Medicando la enferma vaca sagrada

La conducción técnica de ANCAP empieza a dar sus frutos

La concepción empresarial de la nueva conducción técnica de ANCAP empieza a dar frutos modestos para el ordenamiento que faltó durante largos años de gestión descuidada e incompetente. Reducción de gastos, recortes en áreas deficitarias, venta de activos improductivos y admisión transparente de las dificultades que persisten fueron confirmados en la comparecencia pública del equipo que preside Marta Jara, para informar de resultados en 2016 y perspectivas en el mediano plazo. Generó sorprendida confusión, sin embargo, la afirmación del gerente general, Ignacio Horvath, de que la refinación local de petróleo fue 10% menos costosa que si el año pasado se hubiera importado combustibles listos para el consumo.

Su detallado informe sobre costos comparativos contradijo la previa afirmación de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea). Este organismo oficial había asegurado que se habrían ahorrado US$ 419 millones en 2016 importando combustibles en vez de refinarlos en La Teja. Las autoridades de ANCAP cuestionan esta conclusión, atribuible a posible error en la metodología de cálculo en Ursea. Por un lado, no hay razones para dudar de la precisión técnica de lo afirmado por Horvath. Por otro, sin embargo, su anuncio no condice con la comprobada baja productividad de la refinería con respecto a instalaciones similares en Chile y Estados Unidos.

En cualquier caso corresponde reconocer los esfuerzos profesionales de las actuales autoridades del ente por reparar los daños causados por la mala gestión de la mayor empresa pública. Uruguay estaría mucho mejor si no existiera ANCAP o si hubiera libertad de importación de combustibles. Pero es una meta imposible debido a la reverencia estatista de visos hindúes con su costosa y enferma vaca sagrada. Mientras males pasados están en manos de la Justicia por denuncia conjunta de todos los partidos de oposición sobre presuntas irregularidades, la nueva conducción avanza dificultosamente en asegurarle algo de salud. Los resultados del tratamiento son todavía magros, pero al menos insinúan lenta reversión de los desastres anteriores.

La ganancia de US$ 15 millones en 2016, por primera vez después de cinco años de pérdidas acumuladas por US$ 800 millones, no cuenta la verdadera historia. El gobierno tuvo que poner US$ 623,5 millones para evitar el colapso. Y luego se aprovechó la caída del precio internacional del petróleo y la valorización del peso ante el dólar. Estos dos últimos factores habrían abaratado los precios que todos los uruguayos pagan por los combustibles, los más altos de la región, si se hubieran volcado a las tarifas. Pero Jara reconoció que se optó por usar los US$ 130 millones ahorrados para pagar deudas. Aunque la decisión tiene fundamento económico, significa que, entre la capitalización hecha por el ministerio de Economía y el mantenimiento de tarifas desmesuradas, los uruguayos pusieron más de US$ 750 millones de sus bolsillos para que ANCAP muestre un pequeño saldo positivo.

Este aporte obligatorio de la población hasta podría justificarse si significara estabilidad empresarial. Pero es una meta tan incierta como lejana por los lastres que persisten. Hay quienes esperan que Jara y su equipo logren el milagro. Pero entre tanto los uruguayos, castigados una y otra vez con aumentos de impuestos y desmesuradas tarifas de servicios públicos, seguirán empobreciéndose para solventar el vacuo culto al estatismo.


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El Observador

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