Maricas, homosexuales

A partir del cambio de vocablos, Fernando Cabrera ha cambiado la letra de dos canciones
En El Observador Fin de Semana se publicó una interesante nota sobre el cambio de vocablos que hizo Fernando Cabrera a dos viejas canciones. El autor de la misma, Nicolás Tabárez, precisa que el cambio "va de la mano de las transformaciones sociales y de lo que hoy se considera correcto o discriminatorio".

En una de las canciones, lo que antes era: "unos chistidos de viejos maricas", ahora es: "unos chistidos de viejos ansiosos".

El cambio hecho por el autor arruina el verso: "marica" (entre cuyos sinónimos figuran los también poéticos vocablos "cacorro" y "sarasa") es una palabra de mayor sonoridad que "ansioso", la cual, además, está hoy utilizada en exceso, pues todo el mundo se siente "ansioso".

En la otra canción, el verso original decía: "un sofá atiborrado de homosexuales". Ahora la palabra "homosexuales" ha sido sustituida por "rivalidades", cambio que en este caso mejora al verso, pues le otorga una dimensión de mayor lirismo y abstracción poética.

Cabrera habrá tenido sus razones al hacer los cambios, tal vez para no desentonar con lo "que hoy se considera correcto", pero en literatura este tipo de remedo, pues también en la novela suele ser común, es tan viejo como el acto mismo de escribir. Un buen escritor corrige más de lo que escribe.

"Los editores salvan a los escritores de seguir corrigiendo", afirmó una vez Jorge Luis Borges.

Zunilda Gertel, una de las grandes especialistas en la obra del escritor argentino, me contó que cuando lo visitó en Zurich, semanas antes de que Borges muriera en junio de 1986, este se encontraba corrigiendo un poema escrito 60 años atrás y le comentó que por fin había podido encontrar los adjetivos correctos que por tanto tiempo había andado buscando.

Vivimos en una época en la que todo el mundo escribe, incluso el 97 por ciento de la humanidad que no sabe escribir, pero quienes lo hacen nunca, o muy raras veces, corrigen, de ahí la ruina en progreso que acecha a la sintaxis y a la gramática.

Pocos parecen advertir que el secreto de la gran escritura, sobre todo la creativa, está en el acto de corregir e intentar mejorar –cambiando una palabra por otra, agregando o quitando una coma- lo escrito, incluso aquello que ya fue escrito hace mucho.

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