Mundo en ascuas por puja presidencial

El supermartes dejó una indicación de sensatez y un área de temor

El supermartes, etapa trascendente hacia la elección del próximo presidente de Estados Unidos, dejó una indicación de sensatez y un área de temor. De las dos figuras cuyos programas de desastre ensombrecen para todo el planeta la definición presidencial en la primera potencia mundial en noviembre, una sufrió una derrota aplastante en las internas simultáneas del Partido Demócrata en 11 estados pero la otra avanzó hacia la candidatura del Partido Republicano. Hillary Clinton abrumó al senador Bernie Sanders, que se proclama a sí mismo socialista demócrata y que ha logrado atraer un voluminoso voto joven con su programa imposible de dar vuelta el sistema político con una revolución y eliminar las grandes empresas y bancos que son la base de la estructura económica del país. Con estos resultados y los de las primarias previas, la exsecretaria de Estado, en su segundo intento por la candidatura después de haber perdido hace ocho años ante Barack Obama, ha acumulado 1.001 delegados, de los 2.383 necesarios para ganar la nominación presidencial, contra 371 de Sanders.

Pero el otro peligro mundial, el multimillonario Donald Trump, fue también vencedor en siete estados. Tiene ahora 285 delegados de los 1.237 que necesita. A diferencia de Clinton, sin embargo, es menor su ventaja sobre sus dos principales rivales, los más razonables Ted Cruz y Marco Rubio. El senador Cruz, con 161 delegados, instó a Rubio, que ha logrado 87, a retirarse de la campaña para unir sus fuerzas como forma de tratar de detener el empuje de Trump. Rubio no ha aceptado por ahora. Pero hacerlo parece la única esperanza de frenar la impetuosa marcha hacia la candidatura republicana de otro extremista, aunque ideológicamente en la vereda opuesta a la de Sanders. Trump ha prometido construir un muro con México para detener la inmigración clandestina, expulsar a 11 millones de residentes indocumentados y prohibir el ingreso al país de cualquier musulmán, aunque se trate de un residente deseable.

Trump representa el aislacionismo y la xenofobia que atraen a buena parte de la ciudadanía pero que no tienen cabida en el mundo moderno, especialmente en la nación más poderosa del planeta y que participa decisivamente en todos los conflictos y vicisitudes internacionales. Una reciente encuesta de CNN da como perdedor a Trump en una puja por la Presidencia con Clinton y hasta con Sanders. Pero dada la sorpresiva fuerza que viene mostrando en forma creciente, nadie se anima a descartarlo como posible ocupante futuro de la Casa Blanca. Tanto Cruz como Rubio integran los sectores conservadores más tradicionales del Partido Republicano, pero sus resultados electorales en las internas de los estados, en las que aún faltan 35 comicios, no plantean hasta ahora una esperanzada alternativa más razonable a la candidatura de Trump.

Clinton y Trump ya han cambiado el tono de sus campañas, personalizándolas en su eventual oponente como si ya fueran los candidatos de sus partidos. Clinton objetó el eslogan de Trump de “devolver la grandeza a Estados Unidos”, argumentando que el país nunca la perdió. Y el xenófobo magnate neoyorquino azuzó a Clinton, describiéndola como una política profesional desgastada por sus largos años en Washington. El escenario se definirá en los próximos meses, con las primarias restantes y finalmente la elección presidencial, mientras un mundo en ascuas contiene el aliento.


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El Observador

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