México al rojo vivo

Viva, de Patrick Deville, es una novela inspirada en hechos reales que retrata al México de la década de 1930, a partir de las figuras de León Trotski y Malcolm Lowry
En un mundo que tiende sin saber muy bien por qué hacia la homogenización y que se apoya con fuerza en la tecnología digital para definir el presente y soñar el futuro, la obra de Patrick Deville aparece como una rara excepción. No en vano, el francés se ganó hace tiempo el rótulo de escritor analógico, no solo por el tenor de sus libros, que excavan sin contemplaciones en la historia, sino también por la forma en que trabaja.

Sucede que Deville es incapaz de escribir una línea sobre algo que sus ojos no hayan visto o sus manos tocado. Cada uno de sus libros es fruto de innumerables viajes por el mundo tras la pista de un suceso concreto. En Peste y Cólera siguió minuciosamente los pasos del médico que encontró la cura a la enfermedad. En Ecuatoria, recorrió los mil caminos africanos que pisaron los pioneros europeos para lograr llegar al corazón del continente negro.

Viva, que se centra en mostrar la efervescencia cultural y política del México de la década de 1930 a través de las figuras de León Trotski y Malcolm Lowry, no se aleja un ápice de este método de trabajo. El mismo autor es consciente de su manía y en un pasaje del libro se ríe de sí mismo, admitiendo que, quizás, no era necesario atravesar toda Rusia en tren para poder leer a gusto a Trotski.

La otra gran figura del libro es el escritor inglés Malcolm Lowry, que también recalará en México. Allí, entre litros de mezcal, surgirá su esplendorosa novela Bajo el volcán. Deville narra al detalle la desesperación de Lowry, que reescribió durante diez años la novela hasta que fue aceptada por un editor.

Aunque Viva se centra en estas dos grandes personalidades del siglo XX, no son las únicas que dialogan a lo largo del texto. Deville logra articular con eficacia un sin fin de voces que confluyen en México. Antonin Artaud, André Breton, Graham Greene, Arthur Cravan, Tina Modotti, Diego Rivera o Frida Kahlo son algunos de los secundarios más destacados.

El fresco de época resulta imponente, soberbio en cada uno de sus aspectos. La información se acumula en cada párrafo y se multiplica en cada página, mientras Deville crea su telaraña intemporal para atraparlo todo: aromas, lugares, frases, documentos, peleas, testimonios, repercusiones e hipótesis.

La capacidad del autor para relacionar los más diversos temas solo es comparable con su erudición, la que lo lleva, por ejemplo, a leerse 300 páginas de un libro sobre el mezcal para luego escribir solo una carilla al respecto. O devorarse toda la literatura rusa para entender el carácter de Trotski y su aciago destino.

Conocer de antemano todos los hechos que se citan en el libro es una tarea imposible y hay veces en que el lector se puede sentir algo perdido. La crítica señaló este aspecto como un hándicap de su literatura, pero Deville está convencido de su trabajo y por eso dice en una nota con Erika Olavarría que "el libro vale lo que vale el lector".

Aunque es un experto en literatura comparada, dentro de Deville habita también un antropólogo que emerge cada vez que puede.

Porque a pesar de que su literatura se apoya en personalidades excepcionales, siempre hay en sus textos una mirada que busca entender al hombre como especie, como conjunto indivisible.

El libro se lee con emoción aunque ya se sepa el final de la historia: Ramón Mercader asesina a Trotski al clavarle un pico de escalar en la cabeza y Malcolm Lowry, tras la agotadora experiencia de Bajo el volcán, sucumbe definitivamente al alcohol y la locura.

Viva propone un viaje alucinante que va de las estepas heladas de Rusia al calor asfixiante de México, del ideal político al ideal estético, de la belleza de la creación al horror del exterminio; de la vida a la muerte.
Solo es cuestión de subirse al tren.

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Acerca del autor

Andrés Ricciardulli