Ni perros ni mexicanos: de la libertad de internet a la "caza de brujas interminable"

El psicólogo social Roberto Balaguer advirtió sobre un cambio en la actitud de los usuarios de redes sociales

El caso del cartel colocado en la entrada de un café de Pocitos que, parafraseando a la última película de Quentin Trantino Los ocho más odiados, advertía que no estaba permitida la entrada de perros ni de mexicanos, y que alcanzó repercusión a raíz de las redes sociales dejó en evidencia el nuevo rol que en el último tiempo adquirieron estas plataformas virtuales.

La denuncia de discriminación realizada vía Twitter por el decano de la Facultad de Ciencias Económicas, Rodrigo Arim, generó una polémica virtual que provocó en muchos casos el rechazo al café Coffee Shop, ubicado sobre Bulevar España y Franzini. A través de un comunicado difundido por Facebook, los dueños del local tuvieron que salir a explicar la situación. "Pudo haber sido insultante de manera accidental, por lo que es necesario aclarar que nunca haríamos este tipo de declaración en serio", escribieron.

El humorista de FM del Sol, Darwin Desbocatti, comentó en su columna que las redes sociales se convirtieron en redes morales, una postura con la que concuerda el psicólogo social especializado en internet, Roberto Balaguer.

De hecho, en diálogo con El Observador, subrayó la mutación que ha sufrido internet, especialmente las redes sociales. "El mundo de internet pasó de ser un lugar de expresión libre, donde uno podía decir cualquier cosa amparado en el espíritu de libertad, a la situación actual, donde lo que predomina es estar a la caza de la próxima víctima", afirmó.

Señaló que en este caso, incluso, el "cazador" (Arim) terminó siendo "objeto de una caza de brujas interminable" por no conocer la película de Tarantino. "Actualmente, expresarse en internet termina siendo riesgoso porque enseguida uno puede llegar a ser objeto de una especie de cyberbulling frenético", lo que en definitiva termina dando lugar a la autocensura y al silenciamiento del usuario, expresó. "Es un mundo donde no se perdona un chiste, ni un tuit con información errónea" y donde "se pierde el espacio de creación y de debates interesantes".

"El mundo de internet pasó de ser un lugar de expresión libre, donde uno podía expresar cualquier cosa amparado en el espíritu de libertad, a la situación actual, donde lo que predomina es estar a la caza de la próxima víctima", afirmó Balaguer.

Al respecto, Balaguer apuntó que esta realidad que se vive en las redes sociales refleja la idiosincrasia uruguaya, que tiene mucho de crítica permanente y de buscar donde se equivocó el otro, sin preocuparse por lo que hace uno. "Estos mecanismos conllevan a cierta represión, que es algo bien uruguayo: mejor no digo nada porque si me meto y me equivoco, todos me conocen y me sale caro".

Para el experto, conjuntamente con la pérdida de un espacio de libre expresión también se ha caído el mito originario de que en las redes sociales todos somos iguales. "En las redes no todas las voces pesan igual. Hay gente que tiene más poder o más influencias que otras, un poco por las mismas redes y otro poco por el estatus que tienen en la vida pública", afirmó.

"Ni perros ni mexicanos": el caso en las redes sociales

"Mágico lugar, cosmopolita y hogareño". Hasta hace una semana, esta era la típica reseña que recibía en sus redes sociales Coffee Shop. Ahora los comentarios van por otro lado: "Tienda de gente retrógrada y energúmenos que hacen pública su poca inteligencia", escribió un usuario el pasado lunes. "Local racista, ¡se lo debería clausurar ya!", exclamó otro. "Aunque la comida, el servicio, los precios y el lugar sean muy buenos, dejan mucho que desear por discriminadores", reza otro de los comentarios.

Entre el lugar mágico y cosmopolita y el local racista y retrógrado estuvo la difusión en redes sociales de una foto de un cartel a la entrada del bar que, debajo de la descripción de la oferta gastronómica, decía "no se admiten perros ni mexicanos".

Este sábado el decano de la Facultad de Economía Roberto Arim difundió la imagen por Twitter y, a partir de allí, se volvió viral y dio comienzo al debate. "Inaceptable: Discriminación pura", escribió Arim en la red social.

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El mensaje fue replicado por cientos de usuarios, muchos de los cuales reclamaban un boicot al local. Uno de ellos fue el exsecretario de la Junta Nacional de Drogas, Milton Romani. "Hay que denunciar, difundir y desplegar un boicot activo", publicó.

"Me da un poco de vergüenza la chatura intelectual, que no puedas tener un poco de apertura mental para darte cuenta que no hay ningún tipo de mala leche", dijo a El Observador la dueña de Coffee Shop, Janine Boivin.

La andanada de mensajes llegó incluso a la órbita diplomática. El embajador mexicano en Uruguay, Francisco Arroyo, declaró a Subrayado: "Ningún humor justifica la ofensa y no estamos dispuestos a dejarlo pasar". Por eso, anunció, elevará una queja formal.

Janine Boivin, dueña del local, explicó a El Observador que ni siquiera había visto el cartel antes de que se desatara la polémica y criticó la reacción desproporcionada de la gente. "Me tomó por sorpresa lo que son las redes sociales, lo peligrosas que son y el daño que me están haciendo sin conocer", afirmó.

Janine es uruguaya, pero vivió en Nueva York y allí conoció a Jim Delalla, su esposo. "Él es norteamericano pero es lo más antiamericano, por eso estamos acá", explicó.

El cartel, calcula Boivin, está desde hace unas semanas y lo escribió su esposo luego de ver con varios amigos The Hateful Eight (Los ocho más odiados), la última película de Quentin Tarantino. En un momento del film, que transcurre en pleno siglo XIX, el personaje interpretado por Samuel L. Jackson habla acerca de un cartel con esa frase, colgado por la dueña de un refugio. "¿Sabes por qué lo sacó? Empezó a permitir el acceso de perros", agrega el personaje.

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La frase en el cartel, sostuvo Boivin, fue escrita irónicamente, como una especie de "juego intelectual" sobre lo que significa la discriminación, pero "fue tomada totalmente al contrario". "No pensamos que alguien podía tomarlo literalmente, que significaba algo en contra de los mexicanos", agregó la dueña del café.

"Lo gracioso es que terminaron de dar vuelta todo esto, que era una cuestión anti xenofóbica", dijo Janine Boivin, dueña del café.

En un mensaje compartido a través de Facebook este fin de semana, Coffee Shop dice entender que el cartel "puede haber sido insultante de manera accidental". "Es necesario aclarar que nunca haríamos este tipo de declaración en serio", señaló. El problema, según Boivin, fue que la frase se leyó fuera de contexto, y en ese sentido criticó a muchos de los que se volcaron a las redes para defenestrar al local sin conocerlo.

"Me da un poco de vergüenza la chatura intelectual, que no puedas tener un poco de apertura mental para darte cuenta que no hay ningún tipo de mala leche", comentó Boivin.

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Intimación

El sábado, Coffee Shop recibió una intimación a presentarse el próximo martes 18 de abril a la Intendencia de Montevideo (IMM) con la documentación del local y los descargos correspondientes. Según explicó la directora de Desarrollo Social de la IMM, Fabiana Goyeneche, inspectores de la comuna informaron a los dueños de lo expresado en la Ley N°17817, que prohíbe "los actos racistas, discriminatorios o xenófobos".

Goyeneche afirmó que el organismo con competencia en el tema es la Defensoría del Vecino, que deberá dilucidar si hubo o no discriminación. A su vez, la jerarca informó que la Secretaría de Derechos Humanos, que depende de Presidencia, también consultó a la IMM sobre el tema.

Guerra de calificaciones

En Facebook, la reputación del café se debate entre el centenar de comentarios en contra y los que salen a defender a los dueños y su accionar. Las calificaciones, entre una y cinco estrellas, dan fe de la división de opiniones.

Al momento de escribirse esta nota, el local contaba con un promedio de 3,1 estrellas pero las bajas calificaciones se hicieron sentir: de las 315 reseñas, 144 son de solo una estrella.

Para Boivin, la mayoría de los mensajes "son de gente que ni siquiera vive en Uruguay" o que "nunca pusieron un pie" en el café. "El daño que están haciendo es descompensado y sin comparación con lo que ellos creen que puede haber ofendido", afirmó, y agregó que la gente que frecuenta su local "sabe bien que no hay ni habrá una prueba de ningún tipo de discriminación contra nada ni nadie".


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