Menem lo hizo

“No sé si voy a sacar el país del problema económico. Pero seguro que voy a hacer un país más divertido”, Carlos Saúl Menem en 1990

Síganme, no los voy a defraudar!" Con ese eslogan, el hasta entonces gobernador de la provincia de La Rioja, Carlos Saúl Menem, venció en las elecciones presidenciales argentinas de 1989 y sucedió al mandatario Raúl Alfonsín en un país que se recomponía políticamente tras una dictadura de siete años, pero que sufría una crisis en la que no era posible determinar los precios de los productos en las tiendas debido a una hiperinflación. Con una reforma económica total, el carismático riojano dio inicio a una década muy particular en ese país.

"El peronismo es amigo de los pobres, es amigo de los trabajadores, es amigo de los que tienen hambre y sed de justicia. No temáis. Vais con Perón y su doctrina", dijo Menem en su acto de cierre para las elecciones de 1989, llevando como compañero de fórmula al posterior presidente Eduardo Duhalde. Tomaba las palabras de Julio César, quien –en lugar del político argentino y su pensamiento– había expresado: "No temas, que llevas contigo a César y su fortuna", de acuerdo a lo narrado por Plutarco en la obra Vidas paralelas.

Lejos estuvo en su gobierno de encumbrar una sociedad tan culta como la que proponía con aquella cita de un historiador griego, aunque en cierta forma sí se pareció al ejercicio del poder de un emperador romano.

Con un estilo muy particular, Menem gobernó Argentina entre 1989 y 1999, y en ese período llevó al granero del mundo a la cúspide y posterior destrucción.

Al llegar a la Casa Rosada privatizó las empresas públicas e impuso un plan de convertibilidad ante una moneda sumamente debilitada con la que equiparó de manera fija el valor del peso argentino al del dólar estadounidense. El famoso "uno a uno".

De esta manera fundó los años 1990. Épocas de pizza con champagne, de Amalia Yuyito González y Alejandra Pradón, de Vilma Palma e Vampiros y el Grupo Sombras, de ¡Grande, pa!, de bonanza económica –acompañada por un viento de cola internacional favorable– en la que los argentinos volvieron a sentir las mieles de la clase media consolidada.

Su gusto por la farándula era innegable. Los almuerzos en televisión con Mirtha Legrand, las visitas de su hija Zulemita al programa Hola Susana, las fiestas con famosos. Todo era alegría, en apariencia. Tanto le gustaban las figuras del jet set que, tras su mandato, en 2001 y a sus 70 años, se casó con la ex Miss Universo chilena Cecilia Bolocco.

Aunque, más que la farándula, le gustaba el poder. En 1994, cuando su período al frente del país estaba por terminar, impulsó una reforma constitucional que consagró la reelección consecutiva y acortó el período de gobierno de seis a cuatro años.

Con ello hizo campaña nuevamente para continuar como jefe de Estado, y lo consiguió.

Pero durante sus gobiernos algunas sombras aparecieron. El primer episodio doloroso del menemismo llegó en 1992, cuando un atentado en la Embajada de Israel dejó un saldo de 22 muertos y cientos de heridos. El segundo ocurrió en 1994, con un ataque terrorista en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina que enlutó al país. El tercer incidente oscuro tuvo lugar en 1995, cuando su hijo Carlitos cayó de un helicóptero que el joven pilotaba. Eso provocó la ruptura con su primera esposa, Zulema Yoma, que hasta el día de hoy asegura que la muerte del muchacho fue un atentado por "cuestiones geopolíticas".

Hacia finales de la década de 1990 el desempleo ya asomaba como un problema grande en Argentina. La industria estaba desmantelada y la paridad de la moneda local contra el dólar era insostenible. Pero Menem decidió no cambiar el rumbo e incluso coqueteó con una segunda reelección que descartó cuando vio que no tenía apoyo suficiente.

A mediados de 1999 invadió los medios argentinos una campaña de propaganda que exaltaba la figura de Menem, intentando grabar el mensaje de que el presidente podía no haberlo hecho todo: "Que hizo mucho nadie puede negarlo". Consignas como "un peso fuerte, Menem lo hizo", "Puerto Madero, fue él quien lo hizo" o "la hiperinflación con él terminó", con música de jingle de los años 1990, ponían fin a su segundo mandato.

Sus políticas –sumadas a elevados niveles de corrupción, un poco brillante sucesor como Fernando de la Rúa y a la devaluación de Brasil a comienzos de 1999– sumieron dos años más tarde a uno de los países más ricos del continente en una crisis que marcó a fuego a los argentinos con hambre, saqueos, incumplimiento en los pagos de la deuda y una nación desmoronada. Y los defraudó.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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