Nin Novoa, el viejo socio de Tabaré

El canciller empuja una mayor integración comercial, mientras la izquierda más conservadora pisa el freno

El canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, tuvo una jornada de gloria este lunes, cuando presidió en la ONU un largo debate sobre los conflictos perpetuos de Medio Oriente. Uruguay ocupa en enero la Presidencia rotativa del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: un enano sentado a la mesa de los gigantes, y Nin lo hizo valer.

El canciller es hombre de confianza del presidente Tabaré Vázquez, y una pieza clave de su gobierno, junto al ministro de Economía, Danilo Astori. Se lleva bien con la oposición aunque es mirado con recelo por los frenteamplistas más conservadores u "ortodoxos", ese arco que pasa por el PCU y el MPP. Y estará en el ojo del huracán en cuanto el gobierno trate, como pretende, de explorar el ingreso a otros grandes bloques regionales como la Unión Europea o el acuerdo Transpacífico.

Rodolfo Nin Novoa (68), técnico agropecuario y empresario rural, fue intendente de Cerro Largo por el Partido Nacional entre 1985 y 1994. Ese año abandonó su partido y creó con Tabaré Vázquez el Encuentro Progresista, un círculo abierto y flexible con el Frente Amplio como núcleo duro. Nin se aseguró un puesto de destaque: la candidatura a la vicepresidencia de la República, y Vázquez amplió el atractivo del Frente Amplio, que hasta entonces no superaba el 21% de los sufragios.

Tras la fórmula Vazquez-Nin, la coalición de izquierda creció sin cesar: 30% de los votos en 1994, 40% en 1999 y más de 50% en 2004, cuando ganó el gobierno nacional y quebró la historia política uruguaya.

Nin Novoa integró la lista de los posibles precandidatos presidenciales por el Frente Amplio para las elecciones de 2009. Pero nunca fue bien aceptado por el viejo tronco de la izquierda uruguaya, que lo mascó, casi por imposición de Vázquez, pero no lo tragó.

Nin abandonó toda pretensión presidencial a inicios de 2008, después de denuncias de tráfico de influencias y ocultamiento de bienes. Se cuestionó la manera por la que, siendo vicepresidente de la República, levantó un prolongado embargo del Banco de la República. El asunto más debatido fue su omisión, en una declaración jurada de bienes, de una sociedad ganadera con sus hermanos. Nin Novoa hizo descargos contradictorios y un fiscal pidió su procesamiento por "falsificación ideológica". En agosto de 2011 el Senado se negó a quitarle los fueros y el asunto se archivó.

En 2014, apenas ganó las elecciones nacionales por segunda vez, Tabaré Vázquez lo designó ministro de Relaciones Exteriores. Al asumir la Cancillería el 1º de marzo de 2015, dio por enterrada la política exterior de José Mujica, quien había preferido las afinidades políticas y el "estribo" de Brasil. Nin prometió que, como canciller, no caería "en la tentación" de "privilegiar la política al derecho", una negación explícita de la doctrina de Mujica, quien en julio de 2012, para facilitar el ingreso de Venezuela al Mercosur, puso "lo político por encima de lo jurídico".

Aseguró que se descartarían "las visiones ideológicas" en el comercio exterior uruguayo y se mostró muy crítico con el Mercosur, un bloque más retórico que real.

Perfectamente conscientes de la insignificancia de Uruguay en el mundo –y de la inoperancia del Mercosur–, las cabezas del actual gobierno proponen no dejar al país "afuera de los grandes flujos comerciales". Con cada TLC que se firma sin su participación, Uruguay cae un escalón y pierde competitividad, pues sus productos deben rivalizar con los de países más abiertos, como Australia o Nueva Zelanda, que no pagan aranceles aduaneros.

Durante su primer gobierno, en medio de graves diferencias con Argentina por la construcción de una fábrica de celulosa en Fray Bentos, Tabaré Vázquez propuso negociar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Sería un gran golpe comercial y político, que permitiría escapar de la tutela de los grandotes de la región y dar un gran salto económico. El proyecto se frustró por la obstrucción de Néstor Kirchner, la frialdad de Lula y la oposición de una parte del Frente Amplio, que encarnó públicamente el entonces canciller Reinaldo Gargano.

Vázquez y Astori no han abandonado su convicción de que Uruguay debe ir mucho más allá del Mercosur, como forma de aumentar su independencia y prosperidad. Nin no es un obstáculo para ese plan sino un socio. La resistencia, en todo caso, viene de la izquierda clásica, timorata ante el mundo y proclive al proteccionismo.



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