No basta la pena a Venezuela

La penalización a Venezuela dentro de pocos días pone una pizca de racionalidad en el Mercosur

La penalización a Venezuela dentro de pocos días pone una pizca de racionalidad en el Mercosur. Pero se necesita mucho más que liberarse parcialmente del lastre venezolano para sacar el bloque de la parálisis. Que alcance finalmente algo de sentido y utilidad depende de los presidentes de los dos socios mayores, Michel Temer y Mauricio Macri. Ambos están enfrascados en el mediano plazo en las profundas crisis económicas y sociales de sus países, más que en preocuparse del Mercosur. Bajo este horizonte desalentador nuestro gobierno tiene escaso margen de acción en temas que golpean a Uruguay.

El encuentro del presidente Tabaré Vázquez con el poderoso empresariado de San Pablo buscó la promoción, esperanzada pero incierta, de inversiones brasileñas en nuestra fracturada estructura de vías de transporte, sin cuyo mejoramiento peligra la tercera planta de celulosa que proyecta UPM. Pero nada augura la llegada de esos capitales mientras no se restablezca cordialidad entre los gobiernos de Uruguay y Brasil.

Pese a las profusas expresiones de acercamiento de Vázquez en San Pablo, sigue jugando en contra el profundo error del presidente, de su Frente Amplio y del intendente de Montevideo, Daniel Martínez, de haber recibido con bombos y platillos a la destituida presidenta Dilma Rousseff, algo que ni Temer ni la estructura dirigente de Brasil olvidarán fácilmente.

La fría actitud brasileña contrasta con la calidez y buena disposición de Macri hacia Uruguay. Pero las prioridades del presidente argentino, al igual que las de Temer, son salir de los agudos apremios fiscales heredados de los gobiernos corruptos del kirchnerismo y del Partido de los Trabajadores y aplacar la ola de protestas gremiales y de millones de pobres y desempleados. Las urgencias de Temer y Macri se reflejan en que hace un año que los presidentes del bloque no se reúnen, contrariando la práctica de más de dos décadas. Ni siquiera habrá una cumbre cuando Argentina asuma el 2 de diciembre la presidencia semestral.

La visita de Vázquez a San Pablo, en parte un intento de reparar puentes con nuestro segundo mercado principal de exportación, tuvo al menos el mérito de confirmar la sanción a Venezuela. Pero ni siquiera en esta área las cosas están totalmente claras. Argentina, Brasil y Paraguay, con la renuente aquiescencia de Uruguay, anunciaron hace dos meses que el gobierno de Nicolás Maduro sería suspendido del Mercosur el 2 de diciembre. Aunque la verdadera razón fue sacarse de encima a un régimen que pisotea a la democracia y avergüenza al continente, se recurrió al argumento de incumplimiento venezolano de trámites impuestos a los socios plenos del bloque. Vázquez, sin embargo, no habló en San Pablo de suspensión sino de que Venezuela solo perdería el derecho de votar pero seguirá “integrando el Mercosur con voz”.

Esta confusión acrecienta dudas regionales. Si nuestro gobierno no obtiene luz verde de Temer y Macri para zafar de una restrictiva norma mercosureña, será imposible que salga el tratado de libre comercio con China, que Vázquez, con optimismo prematuro, anunció tiempo atrás como un hecho confirmado. Y si bien se van restableciendo de a poco los arreglos con Argentina, deriva en una nebulosa el futuro con Brasil. Esclarecerlo es una prioridad urgente, aunque no será fácil borrar el impacto negativo del desubicado respaldo del gobierno y de su fuerza política a Rousseff.


Acerca del autor

El Observador

El Observador