguna reforma de fondo pero es la primera gobernadora de ese distrito que ha cortado la cadena de financiamiento ilegal que entregaban todos los meses las conducciones policiales a las administraciones de turno. Se trata de un secreto a voces desde hace muchos años donde la recaudación proveniente del delito no sólo enriquecía a sectores policiales sino que además era ansiosamente esperada por los antecesores de María Eugenia.

Por todas estas cuestiones la gobernadora y sus colaboradores han sido víctima de amenazas de todo tipo que además han provocado una enorme solidaridad y reconocimiento de parte de la opinión pública porque sienten que están intentado cumplir con el principal ítem de la legitimidad de su gobierno: enfrentar a las mafias. Así que fue como se ha convertido en la figura más popular en la provincia de Buenos Aires.

A pesar que la oposición intentará convertir las elecciones del año próximo en un plebiscito sobre la gestión nacional de Mauricio Macri (sobre todo en la provincia de Buenos Aires), el peso específico de la gobernadora será un escollo muy complicado. No va a ser fácil para el peronismo, y especialmente para Sergio Massa y eventualmente Margarita Stolbizer, pedirle a los bonaerenses que voten contra Vidal. Y ella hará todo lo posible para instalar que si Cambiemos no gana en Buenos Aires sería un retroceso a la connivencia del PJ con las mafias, casi un triunfo de los Aníbal Fernández.

Esta dicotomía preocupa mucho a los referentes de la oposición bonaerense porque saben a ciencia cierta que un buen resultado oficialista les puede frustrar las chances de volver a controlar el gobierno nacional y provincial en 2019, alternativa que se vive como una pesadilla sobre todo para el PJ que no soporta estar en el llano. Pero además saben que no pueden hacer campaña directa contra la gobernadora. Por eso no son pocos los que dicen criticar a Macri y no a María Eugenia.

Sin duda, este es el principal activo político del presidente Macri a la hora de jugarse la gobernabilidad y la continuidad de su gestión, más allá de este mandato. A diferencia de sus antecesores quien ocupa la gobernación de Buenos Aires no sólo goza de popularidad sino que además está alineada firmemente con su liderazgo político. María Eugenia no es competencia para el jefe de Estado como lo fueron Eduardo Duhalde para Carlos Menem o Daniel Scioli para Néstor y Cristina Kirchner.

También es cierto que Vidal no va a estar en las listas de candidatos de Cambiemos y no es fácil lograr la transferencia del voto. Ese es sin duda un problema complicado para el oficialismo porque no puede recurrir a sus figuras más taquilleras porque estas ocupan cargos en los ejecutivos. La única que está disponible es Elisa Carrió pero parece que a gran parte del PRO y sobre todo a la gobernadora no le convence su postulación. Igual falta mucho para definir esas candidaturas y la última palabra será de Macri que se lleva mejor con la líder de la Coalición Cívica.

Sea como fuere, aquel opositor que quiera el año que viene quedarse con el triunfo electoral en Buenos Aires sabe que deberá ponerse en la vereda de enfrente de María Eugenia, quiera o no, porque ella está dispuesta a ser la jefe de campaña de Cambiemos y, por ende, la principal defensora de la gestión de Macri en suelo bonaerense donde se definirá a suerte y verdad el futuro político argentino de los próximos seis años.


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